Fanfic Koi Suru Bou Kun

Proyecto Challengers!

lunes, 11 de julio de 2011

Cap 13: fanfic de The Tyrant Who Fall in Love / Koi Suru Boukun.


Hola, perdonen la espera, no me maten pero la verdad este cap lo tenía listo hace mucho pero hasta el día de hoy aun no me convence x_x, tendré que centrarme más para el próximo o.ó. Aun así no me arrepiento del dramatismo loco y criminal que está teniendo el fic, no tengo problemas en llamar al amor locura jojojojo.



Y aparte: UN SALUDO PARA PIÑERA QUE NOS ESTÁ LEYENDO n.n/ viva la libertad de expresión!!! Si me da por decir que no creo en el gobierno lo diré no má ¬¬





Cap 13:



Senpai está de pie a metros de la puerta, pasan segundos que parecen mucho más lagos de lo que son, y siente cómo se le escurre una gota de sudor por la frente; de pronto su cuerpo tenso se había relajado, soltándose, como si toda la histeria de ese día hubiera llegado a su tope y no le quedara más que bajar; aunque aún su corazón estuviera agitado y su cuerpo sudara nervioso, solo podía tragar saliva tiritando un tanto. Y sin pensar en nada logra bajar la vista estática hacia la puerta para dejarla caer al suelo, se había paralizado.



- cof, cof.



Oye a lo lejos una tos débil y suave “Morinaga…” y logra despertar, siquiera se da tiempo a sí mismo para digerir lo que significaba lo que antes había ocurrido, como si su mente queriéndose salvar a sí misma de horribles ideas, hubiera preferido concentrarse con todas sus fuerzas en “hay que bajar la fiebre de Morinaga, y llamar a un doctor…”. Pero la realidad era más pesada, y Yamagushi volvió realistamente a su mente y la idea que senpai quería evitar: ¿podría ser… que Yamagushi ahora lo supiera todo?” el shock de senpai por todo lo vivido había vuelto su mente extremista, y no pudo evitar pensar lo peor, que Yamagushi hubiera descubierto lo que “tenía” con Morinaga, lo que le había hecho él antesdeayer! Y siquiera pasó por su mente que Yamagushi en realidad considerara que senpai había sido el atacante de Morinaga, por el simple hecho de que la sangre estuviera en la habitación de éste último y no de él.



Senpai tiritó otra vez “Morinaga…” tragó saliva una vez más, esa idea lo desquiciaba, y el horrible asco volvió. Trató de caminar, dar unos pasos a su habitación, cumplir con lo que se había autoimpuesto para no pensar en “eso”, ir a cuidar a Morinaga, cuidarlo como si nada hubiera pasado, ¡como quería hacer eso, autoengañarse! Pero ya no podía, no podía escapar de la horrible situación en la que se hallaba, de esa horrible incomodidad, de todo! Un sentimiento así, de rechazar algo con tal fuerza solo lo había vivido la primera vez que Morinaga lo “había tomado”, no, incluso ahora, ese sentimiento era más fuerte.



Logró caminar lentamente, tiritando, mecanizado, queriendo borrarse él mismo del mundo. Pero entonces, sin poder evitarlo, vio la puerta de la habitación de Morinaga entreabierta.



“….! Él… lo vio!” y lo digirió al fin. Abrió la puerta aún si no quería ver su interior, y vio la misma mancha negra que vio Yamagushi minutos antes, no la había visto anteriormente pues había bloqueado toda visión de esa habitación durante esos dos días “Mi sangre…” al pensarlo al fin fue completamente conciente de lo vivido, de la violación, del dolor, de la locura, de su abusador, el que ahora dormía en su cama, su único (¿y por ello mejor?) amigo.



Cerró la puerta lentamente, huyendo de esa visión, de pronto y tenía ganas de llorar con una rabia acumulada como de toda su vida, como si esos últimos 3 días le bastaran para haberla completado. Pero trató de calmarse, la fiebre de Morinaga era peligrosa, y él no quería hacerle daño, aunque tal vez por dentro un dejo de venganza estaba creciendo de a poco en el pecho de senpai.



Y así, aforrándose a su ya débil autoengaño, caminó ahora algo más histérico un par de pasos más y abrió su propia puerta con algo de extraño miedo. Ahí estaba Morinaga, respirando agitado, sobre la cama de senpai, sudando frío; se veía tan débil, tan exhausto, tan diferente a como se vio hace dos días cuando lo forzó así.



- ¿Mori…naga? – lo llamó con extraña timidez, de pronto el haberlo visto así hizo que toda su rabia y odio se fuera, y solo quedó una extraña timidez, y una gran preocupación.



Se acercó, había olvidado él mismo lo ilógico que era al preocuparse de su propio atacante, al querer cuidar al tipo que hizo esa mancha negra con su propia sangre, y ¿por qué no? al culpable de que Yamagushi tal vez lo supiera todo.



Casi sin pensar pone una mano en su frente, el miedo se había intercambiado del todo por la preocupación, Morinaga estaba ardiendo. Y al fin pudo volver un poco a su naturaleza “normal”, ya sabía qué debía hacer, y eso para su mente significaba centrarse en una meta, y así su cuerpo también dejó de temblar y su templanza volvió a él, el tener claro lo qué debía hacer, era suficiente para serenarlo, concentrarse, y trabajar como siempre.



“debo bajarle la fiebre” y eso bastó.



Senpai volvió a su seriedad habitual (aún sin embargo, algo floja) y fue hacía el baño, Kanako le había dado un bolso con algunas medicinas y cosas por el estilo si es que alguno de ellos se enfermaban, sí, ahí estaba, y entre parches y otras cosas había un termómetro, no había problema, siempre había cuidado de Kanako y Tomoe cuando ambos se enfermaban de pequeños, no era difícil.



