Fanfic Koi Suru Bou Kun

Proyecto Challengers!

domingo, 22 de febrero de 2015

Libros leídos el 2014

Libros leídos el 2014

Aunque no fue tan fructífero como otros años leí muchas cosas interesantes! A por el 2015 y sus libros nuevos! (aunque tengo muchas ganas de hacer ciertas relecturas)

1. Quo Vaids? (tomo 2) – Enrique Sienkiewicz.

2. El manual del nuevo conductor – XDDD cuenta? En realidad aprendí mucho :v

3. Memorias de una geisha – Arthur Golden.

4. Aprendizaje inteligente – Pablo Menichetti. (para mi trabajo :3)

5. Hombrecitos – Lousa M. Alcott (awww)

6. Camisa de fuerza y otros poemas – Nicanos Parra (un librillo de por ahí).

7. Vida de una geisha – Mineko Iwasaki.

8. Robbie y otros cuentos – Isaac Asimov. :Q______

9. A través de la puerta de la llave de plata, el extraño, la llamada de Cthulhu, selección de poemas, la trampa, y otros cuentos – H. P. Lovecraft.

10. El Necronomicón – H. P. Lovecraft.

11. Relatos de las tierras oscuras – Marcelo Tapia.

12. Geisha – Liza Dalby (sí, me gusta este tema y ahora leo otro xD).

13. Synco – Jorge Baradit.

14. Teleidoscopio . Pía Ahumada Seura.

15. Change the world – “escrito por M”.

16. Fahrenheit 451 – Ray Bradbury.

17. Pablo de Rokha – Antología (o es al revés?)

18. Leyendas de La isla de Pascua – Padre Sebastián Englert.

19. La marquesa de Gange – Marqués de Sade.

Y ustedes, qué libros leyeron? n,u


jueves, 5 de febrero de 2015

Anexo de SYNCO de Jorge Baradit

Y por último y pa terminar con este libro: a continuación unas fotografías de sólo 3 páginas de la sección anexo del libro de SYNCO, hecha tal parece para ayudar a "comprender" un poco más el libro, para los que no lo hayan leído quedarán completamente colgados o confundidos, y es la idea!





Perturbaos todos y preguntaos qué tienen que ver estas cosas con la historia jujauauajua

Imágenes de SYNCO de Jorge Baradit

Hay una sección de este libro donde hay unas imágenes muy interesantes que ayudan a contextualizarte y a la vez fascinarte más por el universo alternativo que creó el autor. Espero no tener problemas por compartirlo con ustedes, también hay fotos de otras imágenes puestas a lo largo del libro.












24 años después de "Geisha", Liza Dalby



El siguiente es un texto que salió en una reedición del libro cerca del año 2.000 '(suerte que llegó a mis manos) dado que la primera reedición fue en los 70, sirve para visualizar la opinión de la autora con respecto a la vigencia de su investigación y experiencia más de 20 años después, vale la pena leerlo para vislumbrar una opinión más actual de esta subcultura, si se quiere ver así, en pleno siglo XXI. Nota: las imágenes son fotos sacadas del libro.


Veinticuatro años después

            Lo que escribí a mediados de los setenta sobre las geishas y el lugar que éstas ocupaban en la sociedad japonesa moderna se ha convertido en una instantánea de una determinada época. Las geishas siguen siendo el adalid de la tradición, pero el hecho de vivir en un mundo cambiante continúa afectando a la profesión. No podría ocurrir de otro modo. Las “madres” geisha que dirigían sus comunidades en 1974-1975, cuando yo me uní por un breve período a sus filas, eran mujeres que habían alcanzado la mayoría de edad antes de la segunda guerra mundial. Sus experiencias y expectativas se desarrollaron en un ambiente más estricto y restringido que el de las geishas jóvenes a las que, a su vez, educaron durante los años de posguerra. Las madres sobre las que he escrito en este libro ya están retiradas o han fallecido. Las mujeres jóvenes que fueron mis coetáneas son actualmente ejemplos de experiencia y autoridad.
           Han pasado veinticuatro años desde que aparecí como la geisha Ichigiku en Pontocho. Durante este período, el decadente local llamado Mitsuba, situado a orillas del río y propiedad de mi madre geisha, fue derribado y reemplazado por un moderno edificio de cinco plantas con un elegante restaurante, un bar y oficinas, y habitaciones para ella en el último piso. Cuando me dijo lo que había hecho me sorprendí. No era una mujer sentimental. Siempre le habían interesado las novedades y se dedicó totalmente a la comunidad de Pontocho hasta que, en 1992, murió de un ataque al corazón.
            Si veinte años atrás ya resultaba evidente que la vida de las geishas se estaba modernizando, hoy eso es todavía más palpable. En 1989, el primer ministro Uno Sosuke tuvo que dimitir porque su geisha le acusó públicamente de ser tacaño y arrogante. Por primera vez en la vida política de Japón, un político casado era tachado de mujeriego por mantener relaciones con una geisha. Las esposas japonesas no son tan sumisas como lo fueron antiguamente en este tipo de asuntos.


            El 1995, una aprendiza descontenta de Kioto demandó a la casa de geishas donde había recibido su aprendizaje y acusó a la dueña de haberla explotado. Cuando el caso fue resuelto de forma extrajudicial, la chica abrió su propio negocio: un centro de enseñanza a distancia para maiko. El hecho de que fuera capaz de abrir un negocio como éste demuestra lo mucho que han cambiado las cosas.
            El marco para esta “maiko del infierno” pleiteadora (como los periodistas japoneses llamaban a la franca aprendiz) ya se estaba preparando durante mis propios días como geisha. Por entonces, las maiko de Kioto eran todavía una atracción turística y muchas chicas fueron empujadas a formar parte de ella para poder cubrir la demanda de estos símbolos de la ciudad, parecidos a las muñecas. La mayoría jugaban a ser maiko durante algunos años sin la intención de someterse a la disciplina y el compromiso necesarios para convertirse en una auténtica geisha. Mis propias amigas geishas consideraban al primer ministro Uno un ser déclassé y a la descarada maiko una aberración maleducada. Poco tiempo atrás sus comportamientos hubieran sido impensables. Estos escándalos públicos han abierto grietas en las paredes que rodean el mundo de las geishas.


