A veces quisiera desaparecer del mapa
Volver donde yo nací, pero no es tan papa
Me achaca, la duda no se saca está pega como laca
El peso a lapa, makiza es mi capa
A veces quisiera tener alas como pájaro
Volar por el tiempo, donde estuvo Lautaro
Y olvidar yo, por un tiempo
Que la mitad de mi familia está muy lejos
Hay días en que me quejo
Hay días en que estoy bien piola
Hay días en que me río hasta del Guatón Loyola
¡Ay! Comadre Lola, si usted supiera
lo que es estar dividida, no saber cual es su tierra
Ana la Chola, en la volá como ratón sin cola
Mí mamá me hablaba a mí del C. H. I.
Por allá bien lejos, donde yo nací
Donde yo crecí
Y no juego a la gringa si eso tu creí
Nunca nieges donde tu provengas
Tengas lo que tengas, venga de donde vengas
Vengas de Dinamarca (o de Chiloé)
El mundo es un gran Arca de Noé
Y si yo he nacido afuera estoy orgullosa
Y tengo sangre indígena, mejor, porque es hermosa
Soy una trotamundo, sin fijo rumbo me fundo
Al lugar donde yo tumbo ¡Así es mi mundo!
Soy del norte, del sur, del oeste, del este
Una viajera sin paradero, sin nombre, sin carné
Una Ulises sin Tierra Prometida
He creado mi propia Odisea moderna, nene
Sé hacer el camino al andar, caminante
Por eso no tengo bandera representante
Da lo mismo mi nombre, lo importante es lo que hago
Valorar al hombre por la calidad de su trabajo
Y es que el mundo es tan grande, uno tan pequeño
Solo me dirijo por la Rosas de los Vientos.
Somos hijos de La Rosas de los Vientos.
De la rosa de los vientos
Somos hijos de La Rosas de los Vientos.
Somos hijos de La Rosas de los Vientos.
Somos hijos de La Rosas de los Vientos.
De niño ha seguido el camino de la calle
Tan difícil quien me pare como quien me calle
Donde me halle nunca olvido mis raíces
Los países donde he vivido han unido sus matices
Para que me caracterice con mi personalidad
Ser una persona de calidad, la calidez de la verdad
Me ampara, me prepara para levantar mis alas
Me protege como un chaleco anti-balas
Cala mi alma al mundo en que vivo, pido
Un minuto para recopilar lo que he vivido
Las ciudades en que he reseidido
Las personas con las cuales he compartido
He sido yo el que he partido, recorrido
Miles de kilómetros en todos los sentidos
Pido la importancia de mis vivencias
En mi existencia, encuentros, coincidencias
Cuando me preguntan cual sector yo represento
Respondo que en verdad, yo no entiendo
El sentimiento de estar ligado a un barrio
Al contrario hay que salir de él para no ser marginado
Yo soy ciudadano del planeta Tierra
Ser humano que no cree en las fronteras
Tanto Squat, Cenzi y Anita vivieron fuera
Yo igual hermanos, no es por que yo quiera
Pero mi lugar es tanto aquí como donde sea
Cuatro puntos cardinales, cuatro cabezas
Veras que la nacionalidad no es la gran cosa
Si no más bien gira con el viento como La Rosa
Somos hijos de La Rosas de los Vientos.
De la rosa de los vientos
Somos hijos de La Rosas de los Vientos.
De la rosa de los vientos
Somos hijos de La Rosas de los Vientos.
Somos hijos de La Rosas de los Vientos.
"Se esfumo luego sin que nunca pudiera conoserse, oficialmente, su idenatidad".
Somos hijos de La Rosas de los Vientos.
De la rosa de los vientos
Somos hijos de La Rosas de los Vientos.
De la rosa de los vientos
Somos hijos de La Rosas de los Vientos.
Somos hijos de La Rosas de los Vientos.
viernes, 8 de agosto de 2008
Viaje sin Rumbo de Tiro de Gracia
Mi vida vivir / sin miedo a morir ja!
mi vida facil, no es nada agil
yo! vivo de delincuencia, droga mi esencia
mi vena recibe, la aguja decide por mi vida
no veo salida, vuelvo al lugar, me vuelvo a drogar
que toc toc toca mi mente de forma indecente
y llego mas alla / y vivo con mi mina aca, sexo todos dias
y cuando me clavo paso a otro lugar
sin mirar hasta donde puedo llegar
yo viajo en un viaje sin rumbo / y voy a chocar
hasta donde puedo llegar / yo viajo en un viaje sin rumboy voy a chocar
Hasta donde puedo llegar / yo viajo en un viaje sin rumboy voy a chocar
Un dia me senti mal, como encerrado animal
los dias pasaron, me senti igualme dijo el doctor que contraje el mal del sida
Sindrome de inmuno deficiencia adquirida
Ya no tengo salida, se lo conte a mi mina
ella no me creyo, por pena me inyecte en la venaen la noche algo sucedio
hicimos el amor y otro mas se contagio
Paso el tiempo y la guatita crecio y crecio
a otra vida la muerte se ofrecio / hasta donde, no se donde
Bueno, se lo busco pero no escupas al cielo
porque te cae en la cara y tu conciencia se dispara
para y escucha esto
hasta donde puedo llegar / yo viajo en unviaje sin rumbo y voy a chocar
Hasta donde puedo llegar / yo viajo en unviaje sin rumbo y voy a chocar
hasta donde puedo llegar / yo viajo en un viaje sin rumboy voy a chocar
hasta donde puedo llegar / yo viajo en un viaje sin rumboy voy a chocar
La guatita crecio y la enfermedad se extendio
en el cuerpo mio y en el de ella
me gustaria que de una botella apareciera un mago
yo hago memoria de mi vida que veo ahora extinguida
tiempo despues la mina sentia que no podia tener a su hijo
y dijo: "me hare un aborto" que aborto con ella tambien
muere en las manos de un falso doctor
el olor a la putrefaccion de los tres es nuestra leccion
educacion, educacion
hasta donde puedo llegar / yo viajo en unviaje sin rumbo y voy a chocar
Hasta donde puedo llegar / yo viajo en unviaje sin rumbo y voy a chocar
Y hasta donde puedo llegar / yo viajo en un viaje sin rumbo y voy a chocar
hasta donde puedo llegar / yo viajo en un viaje sin rumbo y voy a chocar
Y hasta donde puedo llegar / yo viajo en un viaje sin rumboy voy a chocar
Hasta donde...
Hasta donde...
Hasta donde, no se donde no se donde
hasta donde... hasta donde, no se donde, no se donde no se donde no se donde
hasta donde, no se donde...
no se donde, no se donde.
mi vida facil, no es nada agil
yo! vivo de delincuencia, droga mi esencia
mi vena recibe, la aguja decide por mi vida
no veo salida, vuelvo al lugar, me vuelvo a drogar
que toc toc toca mi mente de forma indecente
y llego mas alla / y vivo con mi mina aca, sexo todos dias
y cuando me clavo paso a otro lugar
sin mirar hasta donde puedo llegar
yo viajo en un viaje sin rumbo / y voy a chocar
hasta donde puedo llegar / yo viajo en un viaje sin rumboy voy a chocar
Hasta donde puedo llegar / yo viajo en un viaje sin rumboy voy a chocar
Un dia me senti mal, como encerrado animal
los dias pasaron, me senti igualme dijo el doctor que contraje el mal del sida
Sindrome de inmuno deficiencia adquirida
Ya no tengo salida, se lo conte a mi mina
ella no me creyo, por pena me inyecte en la venaen la noche algo sucedio
hicimos el amor y otro mas se contagio
Paso el tiempo y la guatita crecio y crecio
a otra vida la muerte se ofrecio / hasta donde, no se donde
Bueno, se lo busco pero no escupas al cielo
porque te cae en la cara y tu conciencia se dispara
para y escucha esto
hasta donde puedo llegar / yo viajo en unviaje sin rumbo y voy a chocar
Hasta donde puedo llegar / yo viajo en unviaje sin rumbo y voy a chocar
hasta donde puedo llegar / yo viajo en un viaje sin rumboy voy a chocar
hasta donde puedo llegar / yo viajo en un viaje sin rumboy voy a chocar
La guatita crecio y la enfermedad se extendio
en el cuerpo mio y en el de ella
me gustaria que de una botella apareciera un mago
yo hago memoria de mi vida que veo ahora extinguida
tiempo despues la mina sentia que no podia tener a su hijo
y dijo: "me hare un aborto" que aborto con ella tambien
muere en las manos de un falso doctor
el olor a la putrefaccion de los tres es nuestra leccion
educacion, educacion
hasta donde puedo llegar / yo viajo en unviaje sin rumbo y voy a chocar
Hasta donde puedo llegar / yo viajo en unviaje sin rumbo y voy a chocar
Y hasta donde puedo llegar / yo viajo en un viaje sin rumbo y voy a chocar
hasta donde puedo llegar / yo viajo en un viaje sin rumbo y voy a chocar
Y hasta donde puedo llegar / yo viajo en un viaje sin rumboy voy a chocar
Hasta donde...