Caminó ahora seguro y rápido por la casa, mientras movía velozmente el termómetro para dejarlo en 0°, pero al llegar a su habitación, su paso seguro se debilitó un tanto, y su expresión de seriedad se endureció, como queriéndose sostener en su rostro, sabiendo el miedo interno que sentía senpai.



Tragó saliva una vez más, entró y de inmediato y con una frialdad forzada comenzó a correr la camiseta de Morinaga para poner el termómetro en su axila y terminar con esa mierda de una vez por todas, pero al sentir su piel debajo de sus dedos, tiritó, y se sorprendió a sí mismo de tiritar, de esa agitación que de pronto lo embargó, y sus dedos se rozaron más contra esa piel húmeda de sudor enfermo, y la cara de senpai cambió del todo, ahora era una seriedad confusa, y un sonrojó lo coloreo del todo, no pensó, sus dedos acariciaban sumidos en la textura ajena de esa piel extensa; y senpai solo fue conciente de lo que hacia al sentir la tetilla de Morinaga debajo de sus dos dedos, había sido tal el cosquilleo de estos ante esa tetilla endurecida por los escalofríos que no pudo evitar notarlo.



- nn… - Morinaga había gemido por lo bajo también, al sentir ese tacto en su cuerpo, después de todo, siempre en sus delirios de enfermo había aparecido un senpai tocándolo, lastima que nunca sabría que eso habría ocurrido una vez en la realidad.

- ….!! Senpai se aparta, el termómetro rueda peligrosamente por la cama. Y senpai está a punto de salir corrieron, rojo entero, confundido del todo y un tanto excitado, y lo hubiera hecho seguro si no hubiera sido por una tos ahora más fuerte que expulsó Morinaga con gran pesar, y en el momento justo.



Entonces senpai se calmó, y quiso olvidar lo que acababa de suceder, y se esforzó como nunca en hacerlo, rápidamente puso el termómetro en la axila de Morinaga, aun sonrojado e ignorando como pudo el cosquilleo de sus dedos al querer acariciar más esa piel ajena. Y tras hacerlo, senpai fue volando al baño, a mojarse la cara, a decirse “no! no! qué me pasa? Qué mierda fue eso?!” y ahí estaba ese condenado espejo otra vez, que mostraba su confusión, su extraño sonrojo, y su agitación debajo de esa cara mojada “esto debe parar…” se dijo con odio a sí mismo más que para Morinaga, de alguna forma, sentía que era “todo esto” más su culpa que la de él.



Volvió a la habitación, la respiración de Morinaga y su sonrojo habían aumentado, senpai consideró que lo mejor sería sacarle su chaqueta, pero no se atrevió a tocarlo otra vez, aún faltaba para que el termómetro diera su respuesta, y tal parece que senpai solo había ido a su habitación para mirar a Moringa, verlo así, tan débil, de alguna manera lo calmaba, lo gratificaba, su cara se relajó otra vez, y suspiró. Decidió ir por un paño frío para bajar su fiebre.



Fue a la cocina, y tomó un pote cualquiera al cual le echó agua y un solo cubo de hielo del congelador, y tras coger un paño limpio otra vez caminó a su habitación, sin pensar en nada, como si otra vez del extremo de la histeria hubiera pasado al extremo de la pasividad, o tal vez porque el hacer una tarea, un fin, ya lo serenaba al centrarse en algo.



Al llegar a su habitación movió su silla de escritorio al lado de la cama, se sentó en ella poniendo el pote con el paño dentro sobre su velador, se preparaba para la tarea de bajar la fiebre de Morinaga, y tras un nuevo suspiró la comenzó.



Primero pasó el paño frío por su cara, todo su rostro y después por el cuello, y así estuvo un largo rato, viendo el rostro de Morinaga, sintiendo cómo era acariciado por él indirectamente a través de ese paño frío. A mitad de ese trabajo, había visto el termómetro al fin (tras evitar de forma muy efectiva el no tocar su piel) Morinaga tenía 38,5 grados “mierda” había pensado, y continuó con su trabajo de forma eficiente (como es él en todo en lo que se esmera) hasta que la respiración de Morinaga dejó de ser agitada. Volvió a ponerle el termómetro de la forma más mecanizada posible y pensó “ahora debería llamar al médico” no lo había hecho antes porque aún él y Morinaga estaban demasiado agitados cada cual a su manera; pero “la habitación!” es cierto, debía al menos ordenar la habitación de Morinaga si no quería que pasara lo mismo que con Yamagushi, y la idea de que pudiera pasar algo así otra vez, le hizo sentir ese asco de hace una hora, ese asco que carcomía el alma, que hacia repulsiva de una forma intolerable la situación.



“sí, debo… limpiar eso…” no bastaba con cerrar la puerta, ya no.



Senpai deja el paño frío en la frente de Morinaga que ya había bajado su sonrojo, en un rato vendría a buscar el termómetro y ver cómo va, era extraño el poder preocuparse de Morinaga y a la vez sentir ese asco horrible de una situación de la cual era culpable el mismo Morinaga. Pero el corazón de senpai, ya desde siempre extrañamente contradictorio y algo confundido, podía sentirse así, más aún por prácticamente el trauma del que era victima, y tal vez, aún no conciente del todo, ya que una cosa era ser conciente de lo que había ocurrido y la violencia/locura que había envuelto esa situación, y otra era ser conciente de que por lo vivido senpai podría estar afectado, traumado, desquiciado a su vez.