            A lo largo de toda su historia, el “mundo de la flor y el sauce” se ha expandido o contraído según la situación económica del país. Cuando los clientes andan bien de dinero, las geishas permanecen muy ocupadas y ganan más dinero; cuando la corriente económica disminuye, las fiestas se cancelan y las geishas se retiran. Con la crisis de la economía japonesa durante los años noventa, la población de geishas disminuyó. Sigo pensando que es poco probable que el siglo XXI carezca de geishas. La función de conservar la tradición japonesa, aquello que define su profesión, no ha cambiado. Mientras los japoneses estén seguros de su valor cultural, es probable que las geishas resistan los escándalos de la vida moderna. No obstante, el hecho de que dejen de ganar tanto dinero es, probablemente, inevitable.
LIZA DALBY
Berkeley, California

Febrero de 1998.

Así empieza SYNCO de Jorge Baradit


Y esto será lo único que transcribiré del libro arriesgándome a violar derechos de autor xp por supuesto animo a que compren el libro y así apoyen la literatura chilena y actual pues este libro es relativamente nuevo.

Para contextualizar un poco el texto transcrito, así básicamente comienza el libro. Para los perdidos Pinochet (en la realidad) fue el “causante” del golpe de estado por parte del ejército acá en chile en 1973 dando así fin a la democracia socialista que se había plantado en Chile por Allende. Pues bien, el siguiente fragmento ya nos sumerge en un “qué tal si…” completamente fantástico, lo que leerán a continuación nunca pasó, al menos no en esta realidad xD, y respondería al hecho de por qué no ocurrió la dictadura militar en Chile, en el universo de este libro.

Agosto de 1973
Santiago de Chile

En su sueño más recurrente también aparece Valparaíso.

            Siempre es igual. El océano frente a la bahía se pone de pie con un bramido monstruoso y le escupe la palabra carne directamente al rostro. El pobre niño cae asfixiándose fuera de cuadro, rodando por los cerros de su recuerdo hasta el final de la escena. Desde su cabeza abierta mana rojo y espeso el ruido de una ambulancia que se acerca y lo arranca del ensueño a tirones, como se saca a un recién nacido desde el fondo del agua.

            Una ambulancia.

            Entonces despierta.

            Despierta en Santiago de Chile, de regreso al peso de su cuerpo y a las temperaturas de la realidad. Está más viejo, ya no es un niño. En un segundo recordará que venía en auto desde su casa, medio segundo más tarde recordará que algo raro había ocurrido durante el trayecto, y tardará otra milésima más para que el control de daños lance un grito afilado desde su rodilla derecha.

            Está en el suelo.

            Hay voces reverberando dentro de su cráneo, los oídos tapados.

            ¿Olor a humo?

            A nivel del suelo, donde tiene apoyado el rostro, ve piernas corriendo en todas direcciones, pavimento y chatarra. Restos de piezas metálicas. Un trozo de algo parecido a un espejo retrovisor brilla y le indica que el día está soleado. Recuerda vagamente otro día de mucha luz, cierta mañana en Pisagua.

            El dolor en la rodilla lo está matando.

            Intenta recordar mientras alguien, a veinte centímetros de su rostro, le grita algo que no entiende; la velocidad de las cosas está trastocada y todo parece transcurrir bajo el agua prístina de los arrecifes de coral, llena de brillos y reflejos.

            Sacude la cabeza y su memoria comienza a regresar pieza por pieza. Mira hacia un costado y ve rugir un auto en llamas a cinco metros de distancia. De pronto, todos los gritos cobran sentido, la ciudad reaparece, la realidad estalla en su conciencia con todos sus colores. En su brazo ve grados militares. Algo espantoso le viene a la memoria, algo que sube quemándole la columna vertebral.

            “¡¡Lucía, Marco Antonio!!”, grita hacia el auto en llamas, sin escucharse. Todo regresa atropelladamente en su memoria inflamada. Recuerda quién es: se llama Augusto Pinochet Ugarte. Recuerda que se dirigía a una reunión, donde confirmarían su nombramiento como comandante en Jefe del Ejército de Chile, y que su mujer, Lucía, le había pedido acompañarlo junto a su hijo menor. Dos bomberos lo abrazan mientras intenta ponerse de pie; camina sollozando hacia las llamas, como un sonámbulo que gime y cubre el valle con sus gritos. Pero no son gritos, son ambulancias. Las ambulancias son la manera de llorar que tiene una ciudad.

            Es 23 de julio de 1973, son las 8:30 de la mañana y una gruesa columna de humo negro se eleva desde el plano de la ciudad de Santiago.

            En la intersección de las calles Providencia y Condell, un auto desfigurado yace como un animal hecho pedazos por algún depredador monstruoso, envuelto en llamas y con los restos calcinados de una mujer y un niño atrapados entre sus costillas metálicas. Sacrificio humeante, rogativa por un mundo que se desmorona.

            Un hombre también se desmorona esa mañana: con el rostro desfigurado, se hinca durante largos minutos junto a los fierros ennegrecidos de su propio corazón.


***

¡Por favor compren o arrienden o pidan prestado xD este libro, es muy recomendable para chilenos o extranjeros!


Prólogo del libro Geisha de Liza Dalby (transcripción)


                Dado que es un poco complicado encontrar el libro en formato digital, al menos transcribí el prólogo que ayuda mucho a entender de qué va el libro y la perspectiva de su autora al escribirlo, por si alguien se anima a buscarlo. Nota: las imágenes son fotos tomadas del libro!

Geisha de Liza Dalby
Prólogo
GEISHAS Y ANTROPOLOGÍA

              El secreto para comprender la esencia de la vida
consiste en aceptarla como es, con toda su verdadera concreción.

KUKI SHUZO, Iki no Kozo, 1930.