Hasta donde...
Hasta donde, no se donde no se donde
hasta donde... hasta donde, no se donde, no se donde no se donde no se donde
hasta donde, no se donde...
no se donde, no se donde.
miércoles, 6 de agosto de 2008
El Templo del Placer de Lucybell
Cambio de planes, hace frio y hace calor
la noche empieza entre lujuria y emocion
mi piel genera adrenalina en un millon
todo acelera y solo busco un transmisor,
Que me conecte con mi instinto
enfermo, asesino y animal
quiero sangrar, votar el odio
escupir mi lado que anda mal
Recuperar naturaleza
sentir el deseo por la piel
emborracharme con tu sexo
y gritar hasta enloquecer
Voy a atacar el sueño
a concentrarme en el placer
que hace vibrar tu cuerpo
tu cuerpo de mujer
el aire esta caliente
perfecto para amar
voy a dejar mi huella en el templo del placer
Es tu piel el alimento
que reconose mi obsesion
oh deja entrar todo el deseo
En extasis serca del cielo
puedo sentir lo que no entiendo
No quiero amor,
tan solo carne
para sasear
el hambre por completo
No me interesa tu nombre
tampoco quiero conocerte mejor
no soy el principe de nadie
yo llevo de mi vida el control
Nadie habla de enamorarme
solo es instinto animal
cuando amanezca todo se acaba
no hay mas hambre que sasear
Voy a atacar el sueño
a concentrarme en el placer
que hace vibrar tu cuerpo
tu cuerpo de mujer
El aire esta ardiente
perfecto para amar
voy a dejar mi huella en el templo de placer
Marcar el sueño
a concentrarme en el placer
que hace vibrar tu cuerpo
tu cuerpo de mujer
Es tu piel el alimento
que reconose mi obsesion
dejame entrar en el templo...!
En el templo del placer...
en el templo del placer... si,
en el templo del palcer
En el templo del placer!!
"No lo hagas sin mi"
Voy a atacar el sueño
a concentrarme en el placer
que hace vibrar tu cuerpo
tu cuerpo de mujer
El aire esta caliente
perfecto para amar
dejare mi huella en el templo de placeeeer!!
Uhh...
"Tu Templo del Placer"
"Mi Templo del Placer"
El aire esta caliente
todo perfecto para amar
voy a dejar mi huella en el templo de placer...
Nadie habla de enamorarme
solo es instinto animal
cuando amanezca todo se acaba
no hay mas hambre que sasear!!!
la noche empieza entre lujuria y emocion
mi piel genera adrenalina en un millon
todo acelera y solo busco un transmisor,
Que me conecte con mi instinto
enfermo, asesino y animal
quiero sangrar, votar el odio
escupir mi lado que anda mal
Recuperar naturaleza
sentir el deseo por la piel
emborracharme con tu sexo
y gritar hasta enloquecer
Voy a atacar el sueño
a concentrarme en el placer
que hace vibrar tu cuerpo
tu cuerpo de mujer
el aire esta caliente
perfecto para amar
voy a dejar mi huella en el templo del placer
Es tu piel el alimento
que reconose mi obsesion
oh deja entrar todo el deseo
En extasis serca del cielo
puedo sentir lo que no entiendo
No quiero amor,
tan solo carne
para sasear
el hambre por completo
No me interesa tu nombre
tampoco quiero conocerte mejor
no soy el principe de nadie
yo llevo de mi vida el control
Nadie habla de enamorarme
solo es instinto animal
cuando amanezca todo se acaba
no hay mas hambre que sasear
Voy a atacar el sueño
a concentrarme en el placer
que hace vibrar tu cuerpo
tu cuerpo de mujer
El aire esta ardiente
perfecto para amar
voy a dejar mi huella en el templo de placer
Marcar el sueño
a concentrarme en el placer
que hace vibrar tu cuerpo
tu cuerpo de mujer
Es tu piel el alimento
que reconose mi obsesion
dejame entrar en el templo...!
En el templo del placer...
en el templo del placer... si,
en el templo del palcer
En el templo del placer!!
"No lo hagas sin mi"
Voy a atacar el sueño
a concentrarme en el placer
que hace vibrar tu cuerpo
tu cuerpo de mujer
El aire esta caliente
perfecto para amar
dejare mi huella en el templo de placeeeer!!
Uhh...
"Tu Templo del Placer"
"Mi Templo del Placer"
El aire esta caliente
todo perfecto para amar
voy a dejar mi huella en el templo de placer...
Nadie habla de enamorarme
solo es instinto animal
cuando amanezca todo se acaba
no hay mas hambre que sasear!!!
Poison de Alice cooper
Bien, esta cancion em la dedicaron, y me parecio itneresante, en especial pro loq eu dicen, en verdad soy asi? ja ja ja, que divertido.
Poison de Alice cooper:
YOUR CRUEL DEVICE
YOUR BLOOD, LIKE ICE
ONE LOOK COULD KILL
MY PAIN, YOUR THRILL
I WANT TO LOVE YOU BUT I BETTER NOT TOUCH (DON´T TOUCH)
I WANT TO HOLD YOU BUT MY SENSES TELL ME TO STOP
I WANT TO KISS YOU BUT I WANT IT TOO MUCH (TOO MUCH)
I WANT TO TASTE YOU BUT YOUR LIPS ARE VENOMOUS POISON
YOU´RE POISON RUNNING THROUGH MY VEINSYOU´RE POISON, I DON´T WANT TO BREAK THESE CHAINS
YOUR MOUTH, SO HOTYOUR WEB, I´M CAUGHT
YOUR SKIN, SO WETBLACK LACE ON SWEAT
I HEAR YOU CALLING AND IT´S NEEDLES AND PINS (AND PINS)
I WANT TO HURT YOU JUST TO HEAR YOU SCREAMING MY NAME
DON´T WANT TO TOUCH YOU BUT YOU´RE UNDER MY SKIN (DEEP IN)
I WANT TO KISS YOU BUT YOUR LIPS ARE VENOMOUS POISONYOU´RE POISON RUNNING THROUGH MY VEINS
YOU´RE POISON, I DON´T WANNA BREAK THESE CHAINSPOISON
ONE LOOK COULD KILL
MY PAIN, YOUR THRILL
I WANT TO LOVE YOU BUT I BETTER NOT TOUCH (DON´T TOUCH)
I WANT TO HOLD YOU BUT MY SENSES TELL ME TO STOP
I WANT TO KISS YOU BUT I WANT IT TOO MUCH (TOO MUCH)
I WANT TO TASTE YOU BUT YOUR LIPS ARE VENOMOUS POISON
YOU´RE POISON RUNNING THROUGH MY VEINS
YOU´RE POISON, I DON´T WANNA BREAK THESE CHAINS
POISON
I WANT TO LOVE YOU BUT I BETTER NOT TOUCH (DON´T TOUCH)
I WANT TO HOLD YOU BUT MY SENSES TELL ME TO STOP
I WANT TO KISS YOU BUT I WANT IT TOO MUCH (TOO MUCH)
I WANT TO TASTE YOU BUT YOUR LIPS ARE VENOMOUS POISON, YEAH
I DON´T WANT TO BREAK THESE CHAINS
POISON, OH NORUNNIN´ DEEP INSIDE MY VEINS,BURNIN´ DEEP INSIDE MY VEINSIT´S POISONI DON´T WANNA BREAK THESE CHAINS
POISON
Traducción: VENENO.