“limpiarlo, borrar todo de ahí!” pensó casi enloquecido, caminando rápido a esa habitación, tiritando a su vez, lleno de una extraña convicción, sí, el sentimiento de querer borrarlo todo le daba una fuerza que no había tenido en todo ese día, debía eliminar de raíz todo lo vivido, quería hacerlo.



Pero al llegar a la puerta se detuvo en seco, duró apenas un segundo pero se detuvo con miedo, le tenía más miedo a esa habitación que al mismo violador que dormía en su cama, pero endureció su rostro, debía “borrarlo todo” y abrió la puerta, caminó dentro unos pasos, y vio la cama revuelta, caminó otros tantos y la mancha negra se volvió roja, no era demasiado grande, pero aún así era notable y adivinó que seguro era visible desde el pasillo.



La quedó mirando unos momentos, sin darse cuenta de su propia mirada melancólica y mucho menos conciente de que su mano la estaba tocando, lentamente, sintiendo la textura de su propia sangre seca; sus ojos no reflejaban miedo sino extraña tristeza como si esa mancha significara algo preciado, perdido en el recuerdo, más que lo que en verdad significaba. Pero esto apenas duró unos segundos, rápidamente senpai apartó su mano bruscamente, histérico.



“…..” ahora tenía miedo, pero miedo de él mismo.



No pudo pensar, aunque ahora lo intentó (antes lo evitaba) aun así no pudo pensar, quedó completamente desconcertado, tiritando, mirando alrededor de la habitación buscando qué pensar, qué hacer, y su mirada pudo centrarse en los cojines por el suelo, las frazadas corridas, y al fin en la sábana revuelta… “la sábana”, es cierto, él vino a rehacer la cama, y solo debía procurar rehacer la cama, y con estos penosos pensamientos senpai senpai pudo bloquear la conciencia de lo que estaba haciendo, pero no porque hubiera recuperado la habilidad de autoengañarse, la verdad, era que lo que acababa de hacer era tan impactante en sí que era como si bloqueara por sí mismo, era suficiente… “rehacer la cama, y nadie sabrá nada……… nadie sabrá nada?” y senpai fue



Pero contrario a cómo senpai pudo alejar su conciencia de su acción anterior, no pudo así hacerlo contra ese aire criminal del cual se dio cuenta con demasiada crudeza, y por el cual pudo así ser consiente del mismo extraño ambiente que sintió Yamagushi, y del que el mismo senpai había caído con lo que antes había dicho, con lo que él planeaba, de la complicidad extraña que consigo mismo estaba creando; ocultarlo de Yamagushi, de la enfermera, del profesor, casi del mismo Morinaga… y sí, eso quería, que incluso Morinaga no supiera lo que él mismo había hecho, ¡oh, si eso fuera a ser posible! Que Morinaga hubiera olvidado todo, que fuera solo un horrible secreto y a la vez casi un recuerdo preciado sólo para senpai, nadie más lo debía saber, nadie más podía ver nada, nadie más podía enterarse de la locura vivida ahí por ambos.



Estos pensamientos enfermizos y fantásticos extrañamente lograron calmarlo, y casi con conciencia volvió a acariciar su propia sangre en esa sábana, como si se despidiera de ella, como si estuviera sellando lo antes pensado y así transformándolo en realidad; y a continuación (y tal vez por lo pensado) su fuerza volvió y arrancó la sábana fríamente (pero con su delicado sonrojo ya característico), y vio que en el colchón había quedado una pequeña marca, como si su sangre se hubiera esparcido en la sábana más que concentrarse en el colchón, y al verlo se embargó otra vez en extraños pensamientos, casi como emociones, como si esa mancha pequeña significara que seguiría el recuerdo eterno de esa violación en aquella cama, en la cama de Morinaga, siguiéndolo por siempre, no era una mala idea, no era algo que lo disgustara, y le fue extraño, apretó más las sábanas en las manos sin darse cuenta, y continuó sin comprenderse a sí mismo, sin entender su propio sentir, sin creerse a él mismo de que esa mancha no lo asustara ni le hiciera sentir odio, más bien, le hacía sentir esa pasividad que lo había seguido hace días atrás, la misma que sintió al ver a Morinaga en la mañana entrar al laboratorio, la misma que dejó que él lo besara, y que lo hizo apretar su mano en la suya, y “sí…” la misma que lo hizo dejarse violar por él.



Senpai, ya no histérico pero sí perturbado, arrojó la sábana en medio de la habitación, como si en realidad alejara sus pensamientos/emociones, y comenzó a buscar un nuevo juego de sábanas de Morinaga, que seguro estaría en algún lado de la habitación, y registrando sin ningún sentido de culpa (como siempre), el destino tal vez le jugó paradójicamente una pasada pues senpai en su sacar y buscar en los cajones, se cruzó con la misma camiseta amarilla que borracho había sermoneado el día del “primer abuso” pero que ahora siquiera recordaba y le pasó desapercibida.



- ah, aquí… - dijo con contradictoria tranquilidad tras encontrar el nuevo juego de sábanas, y comenzó a hacer la cama con destreza, pues era una de las pocas tareas caseras que manejaba, y mientras la hacía su mente divagaba en la emoción de los pensamientos antes fantaseados, en que al acabar de hacer esa cama nadie sabría nada, todo estaría borrado, siquiera Morinaga lo sabría.



Tras terminar, miró con cierta conformidad su trabajo, y se alegró (sin darse cuenta de lo raro que era hacerlo) de que todo hubiera sido “borrado” tan bien, quién creería que ahí, detrás de frazadas, y sábanas limpias, hubiera una pequeña manchita como único testigo de lo vivido.



Y senpai tuvo una extraña sonrisa en el rostro, como si ya estuviera loco de todo lo vivido, en ese momento nada importaba, todo estaba borrado, él nunca más lo recordaría.