                Este es, ante todo, un libro sobre las geishas. Va dirigido a todos aquellos que alguna vez han sentido curiosidad por la evocadora imagen de las geishas. En segundo lugar, se trata de un libro sobre la cultura japonesa. Lo que las geishas hacen y lo que representan sólo puede comprenderse dentro de su contexto cultural. Por ello, ha sido necesario hablar sobre las costumbres japonesas, la historia, el derecho, la interacción social, la psicología, el mundo de los negocios, las relaciones entre el hombre y la mujer, las creencias religiosas, el atuendo, la comida, la música, la estética y la conciencia de la identidad cultural, entre otras cosas, para poder contar cosas reveladoras sobre las geishas. No obstante, no he utilizado a las geishas como recurso para construir generalizaciones o teorías sobre los japoneses. Las geishas pueden ayudar a comprender Japón y este estudio no pretende ir más allá.
                No considero que las geishas constituyan un microcosmos, un símbolo o una tipificación de la entidad superior: la sociedad japonesa. Pero tampoco son una subcultura marginal. Las geishas están muy arraigadas en la cultura japonesa – los japoneses las consideran “-más japonesas” que prácticamente cualquier otro grupo, pero solamente si se muestra cómo difieren del resto de japoneses puede comprenderse su identidad polifacética.
                Lo más importante es que las geishas son distintas de las esposas. En realidad, son categóricamente distintas, y las categorías se excluyen mutuamente. Si una geisha contrae matrimonio, deja de ser una geisha. Desde la posición ventajosa del hombre japonés, el  papel de la esposa y el de la geisha son complementarios. A pesar de que a menudo las esposas trabajan fuera de casa, socialmente siguen estando confinadas al hogar. A diferencia de los matrimonios norteamericanos, los matrimonios japoneses no suelen salir a divertirse juntos. Además, el idilio no es necesariamente un fenómeno concomitante con el matrimonio; ni siquiera se considera ideal. Se da  por supuesto que las geishas son atractivas, cultas e ingeniosas, y que las esposas son aburridas y serias. Pero no debe olvidarse que todos estos contrastes están constituidos culturalmente y que “atractivo” no significa necesariamente lo mismo para un japonés que para un norteamericano.
                A menudo, las mujeres extranjeras se indignan ante el concepto de geisha. “¡Juguetes para los hombres!”, dicen menospreciando la existencia de tal profesión. Ciertamente, atendiendo a una perspectiva exterior que muestra a Japón como una sociedad atrozmente dominada por los hombres, es lógico que las mujeres consideren esta naturaleza dividida de la feminidad como algo injusto. ¿Por qué no puedes los hombres salir con sus esposas? ¿Por qué una geisha no puede casarse y trabajar al mismo tiempo? ¿Por qué existen las geishas? Pero, a menudo, las esposas japonesas y las propias geishas tienen otra visión de estas instituciones y nosotros no podemos considerarla una distorsión o una falsa conciencia.
                En este libro me he centrado en presentar el punto de vista de las geishas. Naturalmente, este punto de vista toma forma a partir de su opinión acerca de las esposas, la opinión que tienen éstas de aquellas, y la opinión de las geishas sobre la que tienen las esposas acerca de ellas. Irónicamente, a pesar de que resulta difícil considerar feministas a las geishas, son unas de las pocas mujeres japonesas que han logrado ser independientes económicamente y ocupar puestos de autoridad e influencia gracias a sus propios méritos. Las geishas disfrutan de una gran libertad de la que las esposas no pueden disfrutar y ejercen una profesión a la que pueden dedicarse sin miedo al fracaso económico cuando alcancen la edad de treinta y cinco años. No puedo compartir el categórico desprecio feminista occidental por las geishas, a las que se ve como esclavas, y tampoco comparto la idea de que la suya sea una profesión degradante que debería eliminarse para que las mujeres japonesas logren igualdad con los hombres. El lector puede formarse su propia opinión acerca de esta cuestión. Yo, en cambio, he intentado mostrar desde una perspectiva culturalmente sensible, cómo las geishas se ven a sí mismas dentro del contexto de su propia sociedad.


                Como antropóloga, conduje la investigación como si se tratara de un trabajo de campo: me fui a Japón y conviví con geishas. Mis conocimientos acerca del karyukai, el “mundo de las flores y de los sauces”, nombre que recibe la comunidad de las geishas en japonés, los recogí de distintas fuentes. Entrevisté a geishas, a exgeishas, a propietarios de casas de geishas y a funcionarios de la oficina de registro de catorce comunidades de geishas de distintas regiones de Japón. Algunas de estas entrevistas fueron encuentros ocasionales, pero otras requirieron visitas repetidas a lo largo de los catorce meses que dediqué a este trabajo de campo. Para los extranjeros, las geishas tal vez sean todas iguales, pero existen tantas diferencias entre ellas como variedades de rosas. Para poder calibrar estas diferencias, distribuí un cuestionario entre las catorce comunidades, al que respondieron un centenar de geishas.
                Las entrevistas y los cuestionarios son herramientas útiles para la investigación. El concepto de observación participante también es habitual en los estudios antropológicos y mi estancia entre las geishas  de la comunidad de Pontocho puede llamarse así. Particularmente no me gusta el término puesto que implica cierto grado de distancia emocional que únicamente crea una ilusión de objetividad. Se me permitió participar en la vida de esas mujeres, por lo que me siento muy agradecida, y traté de ser una observadora perspicaz de todo lo que ocurriría. No obstante, en seguida descubrí que mi corazón se había visto atrapado en el esfuerzo y que no era capaz de mantener la distancia convencional que debe existir entre el investigador y el objeto de estudio. La objetividad, la clasificación de mis distintas experiencias y el análisis llegaron mucho más tarde.
                Por lo tanto, éste es un libro muy personal en el que no me importa haber incluido extensas partes de material subjetivo. Concretamente, he escrito tanto sobre mi propia experiencia como la geisha Ichigiku en que me convertí como lo he hecho acerca de la geisha más ortodoxa a la que estudié. No puedo pretender demostrar que yo fuera la observadora invisible, la que ve pero a la que no se la ve, que se dedica simplemente a contar lo que ven sus ojos, y sería falso por mi parte decir que mi presencia no influyó en las interacciones que logré grabar. Más bien al contrario: durante mi breve carrera como geisha, Ichigiku se hizo bastante famosa en Japón y fui tantas veces entrevistada como entrevistas realicé.