TU CRUEL APARATO
TU SANGRE, COMO HIELO
UNA MIRADA PODRÍA MATAR
MI DOLOR, TU EMOCIÓN
DESEO AMARTE, PERO MEJOR NO TOCAR (NO TOCAR)
DESEO ABRAZARTE PERO MIS SENTIDOS DICEN PARAR
DESEO BESARTE PERO LO DESEO DEMASIADO (DEMASIADO)
DESEO PROBARTE PERO TUS LABIOS SON VENENO
ERES VENENO CORRIENDO POR MIS VENAS
ERES VENENO, NO QUIERO JUGAR ESTOS JUEGOS
TU BOCA, TAN CALIENTE
TU RED, ATRAPANDOME
TU PIEL, TAN HÚMEDA
LAZO NEGRO EN EL SUDOR
TE OIGO LLAMANDO Y ERES AGUJAS Y ALFILERES (Y ALFILERES)
DESEO HACERTE DAÑO SÓLO PARA OÍRTE GRITAR MI NOMBRENO
QUIERO TOCARTE PERO ESTÁS BAJO MI PIEL (MUY PROFUNDO)
DESEO BESARTE PERO TUS LABIOS SON VENENO
ERES VENENO CORRIENDO POR MIS VENASERES VENENO,
Y NO QUIERO ROMPER ESTAS CADENASVENENO
UNA MIRADA PODRÍA MATAR
MI DOLOR, TU EMOCIÓN
DESEO AMARTE, PERO MEJOR NO TOCAR (NO TOCAR)
DESEO ABRAZARTE PERO MIS SENTIDOS DICEN PARAR
DESEO BESARTE PERO LO DESEO DEMASIADO (DEMASIADO)
DESEO PROBARTE PERO TUS LABIOS SON VENENO
ERES VENENO CORRIENDO POR MIS VENASERES VENENO,
NO QUIERO ROMPER ESTAS CADENAS
VENENO
DESEO AMARTE, PERO MEJOR NO TOCAR (NO TOCAR)
DESEO ABRAZARTE PERO MIS SENTIDOS DICEN PARAR
DESEO BESARTE PERO LO QUIERO DEMASIADO (DEMASIADO)
DESEO PROBARTE PERO TUS LABIOS SON VENENO, YEAH
NO QUIERO ROMPER ESAS CADENAS
VENENO, OH NO
ARDIENDO POR MIS VENAS
DESTROZANDO MIS SEREBRO
VENENO
NO QUIERO ROMPER ESAS CADENAS
VENENO
Poison de Alice cooper:
YOUR CRUEL DEVICE
YOUR BLOOD, LIKE ICE
ONE LOOK COULD KILL
MY PAIN, YOUR THRILL
I WANT TO LOVE YOU BUT I BETTER NOT TOUCH (DON´T TOUCH)
I WANT TO HOLD YOU BUT MY SENSES TELL ME TO STOP
I WANT TO KISS YOU BUT I WANT IT TOO MUCH (TOO MUCH)
I WANT TO TASTE YOU BUT YOUR LIPS ARE VENOMOUS POISON
YOU´RE POISON RUNNING THROUGH MY VEINSYOU´RE POISON, I DON´T WANT TO BREAK THESE CHAINS
YOUR MOUTH, SO HOTYOUR WEB, I´M CAUGHT
YOUR SKIN, SO WETBLACK LACE ON SWEAT
I HEAR YOU CALLING AND IT´S NEEDLES AND PINS (AND PINS)
I WANT TO HURT YOU JUST TO HEAR YOU SCREAMING MY NAME
DON´T WANT TO TOUCH YOU BUT YOU´RE UNDER MY SKIN (DEEP IN)
I WANT TO KISS YOU BUT YOUR LIPS ARE VENOMOUS POISONYOU´RE POISON RUNNING THROUGH MY VEINS
YOU´RE POISON, I DON´T WANNA BREAK THESE CHAINSPOISON
ONE LOOK COULD KILL
MY PAIN, YOUR THRILL
I WANT TO LOVE YOU BUT I BETTER NOT TOUCH (DON´T TOUCH)
I WANT TO HOLD YOU BUT MY SENSES TELL ME TO STOP
I WANT TO KISS YOU BUT I WANT IT TOO MUCH (TOO MUCH)
I WANT TO TASTE YOU BUT YOUR LIPS ARE VENOMOUS POISON
YOU´RE POISON RUNNING THROUGH MY VEINS
YOU´RE POISON, I DON´T WANNA BREAK THESE CHAINS
POISON
I WANT TO LOVE YOU BUT I BETTER NOT TOUCH (DON´T TOUCH)
I WANT TO HOLD YOU BUT MY SENSES TELL ME TO STOP
I WANT TO KISS YOU BUT I WANT IT TOO MUCH (TOO MUCH)
I WANT TO TASTE YOU BUT YOUR LIPS ARE VENOMOUS POISON, YEAH
I DON´T WANT TO BREAK THESE CHAINS
POISON, OH NORUNNIN´ DEEP INSIDE MY VEINS,BURNIN´ DEEP INSIDE MY VEINSIT´S POISONI DON´T WANNA BREAK THESE CHAINS
POISON
Traducción: VENENO.
TU CRUEL APARATO
TU SANGRE, COMO HIELO
UNA MIRADA PODRÍA MATAR
MI DOLOR, TU EMOCIÓN
DESEO AMARTE, PERO MEJOR NO TOCAR (NO TOCAR)
DESEO ABRAZARTE PERO MIS SENTIDOS DICEN PARAR
DESEO BESARTE PERO LO DESEO DEMASIADO (DEMASIADO)
DESEO PROBARTE PERO TUS LABIOS SON VENENO
ERES VENENO CORRIENDO POR MIS VENAS
ERES VENENO, NO QUIERO JUGAR ESTOS JUEGOS
TU BOCA, TAN CALIENTE
TU RED, ATRAPANDOME
TU PIEL, TAN HÚMEDA
LAZO NEGRO EN EL SUDOR
TE OIGO LLAMANDO Y ERES AGUJAS Y ALFILERES (Y ALFILERES)
DESEO HACERTE DAÑO SÓLO PARA OÍRTE GRITAR MI NOMBRENO
QUIERO TOCARTE PERO ESTÁS BAJO MI PIEL (MUY PROFUNDO)
DESEO BESARTE PERO TUS LABIOS SON VENENO
ERES VENENO CORRIENDO POR MIS VENASERES VENENO,
Y NO QUIERO ROMPER ESTAS CADENASVENENO
UNA MIRADA PODRÍA MATAR
MI DOLOR, TU EMOCIÓN
DESEO AMARTE, PERO MEJOR NO TOCAR (NO TOCAR)
DESEO ABRAZARTE PERO MIS SENTIDOS DICEN PARAR
DESEO BESARTE PERO LO DESEO DEMASIADO (DEMASIADO)
DESEO PROBARTE PERO TUS LABIOS SON VENENO
ERES VENENO CORRIENDO POR MIS VENASERES VENENO,
NO QUIERO ROMPER ESTAS CADENAS
VENENO
DESEO AMARTE, PERO MEJOR NO TOCAR (NO TOCAR)
DESEO ABRAZARTE PERO MIS SENTIDOS DICEN PARAR
DESEO BESARTE PERO LO QUIERO DEMASIADO (DEMASIADO)
DESEO PROBARTE PERO TUS LABIOS SON VENENO, YEAH
NO QUIERO ROMPER ESAS CADENAS
VENENO, OH NO
ARDIENDO POR MIS VENAS
DESTROZANDO MIS SEREBRO
VENENO
NO QUIERO ROMPER ESAS CADENAS
VENENO
miércoles, 30 de julio de 2008
Canción: "Por Ti" de Ella Baila Sola
Nota Mafer: Esta va dedicada al amor d emi vida, pro al eprsona que luicho todos los dias, a la que le debo todo loq eu soy, la que me da razones par aocntinuar y animo para hacerlo, por las que despierto todas las mañanas solo apra verle al despertar... me la dedico a mi (jojo):
Yo te quiero regalar palabras
ser tu red para cuando caigas
cogerte de la mano al andar
y decirte cosas al oído
ser tu manta cuando tengas frío
y ser tu hombro para llorar
Por ti mi vida empeño
por un momento de verte sonreir
por ti mi alma vendo
a cambio del tiempoque necesites para ser feliz
Dejo todo por un beso tuyo
quiero ser tu espada y tu escudo
decirte que te quiero una vez más
Quiero ser tus alas y tu cielo
quiero ser el mar y tu velero
el cielo y tus pies para caminar
Por ti mi vida empeño
por un momentode verte sonreir
por ti mi alma vendo
a cambio del tiempoque necesites para ser feliz
Por ti mi vida empeño...
Por ti mi vida empeño, por un momento de verte sonreir
por ti mi alma vendo
a cambio del tiempo que necesites para ser feliz
Yo te quiero regalar palabras
ser tu red para cuando caigas
cogerte de la mano al andar
y decirte cosas al oído
ser tu manta cuando tengas frío
y ser tu hombro para llorar
Por ti mi vida empeño
por un momento de verte sonreir
por ti mi alma vendo
a cambio del tiempoque necesites para ser feliz
Dejo todo por un beso tuyo
quiero ser tu espada y tu escudo
decirte que te quiero una vez más
Quiero ser tus alas y tu cielo
quiero ser el mar y tu velero
el cielo y tus pies para caminar
Por ti mi vida empeño
por un momentode verte sonreir
por ti mi alma vendo
a cambio del tiempoque necesites para ser feliz
Por ti mi vida empeño...