Y tomando la sábana sucia, el último testigo, se la llevó al baño, y la tiró con desprecio a la ropa sucia, sin mirarse en el espejo, sin importarle nada.



Fue después a la habitación de Morinaga, se sentía ahora extrañamente superior a él, como si hubieran intercambiado papeles, es verdad, él estaba debajo de él ahora, débil, enfermo, necesitando su ayuda en su propia habitación; senpai sacó el termómetro de su cuerpo ya sin temblar, y vio: 37,5. Era hora de llamar al doctor; y cuando Morinaga se curase, cuando él despertara, senpai no sentiría miedo, porque sentía ilógicamente que todo volvería a ser como antes, sí, senpai había caído en una extraña locura, casi igual que como la de Morinaga, que no se arrepentía de la violación que senpai tan fuertemente quería olvidar.



Éste volvió a humedecer la frente de Morinaga, sintiendo y pensando que en verdad eso sucedería, todo se olvidaría; Morinaga suspiró y tosió con suavidad, como un susurro, y entonces senpai sintió una clavada en el pecho, se dio cuenta que era dolor, dolor de ver a Morinaga así, sufriendo, el mismo dolor que sintió cuando le vio dormir llorando por él hace unos días, lo que había hecho que él lo invitara a hacerlo, algo que nunca creyó que iba a ser capaz de hacer, menos de querer hacerlo.



Y al darse cuenta de hasta qué punto podía estar preocupado por él, también se dio cuenta de que no podía dejarlo, ni dejar que él lo dejara, por supuesto, de lo contrario ¿por qué no se había largado hace tanto tiempo de ahí, incluso ahora, cuando tenía la excusa/razón perfecta (la violación) y la oportunidad perfecta (Morinaga enfermo sin poder moverse)?



Pero tal vez por eso mismo senpai no lo dejaba, por la violación misma y porque ahora Morinaga estaba dependiendo de él de forma tan devastada. Y entre emociones y pensamientos por primera vez en sincronía, senpai rectificó su decisión de no dejar a Morinaga ni dejar que él lo dejara, bastó solo recordar cómo días antes había seguido a Morinaga a su habitación obligándole a gritos que abriera la puerta, haciéndolo llorar, robándole besos que Morinaga luchaba en vano por rechazar, sí, él lo había seguido, y no solo esa vez, desde mucho antes senpai había sido el que en realidad iba tras él, el que golpeó su puerta furioso cuando desapareció, el que no lo dejó ir, el que era capaz incluso de acostarse con él con tal de obligarlo a quedarse, a pesar de ser conciente de cómo sufría Morinaga por ello… senpai lo había destruido mucho antes de que Morinaga lo hiciera con él. Habían cosas imborrables. Y senpai ahora lo entendía y aceptaba.



- je… qué vamos a hacer? – y sin darse cuenta le acarició el cabello con resignación nerviosa – no sé… ahora siquiera cómo hacer… como si nada hubiera pasado…



Pero Morinaga no contestó, sumido en su sueño profundo, y por ello senpai, tras ponerle el paño ahora otra vez frío en su frente, volvió a sus casillas, y se levantó para llamar al doctor, después de todo, todo ya estaba “oculto”, podía llamarlo en paz, al menos sabía que Morinaga no iba a poder decir nada, no porque estaba dormido y seguro seguiría así, sino porque en su mente Mori no podría hacerlo, no diría nada.



Él prácticamente era suyo, lo había decidido en silencio.



CONTINUARÁ.




No olviden comentar! Cartas de muerte también son aceptables x3 ya sea en blog mismo o en mi correo:


Gracias por leer n.n/

sábado, 28 de mayo de 2011

"Las manos de mi madre" de Roque Esteban Scarpa.



Hola queridos lectores, aquí pongo un poema que me dio mi profesor, para que no se pierda en la nada del olvido (xD); por favor léanlo, al final explicaré algo que les conmoverá.



LAS MANOS DE MI MADRE

(Roque Esteban Scarpa – 1914-).



Miro tus manos. Pienso cuánto trabajo y caricia

entremezclados tienen sus tactos. Cuánto poder de amor,

hasta ayer ejercicio, movió almas y cosas. No me engaña

quietud con que las posas, con abandono, en el regazo.

Manos para ser mimadas por lo que consolaron,

manos para ser servidas por tanto que se dieron,

manos para la triste enfermedad y la alegría abierta,

manos de los diarios dolorosos adioses expresivos

y modestas en los gozos de los reencuentros.

Contienen esas manos tanta vida que los demás perdieron

al entregarse en vivir sin guardar memoria.

Miro tus manos, calidas, candidas palomas,

y de ellas, como lino leve, a mi piel se transfunde

aquella caricia con que me recibió la vida.



Bueno, en una clase mi profesor ocupó los versos:



“manos de los diarios dolorosos adioses expresivos

y modestas en los gozos de los reencuentros.”



El caso es que él nos relató que el autor de este poema (serenense y amigo del profe) tenía una madre que en esa época ya cumplía 100 años de edad, no veía ni casi oía por ello, y por eso cada vez (diariamente) que el poeta, ya mayor también, se despedía de su madre ella sólo podía apretar sus manos, pero no como un simple “adiós” sino más bien era por si no la encontraba con vida una vez que él volviera. Y por eso también “gozos de los reencuentros” pues ella también le daba la bienvenida apretándole las manos.