                Existen varias razones por las que he escrito tanto sobre Ichigiku. Una está relacionada con la pregunta de cómo una geisha llega a serlo. Todas las nuevas geishas pasan por un período llamado minarai o aprendizaje mediante la observación, un método japonés que pude seguir con facilidad. Las demás geishas consideraron perfectamente razonable que yo pasara por el minarai. En realidad, en cuanto comprendieron que me tomaba en serio el estudio de su mundo, fueron ellas quienes lo sugirieron. La transformación de Liza Crihfield, licenciada, en Ichigiku de Pontocho fue muy lenta, y he tratado de reconstruir este desarrollo gradual en los capítulos que hablan de Ichigiku. Por lo tanto, la cuestión de cómo las geishas se convierten en geishas puedo contestarla sin problemas por propia experiencia. Ichigiku no fue en absoluto una típica geisha, pero lo cierto es que nadie puede considerarse una típica geisha.
                Las dificultades que experimenté por ser norteamericana a menudo sugirieron importantes diferencias culturales que me ha costado mucho aclarar. Pero la duda inicial ante las cosas extrañas y poco habituales siempre dará paso a la comodidad familiar de la rutina. Y lo mismo ocurre con el hecho de aprender a ser una geisha, que para mí también supuso que la perspectiva japonesa se convirtiera en la única natural. Para escribir este libro he combinado dos puntos de vista: el de una extranjera que se aprovecha de aquellas cosas que parecen necesitar de mayor explicación y el de una persona del lugar que hace hincapié en cosas que tal vez no se le ocurra preguntarse al extranjero pero que, en realidad, son de vital importancia para el punto de vista de las geishas acerca del mundo.
                Este libro podría considerarse una etnografía, un estudio descriptivo de las costumbres de un determinado colectivo de personas. No obstante, mi objetivo no ha sido catalogar las costumbres de las geishas en distintas regiones de Japón. La descripción siempre necesita un punto de referencia y he tratado de que el mío sea explícito. Considero que este estudio es una etnografía interpretativa. Mi objetivo consiste en explicar el significado cultural de las personas, objetos y situaciones en el mundo de las geishas. A veces, esto me ha llevado a digresiones sobre algunos temas (el humor japonés, por ejemplo) que inicialmente pueden parecer poco relacionados con las geishas. El problema, según su punto de vista, es que ningún tópico culturalmente relevante (una persona como la geisha Sakurako, un objeto como una taza para el té o una situación como la iniciación sexual de una aprendiza de geisha) puede describirse aisladamente, como si no formara parte de una “red de significados” que lo hace totalmente diferente para las personas que viven en el mundo de las flores y de los sauces.

                Por supuesto, una tiene que elegir hasta dónde quiere llegar esa red. Puesto que las elecciones son, hasta cierto punto, arbitrarias, la figura del autor tendría que ser de interés secundario. Ésta es otra de las razones por las que he escrito gran parte de este libro en primera persona. A diferencia de la mayoría de las etnografías, donde la presencia del autor se esconde y donde las cosas se han escrito como si estuvieran ahí para ser observadas, en este caso al lector no se le permitirá olvidar que está siendo guiado por Ichigiku, esto es más evidente en algunos capítulos que en otros (un amigo que echó una ojeada a uno de los primeros borradores del capítulo titulado “Geishas rurales” dijo que reflejaba de un modo sencillo el punto de vista de una geisha de las tierras del interior), pero para mí supone un gesto de honestidad intelectual, si es que no resulta una expresión demasiado grandilocuente, no reservarme mis propias opiniones, sobre todo porque lo que sé de las geishas lo aprendí de un modo muy intenso y particular.

                En repetidas ocasiones me han preguntado qué tipo de mujeres de otras sociedades son comparables a las geishas. Como estudiante de antropología, la disciplina de los estudios multiculturales, me he sentido obligada a responder a esta pregunta, aunque aquí no lo he hecho. Las razones son, en primer lugar, que desconfío de la idea de equivalentes funcionales y, en segundo lugar, que no he propuesto ninguna teoría de la función de las geishas en Japón que pudiera llevar por sí misma a una comparación entre distintas culturas. La comparación de características culturales requiere una simplificación drástica, un recorte de las matrices culturales para poder dar con algo que pueda compararse. Este estudio ha ido en la dirección contraria y profundiza en aquello que hace únicas a las geishas. Indudablemente, las geishas tienen algo en común con las hetarias de la Grecia clásica, con las kisaeng de Corea, con las femmes savantes del siglo XVII en Francia y con las xiaoshu de la China imperial. Pero un análisis de estas similitudes no tiene ningún sentido y en ningún caso ha sido la intención de este libro hacerlo.


                Tal vez algunos se pregunten por qué no he mencionado otros aspectos de las geishas como su imagen o estereotipo en el mundo occidental. La idea de la geisha exótica, gran conocedora de las artes del Kama Sutra para complacer a los hombres, formó parte del estereotipo cultural europeo-norteamericano de Oriente incluso antes de los barcos de Perry. La Madame Chrysantheme de Pierre Loti y la Okichi de Townsend Harris (ninguna de las cuales fue, en realidad, una geisha) son ejemplos de las mujeres supuestamente livianas que los extranjeros identifican con las geishas. Tal vez sea un tópico fascinante, pero sigue diciendo más acerca de las obsesiones occidentales que sobre las propias geishas.

                ¿Qué significa ser una geisha? Indudablemente existen muchos y diversas respuestas. Yo he ofrecido la mía y he intentado aclarar los elementos culturales que necesariamente condicionan una cuestión como ésa. 




jueves, 25 de diciembre de 2014

KSB one shot Especial de Navidad


One shot: especial de navidad
            
Este es un one shot hecho para un concurso de fics de la secta boukun de Facebook, en realidad no he tenido tiempo para reeditarlo, pero sin importar los resultados de dicho concurso, espero que lo disfruten mucho y hayan tenido una buena y grata navidad n,n/

Planes

            Se acercaba esa fecha tan complicada, esa fecha que Morinaga a la vez añoraba y a la vez temía: la navidad. La fecha más romántica en Japón aun considerando el 14 de febrero, porque ese día de los “enamorados” es más bien para las declaraciones, y la navidad es para las parejas ya establecidas, una buena excusa para tener una cita especial, hacerse regalos cursis, y estar acaramelados en la calle, cosa que en Japón es una peculiaridad, pero claro, él no podía pedir tanto.

- se-senpai… - estaban solos en casa, tomando café después de la cena, era ahora el momento, quedaba aún una semana, podían organizar algo, ahora sí… porque las cosas habían cambiado, o no?