Por ti mi vida empeño, por un momento de verte sonreir
por ti mi alma vendo
a cambio del tiempo que necesites para ser feliz
Canción: Amar en el Campo de Teleradio Donoso
No quiero vestirme, me quiero quedar,
y me estoy cansando, de la humanidad.
Si pescamos un auto, y nos vamos bien lejos,
cuantos kilometros deben bastar,
para amar...en el campo,
como antes, a tu lado,
me conoces, soy de piedra.
Sacas fotos de paisajes, mientras piensas que debes decir.
No quiero quedarme, me quiero vestir,
"porque niña, de que se trata todo esto, si no de vernos a los ojos"
Si pescamos un auto, y nos vamos bien lejos,
cuantos rios habra que cruzar,
para amar...en el campo,
como antes, a tu lado,
me conoces, soy de piedra.
Sacas fotos de paisajes, mientras piensas que debes decir.
En el campo, como antes, a tu lado,
me conoces, soy de piedra.
Sacas fotos de paisajes, mientras piensas que debes decir.
Si pescamos un auto, y nos vamos bien lejos...
Nota Mafer: Esta cancion em fasina jojo, sond e esas ganas de "luiberarse" del mundo.
y me estoy cansando, de la humanidad.
Si pescamos un auto, y nos vamos bien lejos,
cuantos kilometros deben bastar,
para amar...en el campo,
como antes, a tu lado,
me conoces, soy de piedra.
Sacas fotos de paisajes, mientras piensas que debes decir.
No quiero quedarme, me quiero vestir,
"porque niña, de que se trata todo esto, si no de vernos a los ojos"
Si pescamos un auto, y nos vamos bien lejos,
cuantos rios habra que cruzar,
para amar...en el campo,
como antes, a tu lado,
me conoces, soy de piedra.
Sacas fotos de paisajes, mientras piensas que debes decir.
En el campo, como antes, a tu lado,
me conoces, soy de piedra.
Sacas fotos de paisajes, mientras piensas que debes decir.
Si pescamos un auto, y nos vamos bien lejos...
Nota Mafer: Esta cancion em fasina jojo, sond e esas ganas de "luiberarse" del mundo.
domingo, 27 de julio de 2008
El Príncipe Feliz de Oscar Wilde
Bien, a mi esta historia me hizo llorar tod ala mañana y estar deprimida todo el dia, epro en fin, es una hisotira muy bonit,a un clasico, de coraon, con todo ese sentir artistico... por eso llaga al corazon.
La verdad, yo me lei otyra edicion, pero no tnego itmepo de buscarla y estra al parecer era la unica que aparecia en internet, espeor que lean, es preosiosa, esta es la original, proque la apra niños, no es igual, exst aes mas.-.. emotiva:
En la parte más alta de la ciudad, sobre una columnita, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz.
Estaba toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada.
Por todo lo cual era muy admirada.
-Es tan hermoso como una veleta -observó uno de los miembros del Concejo que deseaba granjearse una reputación de conocedor en el arte-. Ahora, que no es tan útil -añadió, temiendo que le tomaran por un hombre poco práctico.
Y realmente no lo era.
-¿Por qué no eres como el Príncipe Feliz? -preguntaba una madre cariñosa a su hijito, que pedía la luna-. El Príncipe Feliz no hubiera pensado nunca en pedir nada a voz en grito.
-Me hace dichoso ver que hay en el mundo alguien que es completamente feliz -murmuraba un hombre fracasado, contemplando la estatua maravillosa.
-Verdaderamente parece un ángel -decían los niños hospicianos al salir de la catedral, vestidos con sus soberbias capas escarlatas y sus bonitas chaquetas blancas.
-¿En qué lo conocéis -replicaba el profesor de matemáticas- si no habéis visto uno nunca?
-¡Oh! Los hemos visto en sueños -respondieron los niños.
Y el profesor de matemáticas fruncía las cejas, adoptando un severo aspecto, porque no podía aprobar que unos niños se permitiesen soñar.
Una noche voló una golondrinita sin descanso hacia la ciudad.
Seis semanas antes habían partido sus amigas para Egipto; pero ella se quedó atrás.
Estaba enamorada del más hermoso de los juncos. Lo encontró al comienzo de la primavera, cuando volaba sobre el río persiguiendo a una gran mariposa amarilla, y su talle esbelto la atrajo de tal modo, que se detuvo para hablarle.
-¿Quieres que te ame? -dijo la Golondrina, que no se andaba nunca con rodeos.
Y el Junco le hizo un profundo saludo.
Entonces la Golondrina revoloteó a su alrededor rozando el agua con sus alas y trazando estelas de plata.
Era su manera de hacer la corte. Y así transcurrió todo el verano.
-Es un enamoramiento ridículo -gorjeaban las otras golondrinas-. Ese Junco es un pobretón y tiene realmente demasiada familia.
Y en efecto, el río estaba todo cubierto de juncos.
Cuando llegó el otoño, todas las golondrinas emprendieron el vuelo.
Una vez que se fueron sus amigas, sintióse muy sola y empezó a cansarse de su amante.
-No sabe hablar -decía ella-. Y además temo que sea inconstante porque coquetea sin cesar con la brisa.
Y realmente, cuantas veces soplaba la brisa, el Junco multiplicaba sus más graciosas reverencias.
-Veo que es muy casero -murmuraba la Golondrina-. A mí me gustan los viajes. Por lo tanto, al que me ame, le debe gustar viajar conmigo.
-¿Quieres seguirme? -preguntó por último la Golondrina al Junco.
Pero el Junco movió la cabeza. Estaba demasiado atado a su hogar.
-¡Te has burlado de mí! -le gritó la Golondrina-. Me marcho a las Pirámides. ¡Adiós!
Y la Golondrina se fue.
Voló durante todo el día y al caer la noche llegó a la ciudad.
-¿Dónde buscaré un abrigo? -se dijo-. Supongo que la ciudad habrá hecho preparativos para recibirme.
Entonces divisó la estatua sobre la columnita.
-Voy a cobijarme allí -gritó- El sitio es bonito. Hay mucho aire fresco.
Y se dejó caer precisamente entre los pies del Príncipe Feliz.
-Tengo una habitación dorada -se dijo quedamente, después de mirar en torno suyo.
Y se dispuso a dormir.
Pero al ir a colocar su cabeza bajo el ala, he aquí que le cayó encima una pesada gota de agua.
-¡Qué curioso! -exclamó-. No hay una sola nube en el cielo, las estrellas están claras y brillantes, ¡y sin embargo llueve! El clima del norte de Europa es verdaderamente extraño. Al Junco le gustaba la lluvia; pero en él era puro egoísmo.
Entonces cayó una nueva gota.
-¿Para qué sirve una estatua si no resguarda de la lluvia? -dijo la Golondrina-. Voy a buscar un buen copete de chimenea.
Y se dispuso a volar más lejos. Pero antes de que abriese las alas, cayó una tercera gota.
La Golondrina miró hacia arriba y vio... ¡Ah, lo que vio!
Los ojos del Príncipe Feliz estaban arrasados de lágrimas, que corrían sobre sus mejillas de oro.
Su faz era tan bella a la luz de la luna, que la Golondrinita sintióse llena de piedad.
-¿Quién sois? -dijo.
-Soy el Príncipe Feliz.
-Entonces, ¿por qué lloriqueáis de ese modo? -preguntó la Golondrina-. Me habéis empapado casi.
-Cuando estaba yo vivo y tenía un corazón de hombre -repitió la estatua-, no sabía lo que eran las lágrimas porque vivía en el Palacio de la Despreocupación, en el que no se permite la entrada al dolor. Durante el día jugaba con mis compañeros en el jardín y por la noche bailaba en el gran salón. Alrededor del jardín se alzaba una muralla altísima, pero nunca me preocupó lo que había detrás de ella, pues todo cuanto me rodeaba era hermosísimo. Mis cortesanos me llamaban el Príncipe Feliz y, realmente, era yo feliz, si es que el placer es la felicidad. Así viví y así morí y ahora que estoy muerto me han elevado tanto, que puedo ver todas las fealdades y todas las miserias de mi ciudad, y aunque mi corazón sea de plomo, no me queda más recurso que llorar.
«¡Cómo! ¿No es de oro de buena ley?», pensó la Golondrina para sus adentros, pues estaba demasiado bien educada para hacer ninguna observación en voz alta sobre las personas.