Espero que esto nos haga decirle todos los días a nuestra madre que la queremos, pues aunque somos conciente que ellas lo sabe, aun así nunca está de más decírselo, ya que nunca sabemos si nos verá o la veremos cuando regresemos.

viernes, 27 de mayo de 2011

"La Quintrala" (fragmento perturbante xD)




Hola otra vez, aquí un FRAGMENTO del libro La Quintrala de Magdalena Petit, lo leí de una pasada porque me gustó mucho, y para tentar la lectura e aquí una parte del libro perturbadora xD seamos honestos, por eso lo leí jajaja. Bueno, besos, no olviden que hay muchos buenos libros que leer! Ahora a por la Araucana y Malincha! jojojo





“La pequeña Catrala se agita en su lecho sin poder dormir. Su imaginación está llena de las visiones de la procesión de sangre; recuerda lo que les ha contado la Josefa, a ella y a su hermanita mayor, sobre cada anda, sobre los penitentes y sobre el infierno. Tiene presente a un hombre que llevaba los brazos atados a una cruz y que de pronto se desmoronó sobre sus piernas, cayendo al suelo: la Aguedita se había arrimado a la Josefa mientras sacaban a un lado al muerto y seguían pasando y pasando los disciplinantes en el vocerío.



- ¿Y por qué algunos se azotan ellos mismos? – había preguntado la pequeña Catrala.

- Para castigarse por sus pecados y obtener perdón de Dios – había respondido la Josefa.

- ¿No será porque les gusta?

- ¡Cómo les va a gustar! Si duele muchísimo, tienen que ser muy valientes para soportarlo.



En balde se da vuelta en la camita la niña; el sueño no viene: una idea fija lo espanta. La necesidad de realizarla va creciendo e imponiéndose, vehemente. La niña, al fin, salta de la cama. Cuidando de no hacer ruido, avanza, como gatita cautelosa, hacia la puerta que da al corredor. Allí tropieza, empujándolo, con un taburete. Le parece tan fuerte el sonido del roce contra el suelo, que permanece un momento anhelante: cree haber desertado a todos los de la casa…, pero nada; sigue, tranquilizador, el silencio nocturno. Se pone entonces de pie y se desliza por el patio, donde una débil luna, en medio de los esfuerzos de sus rayos por desencapotar el cielo, alcanza a clarear. Se detiene la chica frente a un cuarto, cerca del comedor; abre despacio la puerta, tantea contra la pared izquierda, buscando algo. Como no lo alcanza, empuja completamente la puerta, haciendo penetrar un poco de luz, y arrima una silla para elevarse a la altura de una tira de cuero con la que castigan a los esclavos del servicio cuando así lo ordena el dueño de casa.



La niña ha manifestado curiosidad por asistir a estos castigos, pero sin conseguir satisfacerla. Sabe, solamente, dónde se guarda el azote, y que es Pedro el encargado de manejarlo.



Su manito, ligeramente trémula, logra al fin descolgar el látigo, mientras el corazón le palpita con ese goce mezclado de temor que experimenta siempre que comete algún acto prohibido.



***



El oratorio está sumido en una atmósfera plomiza en la que flotan todavía emanaciones de incienso y de humo de cirio. El aceite de la lamparilla se va extinguiendo y la llamita aletea, moribunda. Sobre el altar, vagamente, se adivina la imagen de una “Inmaculada Concepción”.



La avanzada hora nocturna matiza de misterio la quietud del recinto sagrado: llama a la oración sobrecogida de un alma en inefable comunión con Dios. De pronto se abre una puerta y la ráfaga de aire frío que agita la atmósfera tibia arrastra en su corriente una forma humana frágil. El ambiente de paz cristiana se va perturbando. No es ésta un alma mística que viene en busca de oración: ante el altar, desnuda, se está disciplinando una diminuta sacerdotisa pagana.



Va y viene el látigo, torpemente primero. La mano inexperta y débil se hace más diestra, poco a poco, y va y viene el látigo. Va y viene, va y viene. Presa de frenesí, como un exótica danzante, la Catralita se disciplina….”.



Fragmento de La Quintrala de Magdalena Petit.

Ed. Zigzag. Cap. 2, pás. 15 a 17).



Nota: Maldito impuesto al libro! Todo es tan caro en Chile! Les conviene que la gente no lea para que puedan pasar de ella, verdad? ¬¬

jueves, 26 de mayo de 2011

Cap 12: fanfic de The Tyrant Who Fall in Love / Koi Suru Boukun.


Nota previa: uff! Pasé un terror de muerte, no podía acceder al blog, pero después de muchos intentos al fin puede hacerlo, siento a las personas que les mandé un correo avisandoles de mi actualización con otra dirección, y es que no podía esperar más, llebaba como una hora algo peliando con esto xD, bueno, aquí sí, donde pertenece, mi querido blog!!!



Hola! Espero que esta actualización se considere “rápida” para no sentirme culpable de hacerles esperar demasiado como las veces anteriores jeje. Como pudieron haber sospechado mi universidad sigue en paro y en toma, pero está bien, yo soy de las que apoya! Y no precisamente para no tener clases, al menos yo no, aún debo estudiar en casa, leerme 3 libros y transcribir 2 capítulos de un libro, sin contar las matrices de blablablabla xD etc.

La trama de mi fic me está gustando mucho porque ahora pasamos del dramón casi al crimen psicológico xD wiwiw soy feliz, y los próximos capítulos seguirá en esta onda psicológica (ya conocen a senpai, je). Muchas gracias por todo el apoyo y la espera, espero continuar este fic a este ritmo *-*. Y también, seguiré trabajando en otros one shot de algunas parejas, como de Rusia, les gustó? Todo el sadismo y más aquí! En caetedeltecho xD.

Bueno ya el fic, provecho! Espero sus comentarios n.n/





Cap 12:



Senpai piensa muchas que no logra relacionar en esos 4 segundos de impacto y preocupación desesperada, antes de dejar a Morinaga en el suelo y correr casi sin pensar hacia la puerta del laboratorio, deslizándola violentamente produciendo un fuerte golpe y gritar de forma casi irracional pidiendo ayuda.