- mm? – senpai siquiera lo miró, parecía que pensaba en sus propios asuntos, su investigación, la decisión de Kanako de quedar en una residencia el próximo año, la posible visita de Tomoe en año nuevo, habían muchas cosas qué pensar.

- eto… quería saber… es decir… qué harás para navidad? – estaba extrañamente avergonzado, sus piernas se removían nerviosas, y uno de sus pies golpeaba insistentemente el piso en un movimiento histérico aunque silencioso.

- ah? – al fin lo miró – pues, lo de siempre.

- ah… ya… - Morinaga bajó la cabeza, esperaba que senpai al menos preguntara un “¿por qué?” pero ante su nuevo silencio Morinaga no tuvo más que insistir, y es que este año quería más, no le bastaba con darle un pequeño regalo disimulado (cuando en realidad quería regalarle un ramo de rosas con una caravana mexicana detrás), no, este año quería algo especial, algo de amantes de verdad. – es que… senpai… pensaba si… - la voz se le quebraba, sentía la cara ardiendo, se atrevió a mirarlo con la cabeza gacha – quisieras pasar la navidad… conmigo?

- …. – senpai lo quedó mirando sorprendido, extrañamente no se le  había pasado por la cabeza pasar ese día con Morinaga, en realidad aún siquiera asumía bien la remota, recóndita, posibilidad rebuscada, de que él y Morinaga eran… pareja, y bueno, sólo las parejas pasan la navidad juntos, si no, a pasarla con la familia, como los solitarios, como él hasta entonces. – ah… pu-pues… - senpai en vez de gritarle y patearle como se hubiera quizás esperado, se puso igual, no, peor que Morinaga en sonrojo y nerviosismo, mierda, no había pensado en esa posibilidad, y ahora qué hacer? – yo siempre la paso con… Kanako y la señora Matsuda… - ah, mierda! Por qué dijo eso? Es decir, no es mentira, pero no es como si quisiera rechazarlo ¿verdad? O sí?  - ah, es decir… Tomoe no está pero… - qué está diciendo???

- ah… ya… entiendo – Morinaga volvió a agachar la cabeza, ya no veía a senpai, la verdad es que esperaba más un rechazo que una aceptación, por lo que darse por vencido fue la postura inmediata ¿debió haber insistido un poco más?

- pero tú… qué harás? – ahora era senpai quién veía a Morinaga de reojo, con una expresión preocupada, es verdad, nunca le había preguntado a Mori qué hacía en navidad, de hecho nunca le había regalado nada (una vez le invitó el almuerzo un día antes, eso contaba?) de pronto Morinaga llegaba con algún regalo, y senpai no hacía más que extrañarse, aunque ahora entendía por qué Mori lo hacía… sí, nunca antes se había “interesado” en Morinaga, pero las cosas habían cambiado ¿qué había hecho Morinaga esas navidades de esos cinco años?

- yo? – Morinaga lo vio un tanto sorprendido, aún no se acostumbraba a las preguntas directas de senpai – yo… pues… - paseó los ojos un momento, como recordando y sonrió resignado, una sonrisa falsa, ese mal hábito – normalmente salgo de fiesta, jeje.

- ah? – senpai ahora lo veía hasta molesto.

- qu-que suelo ir de fiesta… - sospechaba que había dado la respuesta equivocada, pero era la verdad, solía salir con Hiro-kun al bar, o a una disco, o a ambas, quién sabe, no importaba, en esas fechas salía para olvidar su propia soledad.

- y tu familia? – senpai lo soltó sin recordar que ellos y Morinaga estaban peleados, no era por ser insensible (bueno sí, un poco) sino porque en realidad le extrañaba mucho que alguien no pasara esas fechas con su familia, él mismo, acostumbrado a estar con sus hermanos, hacer o pedir una cena especial, hacer un brindis con alguna bebida rebuscada y abrir sus regalos todos juntos… estar pues, en familia.

- ah, sí… no, yo… - Mori bajó la mirada, pero no se veía triste, sino incómodo – yo no veo a mi familia, senpai, no lo recuerdas?

- ah, sí pero… tampoco en estas fechas? – senpai había suavizado la voz, ahora estaba preocupado.

- no, nunca. – dijo secamente Morinaga – pero está bien, prefiero salir con amigos – sonrió otra vez falsamente, mirando sin ver a senpai en realidad – o quedarme en casa, de verdad, da igual, el año pasado hice eso y no fue tan malo, jeje.

- “tan” – pensó senpai, ahora veía realmente preocupado a Morinaga, no se había dado cuenta que había pasado esos cinco años solo en estas fechas “… maldición” – bueno, entonces vendrás conmigo.

- eh?

- a la casa de la señora Matsuda, habrá cena y estará Kanako, tal vez venga uno de los hijos de la señora Matsuda pero no creo que le moleste… - caray, seguro que a ella no le molestará, pero habrá que consultarle.

- ah… pero – Morinaga le miraba entre esperanzado e incómodo – pero yo quería… pues… 

- bajó la mirada, el sonrojo había vuelvo – pasarla contigo.

- ….. – demonios, no había pensado eso, pero claro, Morinaga debe querer eso, pasar la navidad así, como si fueran… eso. – ah, ya… - senpai bajó la mirada algo choqueado, tenía mucho que aprender, no se había dado cuenta, pero claro que era evidente, Morinaga quiere pasar la navidad con él, sólo con él, mierda.

- pe-pero, es verdad… tienes que cenar con Kanako, qué tonto soy, jeje – otra vez esa maldita sonrisa forzada – si hasta le compré un regalo pero…

- ….. – y ahora qué hacer.

            El café se había enfriado, pasaron unos minutos en que senpai con el corazón explotando, su rostro ardiendo, y su mente confusa, trataba de ordenarse, qué quería, qué debía hacer, cómo calzar todo; no quería dejar a Kanako, es verdad que antes la pasaba con Tomoe también pero ahora él no podría venir hasta año nuevo (quizás), así que era importante estar con ella para estar al menos, lo más posible, en familia; pero tampoco quería dejar a Morinaga, y menos ahora, vivían juntos y bueno, tenían una clase de… relación importante, y maldición! Cómo lo va a dejar solo, o peor! Suelto por ahí en fiestas desveladas y alcoholizadas, los homos son muy peligrosos como para dejarlo suelto.