-Allí abajo -continuó la estatua con su voz baja y musical-, allí abajo, en una callejuela, hay una pobre vivienda. Una de sus ventanas está abierta y por ella puedo ver a una mujer sentada ante una mesa. Su rostro está enflaquecido y ajado. Tiene las manos hinchadas y enrojecidas, llenas de pinchazos de la aguja, porque es costurera. Borda pasionarias sobre un vestido de raso que debe lucir, en el próximo baile de corte, la más bella de las damas de honor de la Reina. Sobre un lecho, en el rincón del cuarto, yace su hijito enfermo. Tiene fiebre y pide naranjas. Su madre no puede darle más que agua del río. Por eso llora. Golondrina, Golondrinita, ¿no quieres llevarle el rubí del puño de mi espada? Mis pies están sujetos al pedestal, y no me puedo mover.
-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mis amigas revolotean de aquí para allá sobre el Nilo y charlan con los grandes lotos. Pronto irán a dormir al sepulcro del Gran Rey. El mismo Rey está allí en su caja de madera, envuelto en una tela amarilla y embalsamado con sustancias aromáticas. Tiene una cadena de jade verde pálido alrededor del cuello y sus manos son como unas hojas secas.
-Golondrina, Golondrina, Golondrinita - dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás conmigo una noche y serás mi mensajera? ¡Tiene tanta sed el niño y tanta tristeza la madre!
-No creo que me agraden los niños -contestó la Golondrina-. El invierno último, cuando vivía yo a orillas del río, dos muchachos mal educados, los hijos del molinero, no paraban un momento en tirarme piedras. Claro es que no me alcanzaban. Nosotras las golondrinas volamos demasiado bien para eso y además yo pertenezco a una familia célebre por su agilidad; mas, a pesar de todo, era una falta de respeto.
Pero la mirada del Príncipe Feliz era tan triste que la Golondrinita se quedó apenada.
-Mucho frío hace aquí -le dijo-; pero me quedaré una noche con vos y seré vuestra mensajera.
-Gracias, Golondrinita -respondió el Príncipe.
Entonces la Golondrinita arrancó el gran rubí de la espada del Príncipe y, llevándolo en el pico, voló sobre los tejados de la ciudad.
Pasó sobre la torre de la catedral, donde había unos ángeles esculpidos en mármol blanco.
Pasó sobre el palacio real y oyó la música de baile.
Una bella muchacha apareció en el balcón con su novio.
-¡Qué hermosas son las estrellas -la dijo- y qué poderosa es la fuerza del amor!
-Querría que mi vestido estuviese acabado para el baile oficial -respondió ella-. He mandado bordar en él unas pasionarias ¡pero son tan perezosas las costureras!
Pasó sobre el río y vio los fanales colgados en los mástiles de los barcos. Pasó sobre el gueto y vio a los judíos viejos negociando entre ellos y pesando monedas en balanzas de cobre.
Al fin llegó a la pobre vivienda y echó un vistazo dentro. El niño se agitaba febrilmente en su camita y su madre habíase quedado dormida de cansancio.
La Golondrina saltó a la habitación y puso el gran rubí en la mesa, sobre el dedal de la costurera. Luego revoloteó suavemente alrededor del lecho, abanicando con sus alas la cara del niño.
-¡Qué fresco más dulce siento! -murmuró el niño-. Debo estar mejor.
Y cayó en un delicioso sueño.
Entonces la Golondrina se dirigió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz y le contó lo que había hecho.
-Es curioso -observa ella-, pero ahora casi siento calor, y sin embargo, hace mucho frío.
Y la Golondrinita empezó a reflexionar y entonces se durmió. Cuantas veces reflexionaba se dormía.
Al despuntar el alba voló hacia el río y tomó un baño.
-¡Notable fenómeno! -exclamó el profesor de ornitología que pasaba por el puente-. ¡Una golondrina en invierno!
Y escribió sobre aquel tema una larga carta a un periódico local.
Todo el mundo la citó. ¡Estaba plagada de palabras que no se podían comprender!...
-Esta noche parto para Egipto -se decía la Golondrina.
Y sólo de pensarlo se ponía muy alegre.
Visitó todos los monumentos públicos y descansó un gran rato sobre la punta del campanario de la iglesia.
Por todas parte adonde iba piaban los gorriones, diciéndose unos a otros:
-¡Qué extranjera más distinguida!
Y esto la llenaba de gozo. Al salir la luna volvió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz.
-¿Tenéis algún encargo para Egipto? -le gritó-. Voy a emprender la marcha.
-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás otra noche conmigo?
-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mañana mis amigas volarán hacia la segunda catarata. Allí el hipopótamo se acuesta entre los juncos y el dios Memnón se alza sobre un gran trono de granito. Acecha a las estrellas durante la noche y cuando brilla Venus, lanza un grito de alegría y luego calla. A mediodía, los rojizos leones bajan a beber a la orilla del río. Sus ojos son verdes aguamarinas y sus rugidos más atronadores que los rugidos de la catarata.
-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, allá abajo, al otro lado de la ciudad, veo a un joven en una buhardilla. Está inclinado sobre una mesa cubierta de papeles y en un vaso a su lado hay un ramo de violetas marchitas. Su pelo es negro y rizoso y sus labios rojos como granos de granada. Tiene unos grandes ojos soñadores. Se esfuerza en terminar una obra para el director del teatro, pero siente demasiado frío para escribir más. No hay fuego ninguno en el aposento y el hambre le ha rendido.
-Me quedaré otra noche con vos -dijo la Golondrina, que tenía realmente buen corazón-. ¿Debo llevarle otro rubí?
-¡Ay! No tengo más rubíes -dijo el Príncipe-. Mis ojos es lo único que me queda. Son unos zafiros extraordinarios traídos de la India hace un millar de años. Arranca uno de ellos y llévaselo. Lo venderá a un joyero, se comprará alimento y combustible y concluirá su obra.
-Amado Príncipe -dijo la Golondrina-, no puedo hacer eso.
Y se puso a llorar.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te pido.
Entonces la Golondrina arrancó el ojo del Príncipe y voló hacia la buhardilla del estudiante. Era fácil penetrar en ella porque había un agujero en el techo. La Golondrina entró por él como una flecha y se encontró en la habitación.
El joven tenía la cabeza hundida en las manos. No oyó el aleteo del pájaro y cuando levantó la cabeza, vio el hermoso zafiro colocado sobre las violetas marchitas.
-Empiezo a ser estimado -exclamó-. Esto proviene de algún rico admirador. Ahora ya puedo terminar la obra.
Y parecía completamente feliz.
Al día siguiente la Golondrina voló hacia el puerto.
Descansó sobre el mástil de un gran navío y contempló a los marineros que sacaban enormes cajas de la cala tirando de unos cabos.
-¡Ah, iza! -gritaban a cada caja que llegaba al puente.
-¡Me voy a Egipto! -les gritó la Golondrina.
Pero nadie le hizo caso, y al salir la luna, volvió hacia el Príncipe Feliz.
-He venido para deciros adiós -le dijo.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -exclamó el Príncipe-. ¿No te quedarás conmigo una noche más?
-Es invierno -replicó la Golondrina- y pronto estará aquí la nieve glacial. En Egipto calienta el sol sobre las palmeras verdes. Los cocodrilos, acostados en el barro, miran perezosamente a los árboles, a orillas del río. Mis compañeras construyen nidos en el templo de Baalbeck. Las palomas rosadas y blancas las siguen con los ojos y se arrullan. Amado Príncipe, tengo que dejaros, pero no os olvidaré nunca y la primavera próxima os traeré de allá dos bellas piedras preciosas con que sustituir las que disteis. El rubí será más rojo que una rosa roja y el zafiro será tan azul como el océano.
-Allá abajo, en la plazoleta -contestó el Príncipe Feliz-, tiene su puesto una niña vendedora de cerillas. Se le han caído las cerillas al arroyo, estropeándose todas. Su padre le pegará si no lleva algún dinero a casa, y está llorando. No tiene ni medias ni zapatos y lleva la cabecita al descubierto. Arráncame el otro ojo, dáselo y su padre no le pegará.
-Pasaré otra noche con vos -dijo la Golondrina-, pero no puedo arrancaros el ojo porque entonces os quedaríais ciego del todo.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te mando.
Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe y emprendió el vuelo llevándoselo.
Se posó sobre el hombro de la vendedorcita de cerillas y deslizó la joya en la palma de su mano.
-¡Qué bonito pedazo de cristal! -exclamó la niña, y corrió a su casa muy alegre.
Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe.
- Ahora estáis ciego. Por eso me quedaré con vos para siempre.
-No, Golondrinita -dijo el pobre Príncipe-. Tienes que ir a Egipto.
-Me quedaré con vos para siempre -dijo la Golondrina.
Y se durmió entre los pies del Príncipe. Al día siguiente se colocó sobre el hombro del Príncipe y le refirió lo que habla visto en países extraños.