- ¡ayuda, alguien! – gritaba aún sosteniendo cada extremo de la puerta abierta – ¡Morinaga se ha desmayado! – como si todo el mundo que pudiera estar en el pasillo lo conociera, aunque igualmente todos lo miraron asustados, primero por el ruido sordo, después por el grito, y finalmente por ver quién gritaba: Souishi Tatsumi, bien conocido en el campus de agricultura por su excentricidad y mal humor.



Pero gracias a dios (o porque este es un fic xD) un grupo rezagado que pasaba casualmente por ese pasillo sí conocían a Morinaga, ya que eran sus compañeros que habían salido del mismo examen de éste e iban de camino a la cafetería, cansados pero con mejor cara que su ayudante (N/A: recuerden el grupo de estudiantes que fue a encarar a senpai cuando Morinaga desapareció la segunda vez).



Ese grupo puso verdadera atención (no solo “miedo” como los demás que estaban en el pasillo) al haber oído el nombre de su compañero (honestamente, querido por todos) y de la boca de senpai.



- Qué?

- Morinaga?

- Qué le pasó?



Preguntas como esas sonaron en el grupo que pecó de inutilidad por el asombro y miedo honestamente preocupado hacia su compañero, pero fue Yamagushi el único que estaba impactado más que anonadado y pudo creer de a primeras las palabras de senpai.



- ¿desmayado? – preguntó con el rostro contraído, había rememorado de inmediato el desmayo que había tenido Morinaga el año pasado, que él consideraba que no era más que culpa de la tiranía de senpai y el corazón demasiado amable de su compañero (aunque no es que odie a senpai, le tiene demasiado miedo para hacerlo).



Y senpai, al verlo en su ojeada de caras histérico (en realidad Yamagushi es al único que reconoce además de a Mori) lo reconoció y llamó casi gritando:



- ¡Yamagushi! – y él brincó – ¡ve a buscar una camilla, rápido!

- Ah! s-sí! – y partió sin dudar a la enfermería, despertando de sus recuerdos, y siendo seguido por dos de sus compañeros mientras los demás se aventuraron (en especial las chicas) a entrar tras senpai que se había esfumado dentro del laboratorio otra vez. Lo vieron cogiendo a Morinaga en sus brazos (ignoró el dolor en su trasero al agacharse de esa forma tan brusca) y lo miraba completamente angustiado con otra sopa de pensamientos inconexos en su mente. Los compañeros de Morinaga no sabían si estaban asombrados por el mismo desmayo de Mori o por ver al senpai así, nunca lo habían visto honestamente preocupado hasta el punto de la angustia (creo que siquiera preocupado lo habían visto).



Todo esto había ocurrido en pocos segundo.



Senpai escuchaba de lejos (aunque ya estaban a su lado) las frases nerviosas de los compañeros de Morinaga sin poder comprender nada de lo que oía, solo veía angustiado a Morinaga con la mandíbula tensa.



- ya decía que se veía demasiado cansado…

- estaba muy pálido en el examen, verdad?

- era el que estaba con peor cara…

- qué le habrá pasado? Él no necesita esforzarse tanto…



Comentarios de voces desconocidas, entre curiosas y honestamente preocupadas. Y de pronto…



- Morinaga… - una voz más suave que las otras, más dulce y honestamente del todo preocupada se acercó, senpai sintió como alguien se arrodillaba a su lado (y solo por eso en realidad la vio) y sacado un pañuelo rosa claro (tenía que ser de ese color) recogió suavemente el sudor frío de la frente de Morinaga. Y senpai la reconoció, era la chica a la que le gustaba Morinaga (aunque seguro él ni sabía) y expresaba la tierna preocupación por el chico que le gusta y que no pudo mostrar tras el examen pues éste salió corriendo (peor para su salud) al laboratorio de senpai, y claro, ella con su inocencia solo pensaba que era un ayudante admirable (más puntos para su amor no correspondido).



Senpai, hasta entonces completamente anonadado aún por el desmayo de Morinaga, al verlo siendo tocado levantó la vista y vio a la chica del todo, y la chica también lo miró, dulce, con tierna preocupación (un poco de sonrojo en las mejillas incluidos) pero por dentro, tal vez por instinto femenino, sintió que senpai no quería que ella tocara a Morinaga, y no se equivocaba del todo: senpai la miraba aún impactado, sin saber qué hacer, pero ya no con ojos sorprendidos o simplemente contrariados por la impresión, estaba casi enfadado, no enojado, pero su mirada rehusaba a la joven, no debía estar ahí, no debía hacer lo que estaba haciendo, no debía tocar a Morinaga. La chica lo sintió, y con mirada curiosa y con la preocupación hacia Mori, lo quedó mirando confundida, mientras senpai sentía por dentro muchas sensaciones confusas: preocupación, miedo, asombro, y ahora una leve sombra de celos. Pero no se dio cuenta, como esa vez hace tiempo que sintió celos de Masaka y nunca cayó en ello.



Pero ese extraño ambiente, y miradas de senpai y la chica duraros apenas pocos segundos, y nadie lo notó (tal vez siquiera la chica del todo) no hubo tiempo, había llegado Yamagushi con sus dos compañeros y una enfermera, y de pronto Morinaga ya iba a lo largo del pasillo, y senpai se vio corriendo a su lado, chocando con gente, oyendo sin comprender las preguntas de la enfermera, y sin importarle el grupo (aún entre preocupado y curioso) que lo seguía.