- va-vale – eso ni pensarlo – podemos cenar con Kanako y luego… - senpai desvió la mirada, sonrojado hasta las orejas, su voz se quebraba – lu-luego podremos ir a donde quieras, o qué se yo! Puedes hacer lo que te dé la gana también!

- …. – Morinaga lo vio atónito, de verdad se había dado por vencido, era cierto que en su imaginación había ya planeado esa velada soñada y ya había comprado el regalo de senpai hace como dos semanas, pero no supo qué hacer hasta que senpai en verdad le dijo que sí, le dijo que sí? – d-de verdad, senpai?

- idiota, ya te lo dije! – senpai bebía bruscamente el café, pero volvió en sí al notal lo asqueroso de un café helado. – iagh, además, Kanako se alegrará…

- cl-claro! – Morinaga bajó la vista, con una sonrisa pegada al rostro pero aún sumamente sorprendido.

            Senpai pensó que al fin Morinaga había sonreído de verdad en esa velada.

***

            Después de esa incómoda y avergonzada conversación, no hubo tiempo para hablar de los “planes”, senpai se había escapado a su habitación e hizo una llamada…

- ah, nii-san!

- hai, Kanako, quería decirte algo…

- eh? Dime, dime.

- pues, qué opinas de que Morinaga vaya a cenar con nosotros en navidad?

- Morinaga-san? Él no iba a venir ya?

- ah?

- que yo y la señora Matsuda ya pensábamos que iba a cenar con nosotros, o no podrá venir?

- no, no, no es eso… él… él vendrá.

- ah! Eso es un alivio! Si él es como parte de la familia.

- mm sí…

- Pero nii-san, ya le compraste un regalo, verdad?

- …! P-pues no, aún no…

- ah! Tienes que apurarte o será un dolor de cabeza después, las tiendas se llenan de gente y los precios suben realmente alto…

- sí, sí, no te preocupes, ya me encargaré. Dale mis saludos a la señora Matsuda y las gracias.

- ah, okey, y compra su regalo! Y el mío, jeje.

- sí, sí, nos vemos.

Colgó. Qué tonto había sido, claro que Kanako ya esperaba como algo natural que Morinaga fuera con ellos, “es como parte de la familia” dijo, vaya, hasta qué punto se había vuelto parte de su vida? No se había dado cuenta, nunca pensaba en esas cosas y por eso siempre lo sorprendían así, por eso siempre se sentía anonadado por… por lo que Morinaga provocaba, por Morinaga mismo.

TOC TOC

- ah! Sí?! – senpai dio un brinco.

- senpai, podemos hablar? – era cierto, después de esa conversación senpai se las había arreglado para huir a su cuarto, era demasiado embarazoso seguir ahí, y no había salido en todo lo que quedó de tarde…

- …. Sí, pasa – pero ya no era extraño que Mori estuviera en su habitación, su convivencia ya había llegado a ese punto para vergüenza de senpai.

- permiso – Morinaga entró lentamente, temeroso de encontrar a un senpai enojado o algo así, pero en realidad se encontró con un senpai con cara de preocupado y algo perturbado, sentado en la silla, al frente de su escritorio.

- sí… qué querías? – senpai desvió la vista, mirando el libro que leía hace un rato, pero por supuesto que no leía nada en realidad.

- qu-quería darte las gracias por invitarme a cenar con tu familia… y… quería saber… - Morinaga estaba ahora mucho más ansioso que antes, estaba sumamente feliz por poder pasar con senpai esa navidad, pero eso mismo le acarreaba la desesperación de hacer planes, ¿qué harán? ¿a dónde irán? Y mil preguntas más, la emoción lo embargaba y lo ponía inevitablemente estúpido.

- “mi familia” – repitió senpai en su mente, casi molesto – “no te das cuenta… que casi perteneces a ella… no estás solo…” – pero no dijo nada, sólo un extraño puchero se dibujó en su boca.

- ¿a dónde te gustaría ir después de la cena?… - Mori sonrió nerviosamente – podría ser una cafetería, o pedir el postre en un buen restaurante, o quizás dar vueltas por la calle si es que nieva, sería-

- n-no… la verdad, prefiero estar en casa – dijo avergonzado senpai, no soportaba la cursilería de hacer planes, aunque de inmediato se arrepintió, miró de reojo a Mori, y sí, éste estaba… pues tenía cara de alguien a quien le cortan las alas.

- … ah… ya… - bajó la vista, seguía tontamente nervioso.

- …! Quiero decir! Pues… - ya senpai se había volteado del todo mirando de frente a Morinaga, nervioso más aún por la preocupación de lastimarlo (conducta nueva) – puedes planear lo que sea! Te lo dejo a ti! Yo no sé nada de esas cosas, de todas formas… - ah, qué nervios de porquería, odiaba esa sensación de no tener el mínimo control de sí mismo, y en parte por eso detestaba cuando Morinaga se ponía así, pero ya no lo lastimaría por eso.

- ah! de verdad?! – y se le iluminó el rostro – genial! Se-será fantástico, senpai – sonriendo se acercó, peligrosamente comenzó a caminar hacia él. Senpai se echó hacia atrás en su asiento, pero no pudo reaccionar, Morinaga había puesto sus manos en sus mejillas y le había dado un cálido beso, senpai no alcanzó siquiera a cerrar sus ojos. – será la mejor navidad, senpai! – y volvió a besarlo, ahora senpai sí cerró los ojos, apretándolos, había sostenido las muñecas de Morinaga sin darse cuenta, maldición, su cuerpo se mueve sólo, y ya estaba sintiendo escalofríos extraños, qué mierda le pasaba?

- mmnn… ya… pero… mmm – no lo dejaba, por eso era peligroso hacer demasiado feliz a ese sujeto, simplemente se descontrolaba…

- ah… senpai… soy tan feliz… - decía Morinaga entre sus besos.

- mmm… - pero a senpai le alegraba escuchar eso, aunque aún su cuerpo estuviera tenso y era esquivo, senpai realmente sentía un gran alivio cuando veía a Morinaga feliz, cuando era feliz… era todo lo que quería últimamente.