Le habló de los ibis rojos que se sitúan en largas filas a orillas del Nilo y pescan a picotazos peces de oro; de la esfinge, que es tan vieja como el mundo, vive en el desierto y lo sabe todo; de los mercaderes que caminan lentamente junto a sus camellos, pasando las cuentas de unos rosarios de ámbar en sus manos; del rey de las montañas de la Luna, que es negro como el ébano y que adora un gran bloque de cristal; de la gran serpiente verde que duerme en una palmera y a la cual están encargados de alimentar con pastelitos de miel veinte sacerdotes; y de los pigmeos que navegan por un gran lago sobre anchas hojas aplastadas y están siempre en guerra con las mariposas.
-Querida Golondrinita -dijo el Príncipe-, me cuentas cosas maravillosas, pero más maravilloso aún es lo que soportan los hombres y las mujeres. No hay misterio más grande que la miseria. Vuela por mi ciudad, Golondrinita, y dime lo que veas.
Entonces la Golondrinita voló por la gran ciudad y vio a los ricos que se festejaban en sus magníficos palacios, mientras los mendigos estaban sentados a sus puertas.
Voló por los barrios sombríos y vio las pálidas caras de los niños que se morían de hambre, mirando con apatía las calles negras.
Bajo los arcos de un puente estaban acostados dos niñitos abrazados uno a otro para calentarse.
-¡Qué hambre tenemos! -decían.
-¡No se puede estar tumbado aquí! -les gritó un guardia.
Y se alejaron bajo la lluvia.
Entonces la Golondrina reanudó su vuelo y fue a contar al Príncipe lo que había visto.
-Estoy cubierto de oro fino -dijo el Príncipe-; despréndelo hoja por hoja y dáselo a mis pobres. Los hombres creen siempre que el oro puede hacerlos felices.
Hoja por hoja arrancó la Golondrina el oro fino hasta que el Príncipe Feliz se quedó sin brillo ni belleza.
Hoja por hoja lo distribuyó entre los pobres, y las caritas de los niños se tornaron nuevamente sonrosadas y rieron y jugaron por la calle.
-¡Ya tenemos pan! -gritaban.
Entonces llegó la nieve y después de la nieve el hielo.
Las calles parecían empedradas de plata por lo que brillaban y relucían.
Largos carámbanos, semejantes a puñales de cristal, pendían de los tejados de las casas. Todo el mundo se cubría de pieles y los niños llevaban gorritos rojos y patinaban sobre el hielo.
La pobre Golondrina tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe: le amaba demasiado para hacerlo.
Picoteaba las migas a la puerta del panadero cuando éste no la veía, e intentaba calentarse batiendo las alas.
Pero, al fin, sintió que iba a morir. No tuvo fuerzas más que para volar una vez más sobre el hombro del Príncipe.
-¡Adiós, amado Príncipe! -murmuró-. Permitid que os bese la mano.
-Me da mucha alegría que partas por fin para Egipto, Golondrina -dijo el Príncipe-. Has permanecido aquí demasiado tiempo. Pero tienes que besarme en los labios porque te amo.
-No es a Egipto adonde voy a ir -dijo la Golondrina-. Voy a ir a la morada de la Muerte. La Muerte es hermana del Sueño, ¿verdad?
Y besando al Príncipe Feliz en los labios, cayó muerta a sus pies.
En el mismo instante sonó un extraño crujido en el interior de la estatua, como si se hubiera roto algo.
El hecho es que la coraza de plomo se habla partido en dos. Realmente hacia un frío terrible.
A la mañana siguiente, muy temprano, el alcalde se paseaba por la plazoleta con dos concejales de la ciudad.
Al pasar junto al pedestal, levantó sus ojos hacia la estatua.
-¡Dios mío! -exclamó-. ¡Qué andrajoso parece el Príncipe Feliz!
-¡Sí, está verdaderamente andrajoso! -dijeron los concejales de la ciudad, que eran siempre de la opinión del alcalde.
Y levantaron ellos mismos la cabeza para mirar la estatua.
-El rubí de su espada se ha caído y ya no tiene ojos, ni es dorado -dijo el alcalde- En resumidas cuentas, que está lo mismo que un pordiosero.
-¡Lo mismo que un pordiosero! -repitieron a coro los concejales.
-Y tiene a sus pies un pájaro muerto -prosiguió el alcalde-. Realmente habrá que promulgar un bando prohibiendo a los pájaros que mueran aquí.
Y el secretario del Ayuntamiento tomó nota para aquella idea.
Entonces fue derribada la estatua del Príncipe Feliz.
-¡Al no ser ya bello, de nada sirve! -dijo el profesor de estética de la Universidad.
Entonces fundieron la estatua en un horno y el alcalde reunió al Concejo en sesión para decidir lo que debía hacerse con el metal.
-Podríamos -propuso- hacer otra estatua. La mía, por ejemplo.
-O la mía -dijo cada uno de los concejales.
Y acabaron disputando.
-¡Qué cosa más rara! -dijo el oficial primero de la fundición-. Este corazón de plomo no quiere fundirse en el horno; habrá que tirarlo como desecho.
Los fundidores lo arrojaron al montón de basura en que yacía la golondrina muerta.
-Tráeme las dos cosas más preciosas de la ciudad -dijo Dios a uno de sus ángeles.
Y el ángel se llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.
-Has elegido bien -dijo Dios-. En mi jardín del Paraíso este pajarillo cantará eternamente, y en mi ciudad de oro el Príncipe Feliz repetirá mis alabanzas.
La verdad, yo me lei otyra edicion, pero no tnego itmepo de buscarla y estra al parecer era la unica que aparecia en internet, espeor que lean, es preosiosa, esta es la original, proque la apra niños, no es igual, exst aes mas.-.. emotiva:
En la parte más alta de la ciudad, sobre una columnita, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz.
Estaba toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada.
Por todo lo cual era muy admirada.
-Es tan hermoso como una veleta -observó uno de los miembros del Concejo que deseaba granjearse una reputación de conocedor en el arte-. Ahora, que no es tan útil -añadió, temiendo que le tomaran por un hombre poco práctico.
Y realmente no lo era.
-¿Por qué no eres como el Príncipe Feliz? -preguntaba una madre cariñosa a su hijito, que pedía la luna-. El Príncipe Feliz no hubiera pensado nunca en pedir nada a voz en grito.
-Me hace dichoso ver que hay en el mundo alguien que es completamente feliz -murmuraba un hombre fracasado, contemplando la estatua maravillosa.
-Verdaderamente parece un ángel -decían los niños hospicianos al salir de la catedral, vestidos con sus soberbias capas escarlatas y sus bonitas chaquetas blancas.
-¿En qué lo conocéis -replicaba el profesor de matemáticas- si no habéis visto uno nunca?
-¡Oh! Los hemos visto en sueños -respondieron los niños.
Y el profesor de matemáticas fruncía las cejas, adoptando un severo aspecto, porque no podía aprobar que unos niños se permitiesen soñar.
Una noche voló una golondrinita sin descanso hacia la ciudad.
Seis semanas antes habían partido sus amigas para Egipto; pero ella se quedó atrás.
Estaba enamorada del más hermoso de los juncos. Lo encontró al comienzo de la primavera, cuando volaba sobre el río persiguiendo a una gran mariposa amarilla, y su talle esbelto la atrajo de tal modo, que se detuvo para hablarle.
-¿Quieres que te ame? -dijo la Golondrina, que no se andaba nunca con rodeos.
Y el Junco le hizo un profundo saludo.
Entonces la Golondrina revoloteó a su alrededor rozando el agua con sus alas y trazando estelas de plata.
Era su manera de hacer la corte. Y así transcurrió todo el verano.
-Es un enamoramiento ridículo -gorjeaban las otras golondrinas-. Ese Junco es un pobretón y tiene realmente demasiada familia.
Y en efecto, el río estaba todo cubierto de juncos.
Cuando llegó el otoño, todas las golondrinas emprendieron el vuelo.
Una vez que se fueron sus amigas, sintióse muy sola y empezó a cansarse de su amante.
-No sabe hablar -decía ella-. Y además temo que sea inconstante porque coquetea sin cesar con la brisa.
Y realmente, cuantas veces soplaba la brisa, el Junco multiplicaba sus más graciosas reverencias.
-Veo que es muy casero -murmuraba la Golondrina-. A mí me gustan los viajes. Por lo tanto, al que me ame, le debe gustar viajar conmigo.
-¿Quieres seguirme? -preguntó por último la Golondrina al Junco.
Pero el Junco movió la cabeza. Estaba demasiado atado a su hogar.
-¡Te has burlado de mí! -le gritó la Golondrina-. Me marcho a las Pirámides. ¡Adiós!
Y la Golondrina se fue.
Voló durante todo el día y al caer la noche llegó a la ciudad.