Un alboroto, un gran alboroto, ya en la enfermería senpai solo cuida estar al lado de Morinaga, pero sigue viéndolo en shock, sin hacer nada, completamente paralizado aún de la impresión. La enfermera hace salir a todos, pero cuando le dice a senpai que salga también Yamagushi le dice que él es el senpai del joven desmayado, el cual es su ayudante y entonces ella decide dejarlo dentro de la enfermería con Yamagushi (el que, ya que fue a buscarla y parece conocer bien la situación, decide dejar dentro también).



Morinaga ahora está en la cama, y de inmediato la enfermera le ha puesto un termómetro, lo más importante ahora es bajar su fiebre.



- ¿qué ocurrió exactamente? – pregunta al senpai.



Pero senpai sigue en silencio, por un momento Yamagushi se asustó al verlo de tal forma impactado, como si fuera a llorar de pronto.



- senpai?



E ilógicamente senpai vio a Yamagushi como si fuera Morinaga, ¿quién más le llama “senpai” si no se relaciona con nadie? Pero al ver quién realmente era despertó al fin de su estupor, y vio otra vez a Morinaga, vio donde estaba y al fin a la enfermera.



- eh?

- le pregunto qué a pasado, está usted bien?

- Ah, s-sí, solo que… fue la impresión, disculpe… él… él se desmayó en el laboratorio…



Yamagushi lo miraba con viva atención, también quería enterarse de qué había ocurrido, y además, seguía sorprendido por esa extraña conducta de senpai, y Morinaga así… ¿qué había pasado?



- ¿pero cómo fue? ¿él se sentía mareado, cansado tal vez? - las preguntas de la enfermera apuntaban sabiamente a los hechos cotidianos que solían ocurrir en la universidad: jóvenes resfriados por haber estudiado demasiado, o desmayados por falta de sueño, o que se habían sobreexigido a pesar de un resfriado. Todo esto ella esperaba aclarar con sus preguntas, mientras ágilmente trataba a Morinaga con paños húmedos, limpiándole el sudor y enfriándole la cara.

- Eh, sí… él parecía… cansado y… muy acalorado… - miraba la nada como si estuviera viendo otra vez esa visión de hace apenas unos minutos antes, lo recordaba “senpai…” llamándolo débilmente.

- Él… - intervino Yamagushi, al ver que senpai aún estaba demasiado perplejo – había salido hace poco de un examen muy importante con nosotros, todos estábamos cansados pero él… lo parecía más que todos. – dijo bajando la mirada, como si esto le apenara como algo personal, y tal vez así era, Morinaga era su amigo, y estaba casi creyendo que por culpa de senpai él estaba así.

- Ya veo, antes, había ocurrido algo así? – preguntó la enfermera, pues no era del todo normal que un estudiante estuviera cansado, resfriado, y saliendo de un examen todo junto.



“¿Antes?” pensó senpai, y recordó la escena del año pasado, cuando de pronto por Yamagushi se enteró que Morinaga se había desmayado, y sin pensar vio a éste, Yamagushi lo miraba nervioso…



- s-sí… ya había pasado… - Yamagushi vio a la enfermera a los ojos – el año pasado… también se desmayó por un resfrió… él – tragó saliva y vio a senpai, después otra vez a la enfermera – él tenía mucho trabajo en esa época…



La enfermera, notando el intercambio de miradas tenso, indagó más – es eso… cierto? – le preguntó a senpai.



- … sí… - miró hacia abajo – es cierto… en ese momento… él tenía mucho trabajo con mi investigación porque yo no estaba y ahora… - y se dio cuenta – tuvo que estudiar mucho… - no pudo profundizar más, sospechó entonces que Morinaga no había dormido bien, tal vez siquiera dormido, pero en realidad no sabía donde había siquiera pasado la noche, ¿qué más podía decir?

- Ya veo… - la enfermera bajó la vista, recogió el termómetro, 39,5 grados, tensó su rostro – debo bajarle la fiebre de inmediato, cuando lo haya hecho debe ir a casa a descansar y deben llamar a un médico de inmediato, sospecho que necesitará de una inyección, no parece ser un resfriado común. ¿usted sabe dónde vive?

- Ah, sí, él vive conmigo.



Yamagushi se sorprendió más al oír eso que por la expresión vista hace unos minutos de senpai, lo miró atónito, no se esperaba eso. Y senpai que lo había dicho con honestidad despreocupada por las impresiones vividas solo notó lo que había dicho tras haberlo hecho, y sintió la inevitable mirada pesada de Yamagushi sobre él. Se miraron ambos, senpai después esquivo la mirada, hizo una expresión lo suficientemente alarmada para que Yamagushi se sorprendiera más, incluso sospechara mil cosas.



“¿Morinaga vive con senpai? Pero… desde cuándo, y por qué? Sé que son buenos amigos pero… es decir, es senpai!” la imagen de tirano de senpai no podía sacársela de su mente, ¿quién en su sano juicio iría a vivir con un loco como ese? Y Morinaga…” claro, él podría, la imagen que tenía Yamagushi y sus compañeros de Mori era de un joven alegre, amable y de corazón tan cálido que era el único que era capaz de lidiar con ese tiránico… Vio a senpai nuevamente, el cual por lo anterior dicho miraba el suelo sin decir nada, y se preguntó seriamente si ese tipo no estaba abusando de Morinaga, es decir, bien ya sabía que abusaba en alguna medida de él, pero en verdad hasta este extremo?



Pero la enfermera cortó sus pensamientos fugases.



- Bien, su senpai puede quedarse, pero usted debe ir a clases, basta con que una sola persona lo cuide.

- Ah, s-sí… - Yamagushi, demasiado impactado para reaccionar de mejor manera ya se iba hacia la puerta.