- déjame demostrarte lo feliz que soy, senpai.

- eh?

Morinaga tomó de las manos de senpai y lo puso de pie con algo de brusquedad, pero senpai se sorprendió a sí mismo dejándose guiar como si nada, en verdad, su cuerpo no le hacía caso, no alcanzó a reaccionar y ya había dado los pasos necesarios para llegar a la cama. Miró casi asustado a Morinaga, éste sonreía tan tiernamente, “mierda… quiere eso…”. Lo sentó, lo volvía a besar, ya estaba perdido.

- senpai… después de la cena… - le decía entre sus besos, pero senpai no lo entendía del todo – volveremos a casa…

- nn? – Morinaga estaba en su cuello, cada palabra era como una caricia en su piel.

- sí, volveremos a nuestra casa – lo miró a los ojos – porque aquí podemos ser nosotros mismos.

- ….. supongo … - sí, ya estaba condenado, este sujeto lo había arrastrado del todo…

            No sabía si realmente era él mismo así, más bien le parecía que había mutado de una forma extraña y forzada, por supuesto que por Morinaga, su jodía culpa; estaba confundido, alterado, y confundido otra vez, pero de todas formas no lo detenía, no podía, dejaba que lo arrastrara y siguiera transformando en aquello que lo aterraba tanto, no sabía por qué se lo permitía, lo sospechaba, claro, pero no se atrevía a pensarlo, le tenía tanto miedo. Eso pensó mientras se corría.



            Unas horas después, el hambre despertó a senpai, después de todo se habían saltado la cena.

- nnmm hambre… - vio a Morinaga frente a él, estaban de lado uno frente al otro. Senpai trató débilmente de separarse de su abrazo, pero se resignó, estaba demasiado débil y aunque no lo reconociera, era sumamente confortable el abrazo de Morinaga. – Morinaga – lo llamó secamente, demasiado seco para después del sexo – oi, idiota – le puso con brusquedad una mano en su mejilla, una extraña caricia disfrazada de golpe. – oi!

- nnn… - Morinaga abrazó inconscientemente a senpai.

- …! Idiota! Qué tengo hambre!

- mm?

- ve a cocinar algo – dijo más seco aún, pero no había rechazado su abrazo.

- ah… vale – Moriaga abrió los ojos, y sin pensar demasiado le dio un tierno beso a senpai 

– cenaremos, tomaremos un baño y volveremos a la cama – sonrió y lo besó nuevamente.

            “Volveremos”, pensó senpai, seguramente Morinaga pasaría la noche en su cama, otra vez.
Noche buena

            La cena había estado deliciosa, el intercambio de regalos también aunque la extraña escapada había sido incómoda, en especial para senpai, la señora Matsuda no paraba de insistir para que se quedaran, pero fue Kanako la que intuyó que su hermano y Morinaga tenían planes especiales. Senpai por su parte no sabía qué cara ni excusa poner, estaba sonrojado e histérico, ya peligraba en mandar todo a la mierda pero Morinaga ya había pensado en eso. “Tenemos planes con compañeros de la universidad” dijo, nadie le creyó nada, pero la señora Matsuda no insistió más y Kanako sonrió con un extraño sonrojo. “No pienses cosas raras” es todo lo que le pudo decir senpai antes de irse.

            Tuvieron que tomar un taxi, salió un poco más caro de lo que suponían, después de todo eran las 2 de la mañana, Morinaga y sus planes de pacotilla, senpai ya estaba un 40% arrepentido de su decisión, pero aun así continuaba, siempre continuaba. Y cuando ya entraron al departamento recién se asustó de verdad, la molestia se fue para dar paso a la histeria de saber que Morinaga le haría el amor, era tan evidente, tan obvio, casi lo esperaba. “Mierda, no…” pensó estático.

- Siéntate, senpai, quiero darte algo. – dijo Morinaga mientras guardaba las chaquetas húmedas por la poca nieve que había caído.

- eh? – senpai lo miró de reojo, pero Mori sólo sonrió, así que fue y se sentó en el sofá, un segundo después Morinaga estaba frente suyo.

- “qué… aquí?!” – pensó nervioso senpai, sin notar que casi esperaba aquello…
            Pero de pronto Morinaga sacó algo de su bolsillo, un pequeño saquito de terciopelo.

- senpai, dame tu mano – dijo con simpleza.

- ah? – senpai daba brincos de sorpresa por cada pequeña cosa, pero esto en verdad ameritaba histeria, no será eso, o sí?

- está bien, no te preocupes – Morinaga cogió la mano de senpai, sacó lo del saquito, senpai pudo notar que era una especie de ¿cinta? – aquí, esto es para ti.

            Era una especie de pulsera, de un cuero muy delgado y opaco.

- ….  – senpai miraba su mano en la de Morinaga, la pulsera… pero si ya le había regalado una agenda en casa de Kanako.

- no se verá extraño, al menos no tanto como un anillo, no es necesario que lo lleves siempre, pero yo… - con su otra mano Morinaga bajó un poco el cuello de su camisa – yo llevó el juego en el cuello – era un collar, del mismo material y estilo que su muñequera. – senpai, espero que no te asustes pero – la mirada de Morinaga se había vuelto un poco extraña – esto será una muestra de que eres mío, y yo soy tuyo.

- ….! – senpai, que había estado nada más que impactado hasta ese momento, al fin reaccionó cuando Morinaga solemnemente besó su mano, la pulsera se deslizó sólo un poco en su piel. - …… - pero no dijo nada, no sabía por qué, supuso que era porque en realidad no negaba… nada de lo que Morinaga decía.

- senpai… - Morinaga ahora besaba su boca, inclinándolo peligrosamente a lo largo del sofá – senpai, por qué no dices nada? No te gustó? – Morinaga besaba su cuello, agh, odiaba hacerlo en el sillón.

- nn… no, no es…. – senpai tenía la mente nublada, tan pronto, o desde antes, o desde esa primera vez, no lo sabía, ya no sabía nada.

            Morinaga lo veía directamente a los ojos, mientras besaba la pulsera en su muñeca. 

Pero senpai seguía sin decir nada, y simplemente porque no sabía qué decir, estaba demasiado abrumado siquiera para esquivar a Morinaga, sólo le quedaba la vergüenza y la histeria, y quizás…

            Senpai besó a Morinaga, no lo pensó demasiado, pero intuía que era lo correcto, o quizás es que quería simplemente hacerlo.