-¿Dónde buscaré un abrigo? -se dijo-. Supongo que la ciudad habrá hecho preparativos para recibirme.
Entonces divisó la estatua sobre la columnita.
-Voy a cobijarme allí -gritó- El sitio es bonito. Hay mucho aire fresco.
Y se dejó caer precisamente entre los pies del Príncipe Feliz.
-Tengo una habitación dorada -se dijo quedamente, después de mirar en torno suyo.
Y se dispuso a dormir.
Pero al ir a colocar su cabeza bajo el ala, he aquí que le cayó encima una pesada gota de agua.
-¡Qué curioso! -exclamó-. No hay una sola nube en el cielo, las estrellas están claras y brillantes, ¡y sin embargo llueve! El clima del norte de Europa es verdaderamente extraño. Al Junco le gustaba la lluvia; pero en él era puro egoísmo.
Entonces cayó una nueva gota.
-¿Para qué sirve una estatua si no resguarda de la lluvia? -dijo la Golondrina-. Voy a buscar un buen copete de chimenea.
Y se dispuso a volar más lejos. Pero antes de que abriese las alas, cayó una tercera gota.
La Golondrina miró hacia arriba y vio... ¡Ah, lo que vio!
Los ojos del Príncipe Feliz estaban arrasados de lágrimas, que corrían sobre sus mejillas de oro.
Su faz era tan bella a la luz de la luna, que la Golondrinita sintióse llena de piedad.
-¿Quién sois? -dijo.
-Soy el Príncipe Feliz.
-Entonces, ¿por qué lloriqueáis de ese modo? -preguntó la Golondrina-. Me habéis empapado casi.
-Cuando estaba yo vivo y tenía un corazón de hombre -repitió la estatua-, no sabía lo que eran las lágrimas porque vivía en el Palacio de la Despreocupación, en el que no se permite la entrada al dolor. Durante el día jugaba con mis compañeros en el jardín y por la noche bailaba en el gran salón. Alrededor del jardín se alzaba una muralla altísima, pero nunca me preocupó lo que había detrás de ella, pues todo cuanto me rodeaba era hermosísimo. Mis cortesanos me llamaban el Príncipe Feliz y, realmente, era yo feliz, si es que el placer es la felicidad. Así viví y así morí y ahora que estoy muerto me han elevado tanto, que puedo ver todas las fealdades y todas las miserias de mi ciudad, y aunque mi corazón sea de plomo, no me queda más recurso que llorar.
«¡Cómo! ¿No es de oro de buena ley?», pensó la Golondrina para sus adentros, pues estaba demasiado bien educada para hacer ninguna observación en voz alta sobre las personas.
-Allí abajo -continuó la estatua con su voz baja y musical-, allí abajo, en una callejuela, hay una pobre vivienda. Una de sus ventanas está abierta y por ella puedo ver a una mujer sentada ante una mesa. Su rostro está enflaquecido y ajado. Tiene las manos hinchadas y enrojecidas, llenas de pinchazos de la aguja, porque es costurera. Borda pasionarias sobre un vestido de raso que debe lucir, en el próximo baile de corte, la más bella de las damas de honor de la Reina. Sobre un lecho, en el rincón del cuarto, yace su hijito enfermo. Tiene fiebre y pide naranjas. Su madre no puede darle más que agua del río. Por eso llora. Golondrina, Golondrinita, ¿no quieres llevarle el rubí del puño de mi espada? Mis pies están sujetos al pedestal, y no me puedo mover.
-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mis amigas revolotean de aquí para allá sobre el Nilo y charlan con los grandes lotos. Pronto irán a dormir al sepulcro del Gran Rey. El mismo Rey está allí en su caja de madera, envuelto en una tela amarilla y embalsamado con sustancias aromáticas. Tiene una cadena de jade verde pálido alrededor del cuello y sus manos son como unas hojas secas.
-Golondrina, Golondrina, Golondrinita - dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás conmigo una noche y serás mi mensajera? ¡Tiene tanta sed el niño y tanta tristeza la madre!
-No creo que me agraden los niños -contestó la Golondrina-. El invierno último, cuando vivía yo a orillas del río, dos muchachos mal educados, los hijos del molinero, no paraban un momento en tirarme piedras. Claro es que no me alcanzaban. Nosotras las golondrinas volamos demasiado bien para eso y además yo pertenezco a una familia célebre por su agilidad; mas, a pesar de todo, era una falta de respeto.
Pero la mirada del Príncipe Feliz era tan triste que la Golondrinita se quedó apenada.
-Mucho frío hace aquí -le dijo-; pero me quedaré una noche con vos y seré vuestra mensajera.
-Gracias, Golondrinita -respondió el Príncipe.
Entonces la Golondrinita arrancó el gran rubí de la espada del Príncipe y, llevándolo en el pico, voló sobre los tejados de la ciudad.
Pasó sobre la torre de la catedral, donde había unos ángeles esculpidos en mármol blanco.
Pasó sobre el palacio real y oyó la música de baile.
Una bella muchacha apareció en el balcón con su novio.
-¡Qué hermosas son las estrellas -la dijo- y qué poderosa es la fuerza del amor!
-Querría que mi vestido estuviese acabado para el baile oficial -respondió ella-. He mandado bordar en él unas pasionarias ¡pero son tan perezosas las costureras!
Pasó sobre el río y vio los fanales colgados en los mástiles de los barcos. Pasó sobre el gueto y vio a los judíos viejos negociando entre ellos y pesando monedas en balanzas de cobre.
Al fin llegó a la pobre vivienda y echó un vistazo dentro. El niño se agitaba febrilmente en su camita y su madre habíase quedado dormida de cansancio.
La Golondrina saltó a la habitación y puso el gran rubí en la mesa, sobre el dedal de la costurera. Luego revoloteó suavemente alrededor del lecho, abanicando con sus alas la cara del niño.
-¡Qué fresco más dulce siento! -murmuró el niño-. Debo estar mejor.
Y cayó en un delicioso sueño.
Entonces la Golondrina se dirigió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz y le contó lo que había hecho.
-Es curioso -observa ella-, pero ahora casi siento calor, y sin embargo, hace mucho frío.
Y la Golondrinita empezó a reflexionar y entonces se durmió. Cuantas veces reflexionaba se dormía.
Al despuntar el alba voló hacia el río y tomó un baño.
-¡Notable fenómeno! -exclamó el profesor de ornitología que pasaba por el puente-. ¡Una golondrina en invierno!
Y escribió sobre aquel tema una larga carta a un periódico local.
Todo el mundo la citó. ¡Estaba plagada de palabras que no se podían comprender!...
-Esta noche parto para Egipto -se decía la Golondrina.
Y sólo de pensarlo se ponía muy alegre.
Visitó todos los monumentos públicos y descansó un gran rato sobre la punta del campanario de la iglesia.
Por todas parte adonde iba piaban los gorriones, diciéndose unos a otros:
-¡Qué extranjera más distinguida!
Y esto la llenaba de gozo. Al salir la luna volvió a todo vuelo hacia el Príncipe Feliz.
-¿Tenéis algún encargo para Egipto? -le gritó-. Voy a emprender la marcha.
-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, ¿no te quedarás otra noche conmigo?
-Me esperan en Egipto -respondió la Golondrina-. Mañana mis amigas volarán hacia la segunda catarata. Allí el hipopótamo se acuesta entre los juncos y el dios Memnón se alza sobre un gran trono de granito. Acecha a las estrellas durante la noche y cuando brilla Venus, lanza un grito de alegría y luego calla. A mediodía, los rojizos leones bajan a beber a la orilla del río. Sus ojos son verdes aguamarinas y sus rugidos más atronadores que los rugidos de la catarata.
-Golondrina, Golondrina, Golondrinita -dijo el Príncipe-, allá abajo, al otro lado de la ciudad, veo a un joven en una buhardilla. Está inclinado sobre una mesa cubierta de papeles y en un vaso a su lado hay un ramo de violetas marchitas. Su pelo es negro y rizoso y sus labios rojos como granos de granada. Tiene unos grandes ojos soñadores. Se esfuerza en terminar una obra para el director del teatro, pero siente demasiado frío para escribir más. No hay fuego ninguno en el aposento y el hambre le ha rendido.
-Me quedaré otra noche con vos -dijo la Golondrina, que tenía realmente buen corazón-. ¿Debo llevarle otro rubí?
-¡Ay! No tengo más rubíes -dijo el Príncipe-. Mis ojos es lo único que me queda. Son unos zafiros extraordinarios traídos de la India hace un millar de años. Arranca uno de ellos y llévaselo. Lo venderá a un joyero, se comprará alimento y combustible y concluirá su obra.
-Amado Príncipe -dijo la Golondrina-, no puedo hacer eso.
Y se puso a llorar.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te pido.
Entonces la Golondrina arrancó el ojo del Príncipe y voló hacia la buhardilla del estudiante. Era fácil penetrar en ella porque había un agujero en el techo. La Golondrina entró por él como una flecha y se encontró en la habitación.
El joven tenía la cabeza hundida en las manos. No oyó el aleteo del pájaro y cuando levantó la cabeza, vio el hermoso zafiro colocado sobre las violetas marchitas.
-Empiezo a ser estimado -exclamó-. Esto proviene de algún rico admirador. Ahora ya puedo terminar la obra.
Y parecía completamente feliz.
Al día siguiente la Golondrina voló hacia el puerto.
Descansó sobre el mástil de un gran navío y contempló a los marineros que sacaban enormes cajas de la cala tirando de unos cabos.
-¡Ah, iza! -gritaban a cada caja que llegaba al puente.
-¡Me voy a Egipto! -les gritó la Golondrina.
Pero nadie le hizo caso, y al salir la luna, volvió hacia el Príncipe Feliz.
-He venido para deciros adiós -le dijo.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -exclamó el Príncipe-. ¿No te quedarás conmigo una noche más?
-Es invierno -replicó la Golondrina- y pronto estará aquí la nieve glacial. En Egipto calienta el sol sobre las palmeras verdes. Los cocodrilos, acostados en el barro, miran perezosamente a los árboles, a orillas del río. Mis compañeras construyen nidos en el templo de Baalbeck. Las palomas rosadas y blancas las siguen con los ojos y se arrullan. Amado Príncipe, tengo que dejaros, pero no os olvidaré nunca y la primavera próxima os traeré de allá dos bellas piedras preciosas con que sustituir las que disteis. El rubí será más rojo que una rosa roja y el zafiro será tan azul como el océano.
-Allá abajo, en la plazoleta -contestó el Príncipe Feliz-, tiene su puesto una niña vendedora de cerillas. Se le han caído las cerillas al arroyo, estropeándose todas. Su padre le pegará si no lleva algún dinero a casa, y está llorando. No tiene ni medias ni zapatos y lleva la cabecita al descubierto. Arráncame el otro ojo, dáselo y su padre no le pegará.
-Pasaré otra noche con vos -dijo la Golondrina-, pero no puedo arrancaros el ojo porque entonces os quedaríais ciego del todo.
-¡Golondrina, Golondrina, Golondrinita! -dijo el Príncipe-. Haz lo que te mando.
Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe y emprendió el vuelo llevándoselo.
Se posó sobre el hombro de la vendedorcita de cerillas y deslizó la joya en la palma de su mano.
-¡Qué bonito pedazo de cristal! -exclamó la niña, y corrió a su casa muy alegre.
Entonces la Golondrina volvió de nuevo hacia el Príncipe.
- Ahora estáis ciego. Por eso me quedaré con vos para siempre.
-No, Golondrinita -dijo el pobre Príncipe-. Tienes que ir a Egipto.
-Me quedaré con vos para siempre -dijo la Golondrina.
Y se durmió entre los pies del Príncipe. Al día siguiente se colocó sobre el hombro del Príncipe y le refirió lo que habla visto en países extraños.
Le habló de los ibis rojos que se sitúan en largas filas a orillas del Nilo y pescan a picotazos peces de oro; de la esfinge, que es tan vieja como el mundo, vive en el desierto y lo sabe todo; de los mercaderes que caminan lentamente junto a sus camellos, pasando las cuentas de unos rosarios de ámbar en sus manos; del rey de las montañas de la Luna, que es negro como el ébano y que adora un gran bloque de cristal; de la gran serpiente verde que duerme en una palmera y a la cual están encargados de alimentar con pastelitos de miel veinte sacerdotes; y de los pigmeos que navegan por un gran lago sobre anchas hojas aplastadas y están siempre en guerra con las mariposas.
-Querida Golondrinita -dijo el Príncipe-, me cuentas cosas maravillosas, pero más maravilloso aún es lo que soportan los hombres y las mujeres. No hay misterio más grande que la miseria. Vuela por mi ciudad, Golondrinita, y dime lo que veas.
Entonces la Golondrinita voló por la gran ciudad y vio a los ricos que se festejaban en sus magníficos palacios, mientras los mendigos estaban sentados a sus puertas.
Voló por los barrios sombríos y vio las pálidas caras de los niños que se morían de hambre, mirando con apatía las calles negras.
Bajo los arcos de un puente estaban acostados dos niñitos abrazados uno a otro para calentarse.
-¡Qué hambre tenemos! -decían.
-¡No se puede estar tumbado aquí! -les gritó un guardia.
Y se alejaron bajo la lluvia.
Entonces la Golondrina reanudó su vuelo y fue a contar al Príncipe lo que había visto.
-Estoy cubierto de oro fino -dijo el Príncipe-; despréndelo hoja por hoja y dáselo a mis pobres. Los hombres creen siempre que el oro puede hacerlos felices.
Hoja por hoja arrancó la Golondrina el oro fino hasta que el Príncipe Feliz se quedó sin brillo ni belleza.
Hoja por hoja lo distribuyó entre los pobres, y las caritas de los niños se tornaron nuevamente sonrosadas y rieron y jugaron por la calle.
-¡Ya tenemos pan! -gritaban.
Entonces llegó la nieve y después de la nieve el hielo.
Las calles parecían empedradas de plata por lo que brillaban y relucían.
Largos carámbanos, semejantes a puñales de cristal, pendían de los tejados de las casas. Todo el mundo se cubría de pieles y los niños llevaban gorritos rojos y patinaban sobre el hielo.
La pobre Golondrina tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe: le amaba demasiado para hacerlo.
Picoteaba las migas a la puerta del panadero cuando éste no la veía, e intentaba calentarse batiendo las alas.
Pero, al fin, sintió que iba a morir. No tuvo fuerzas más que para volar una vez más sobre el hombro del Príncipe.
-¡Adiós, amado Príncipe! -murmuró-. Permitid que os bese la mano.
-Me da mucha alegría que partas por fin para Egipto, Golondrina -dijo el Príncipe-. Has permanecido aquí demasiado tiempo. Pero tienes que besarme en los labios porque te amo.
-No es a Egipto adonde voy a ir -dijo la Golondrina-. Voy a ir a la morada de la Muerte. La Muerte es hermana del Sueño, ¿verdad?
Y besando al Príncipe Feliz en los labios, cayó muerta a sus pies.
En el mismo instante sonó un extraño crujido en el interior de la estatua, como si se hubiera roto algo.
El hecho es que la coraza de plomo se habla partido en dos. Realmente hacia un frío terrible.
A la mañana siguiente, muy temprano, el alcalde se paseaba por la plazoleta con dos concejales de la ciudad.
Al pasar junto al pedestal, levantó sus ojos hacia la estatua.
-¡Dios mío! -exclamó-. ¡Qué andrajoso parece el Príncipe Feliz!
-¡Sí, está verdaderamente andrajoso! -dijeron los concejales de la ciudad, que eran siempre de la opinión del alcalde.
Y levantaron ellos mismos la cabeza para mirar la estatua.
-El rubí de su espada se ha caído y ya no tiene ojos, ni es dorado -dijo el alcalde- En resumidas cuentas, que está lo mismo que un pordiosero.
-¡Lo mismo que un pordiosero! -repitieron a coro los concejales.
-Y tiene a sus pies un pájaro muerto -prosiguió el alcalde-. Realmente habrá que promulgar un bando prohibiendo a los pájaros que mueran aquí.
Y el secretario del Ayuntamiento tomó nota para aquella idea.
Entonces fue derribada la estatua del Príncipe Feliz.
-¡Al no ser ya bello, de nada sirve! -dijo el profesor de estética de la Universidad.
Entonces fundieron la estatua en un horno y el alcalde reunió al Concejo en sesión para decidir lo que debía hacerse con el metal.
-Podríamos -propuso- hacer otra estatua. La mía, por ejemplo.
-O la mía -dijo cada uno de los concejales.
Y acabaron disputando.
-¡Qué cosa más rara! -dijo el oficial primero de la fundición-. Este corazón de plomo no quiere fundirse en el horno; habrá que tirarlo como desecho.
Los fundidores lo arrojaron al montón de basura en que yacía la golondrina muerta.
-Tráeme las dos cosas más preciosas de la ciudad -dijo Dios a uno de sus ángeles.
Y el ángel se llevó el corazón de plomo y el pájaro muerto.
-Has elegido bien -dijo Dios-. En mi jardín del Paraíso este pajarillo cantará eternamente, y en mi ciudad de oro el Príncipe Feliz repetirá mis alabanzas.
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