“Podemos ser nosotros mismos.”

            Sí, podía entender lo que Morinaga había dicho, podía incluso compartirlo, no tenía idea si éste yo era realmente él, o algo completamente equivocado, pero… no iba a luchar contra ello, no iba a huir, no podía, y casi estaba sintiendo que incluso podía ser bueno, Morinaga era feliz, y era suyo. Eso pensó mientras sus manos subían por su espalda.

FIN


            Nah, si aquí viene el lemon! xDDDD

- ah! Idiota, tiene que ser aquí?! – preguntó senpai histérico, al fin podían salírsele las palabras cuando notó que Mori iba en serio sobre el sofá, sobré él, más bien.

- mm… - Morinaga chupaba una de sus tetillas – la verdad… tenía un postre preparado, pero creo que te lo daré en la cama - ¿qué tipo de voz era esa? De pronto tomaba un tono tan tétrico y perverso.

- ….! I-idiota… - a senpai la voz ya se le quebraba, no sabía cómo interpretar las palabras de Morinaga, sospechaba que un doble sentido se escondían detrás de ellas.

- jeje… - Morinaga soltó una extraña risa – podemos ir a la cama, si me das mi regalo.

- ah?! P-pero ya te di uno… - ese vino caro no fue suficiente?

- no, no me refiero a ese – de pronto Morinaga se elevó y rosó su nariz con la de senpai – es navidad, debes darme algo más especial…

- ….. – sí, estaba en lo cierto, había algo horriblemente pervertido en sus palabras – qu-qué?... – preguntó casi en un susurro ¿por qué preguntó? ¿por qué estaba tan suicida últimamente?

- mmm, no sé, no quiero pedirte tanto pero… - Mori se levantó un tanto del sillón, abrió su bragueta, su pene duro y húmedo se mostró de inmediato. Senpai tuvo una pequeña convulsión, pero no pudo apartar sus ojos.

- …..!!! – en qué locura estaba pensando ese sujeto?!

- crees que hoy… podrías tocarla? – preguntó Morinaga con ese tono extraño, no tenía miedo, no estaba nervioso ni avergonzado, simplemente estaba sumamente excitado y casi no temía a un golpe o el rechazo cruel de senpai, no, ya le había puesto su muñequera, era suyo, de alguna forma así lo sentía.

- ….. – senpai desvió la mirada, sus manos temblaban al igual que su barbilla, apretaba la mandíbula tratando de contenerlo.

- vamos, senpai, sólo por ser hoy, inténtalo. – se acercó nuevamente Morinaga sentándose a su lado, tomó las manos de senpai, senpai las miró y vio la muñequera, ese maldito símbolo terminó por debilitarlo, estaba de pronto en un trance, no sabía por qué dejaba que Morinaga lo moviera así, lo llevara así, le hiciera hacer esas horribles cosas.

            Lo sintió antes de verlo, aunque lo veía no lo procesaba, pero la sensación fue indiscutible, la humedad, el calor, la dureza. Senpai trató de apartar las manos pero Morinaga las tenía fuertemente sujetas, al menos pudo apartar la vista, mientras dio un extraño jadeo. No, era asqueroso, era vergonzoso, pero entonces, por qué estaba él mismo tan duro?

- está bien, senpai, sólo sujétalo, después seré muy bueno contigo – nuevamente sospechó que había un dejo pervertido en sus palabras, pero no pudo pensar demasiado.

            Morinaga tomó mejor sus manos, acomodó ambas en su pene, le apenaba tener que forzar a senpai pero en parte no se arrepentía, estaba tan excitado, quería que senpai le hiciera el amor aunque con ello se destrozara la mente y el orgullo, ¿cómo podía existir un amor tan egoísta? No lo sabía, pero él lo había creado.

- nn… senpai… - Morinaga juntó su frente con la de él, dando de inmediato suspiros mientras un sonrojo extrañamente inocente le coloreaba la cara. Senpai por su parte estaba en shock, casi la mente en blanco, sin creer en lo que hacía, en lo que las manos de Morinaga en las suyas provocaban lo que estaba haciendo – ah… senpai… - la voz de Morinaga se volvió rápidamente agónica y su cuerpo comenzó a temblar, había cerrado los ojos y le daba pequeños y jadeantes besos a senpai, vergonzosamente sabía que se vendría pronto, pero qué hacer? eran las manos de senpai…

            Y ante los gemidos de Morinaga algo despertó en senpai, aquello que siempre despertaba en esos momentos extremos del sexo: su propia perversión, ni más ni menos. No pensó demasiado, en cierta forma también se estaba perdiendo en los labios de Morinaga, sus caderas se movían inconscientemente junto a las de él en sus manos, ya éstas incluso se movían solas en su pene, y lo estaban apretando.

- nnn! Senpai! – Morinaga se contraía en sus labios. Senpai no había dejado de sentir ese terror y ese extraño asco, nunca lo dejaban, nunca lo habían dejado pero había una horrible y bizarra verdad en ello: ese terror y ese asco eran parte de la excitación, parte del placer, era su propia perversión. – ah! Senpai! No! Te voy a ensuciar! – Morinaga temblaba y jadeaba en la boca de senpai, sus manos subieron hacia su glande temblando, recibió en sus manos su propio semen, aunque no salvó de la suciedad común de esa práctica a las manos de senpai. – ah… senpai… - lo besó otra vez, metiendo su lengua en la boca de senpai que extrañamente se había relajado un poco también – espérame en mi cuarto, senpai – lo veía a los ojos, rosando sus labios aún con los de él  - yo también, te daré un regalo especial.

            Apenas Morinaga se levantó, senpai corrió al baño y unos minutos después cuando Morinaga fue a su propio cuarto, lo encontró dándole la espalda temblando, olía a jabón.

Ahora sí, FIN, y feliz navidad y ya tú sae, prospero año nuevo xD

Ya saben, comentarios aquí abajito se agradecerían mucho porque ayuda a animar pa seguir escribiendo, también pueden escribirme a mi correo: shicakane@hotmail.com disfruto mucho intercambiando opiniones con mis lectoras.


shalom!