- Yamagushi – pero la voz de senpai lo detiene, él voltea y lo mira. Senpai se ve más nervioso que antes, y ¿sonrojado? Nunca lo había visto sonrojado en su vida! Hoy ha sido un día de demasiadas sorpresas para él.

- P-perdona, podrías ir a neutralizar mis cultivos? Por favor…

- “¿por favor?” ah, s-sí, de inmediato, senpai.



Y se va, sin siquiera saber a cuáles cultivos se refería senpai, el cual tampoco cayó en cuenta de eso.



Se sentó en la silla al lado de Morinaga, que entre paños húmedos y parches fríos (N/A: esos que se usan en Japón, son tan geniales xD) era atendido por la enfermera de forma mecanizada y eficiente, pero senpai casi no lo notaba, solo oía la respiración acelerada de Morinaga y veía su sudor frío deslizarse por su cara. La enfermera no hizo más preguntas, ocupada solo en bajar la fiebre de su paciente esporádico; sabía que si quería hacer más preguntas debía hacerlas al paciente mismo, sospechaba como buena enfermera experimentada que este era otro estudiante que se sobre exigía demasiado para sus estudios, eso, sumado a tal vez algún problema personal, él seguramente era de los que se enferman cuando su cuerpo colapsa, pensó.



Senpai por su parte, el cual tenía muchas cosas que pensar, para variar no pudo concretar ninguna, sus pensamientos iban desde la confesión de estar viviendo con Morinaga que escuchó Yamagushi, hasta la confesión inquietante del propio Morinaga en su “yo no me arrepiento”, su desmayo, e incluso el estar ahí ahora mismo, parecía todo tan irreal… y las preguntas de la enferma, y las respuestas de Yamagushi, ¿acaso era su culpa que Morinaga estuviera así? “pero si él fue él que…!” El que le hizo todas esas cosas antesdeayer… por eso se fue… “es su culpa…” pero senpai no podía sentir odio, por qué? ¿Por qué no podía odiar a ese bastando que lo había violado, por el que su cuerpo dolía ahora mismo al estar sentado ahí? Por qué en vez de eso estaba preocupado, a su lado, esperando que su fiebre bajara…? “Yo… debería odiarte…”, sentía extraña culpa, no entendía qué pasaba, qué le pasaba a él y a Morinaga, si todo pudiera volver a ser como hace apenas unos años, en que apenas lo conocía y era su amigo, su único amigo, el único que podía soportarlo, el único que le hablaba y con eso bastaba, con él bastaba, no necesitaba a nadie más, lo ayudaba en el laboratorio, almorzaban juntos, y tenían conversaciones interesantes, no necesitaba nada más, quería volver a ser el de esa época, que fueran ambos otra vez a esa época pero ya estaban manchados, todo estaba sucio como esas malditas sábanas! Todo era asqueroso, no podían volver a ser lo que fueron.



- se encuentra bien?



La voz suave pero seria de la enfermera lo despertó, ¿cuánto tiempo había pasado? ¿Cuál era su expresión justo ahora? ¿ella lo vio todo?



- eh, s-sí, estoy bien… solo… - volvió a sus casillas – aún algo sorprendido…

- comprendo, pero no se preocupe, ya bajó su fiebre, pero debe ir a casa pronto y seguir siendo atendido o volverá a subir. Por favor, llame a un doctor a penas esté en casa si no puede llevarlo a un hospital.

- Sí, comprendo, eh, voy a buscar mis cosas y regreso…



Caminó sin pensar en sus pasos, llegó al laboratorio (tenía que pasar a través de él para llegar a su casillero) y olvidando a Yamagushi e incluso la instrucción (simple) que le había dado, se topó igualmente con él.



- ah.

- ah. – dijo el otro, tras ver a senpai abrir la puerta y entrar rápidamente –c-cómo está Morinaga? – la tartamudez lo a seguido todo ese día.

- Ah, bien… ya bajó su fiebre… y los cultivos? – recordó senpai.

- Ah, sí, están bien, neutralicé los que estaban sobre la mesa, supuse que esos trabajaba, y aproveché de hacer unas notas sobre cómo estaban antes de neutralizarlos.

- Ya veo, gracias. – senpai atraviesa el laboratorio, su mente un poco más recuperada de todas las impresiones volvió a su naturaleza inquisidora de científico y pudo suponer entonces que una tarea como la que hizo Yamagushi no tomaría tanto tiempo, es decir, ahora está ahí porque…

- ….. – pero él no dice nada. No se atreve a indagar más, tiene el presentimiento que pasa algo más grande que él, y siente la urgencia de ayudar a Morinaga, pero no sabe cómo ni en qué – em, senpai…

- Ah, sí? – justo cuando iba a entrar a donde están los casilleros, senpai se detiene, piensa que le preguntará sobre lo que dijo, sobre que él y Mori viven juntos ¿qué le diría entonces? No le quedaría más que reconocerlo… y senpai, pensando (o sintiendo más de la cuenta) le viene un escalofrío, como si Yamagushi pudiera saber qué hacen en ese departamento, qué han llegado a hacer, las locuras que ha vivido…

- em, ¿necesita ayuda para llevar a Morinaga a casa? – indirectamente, Yamagushi iba a eso, quería enterarse de aquello, saber al menos que Morinaga estaba en un buen sitio (costumbre japonesa) y de esta forma disimulada, saber un poco más, pues estaba bien enterado de que más palabras al senpai ya no podía sacarle.

- Ah, em… - senpai algo nervioso, o quizás ansioso, piensa de forma más detenida, es cierto que no puede cargar a Morinaga solo, pero definitivamente no quiere que Yamagushi vaya a su casa, aunque no sabe por qué.



Y se abre la puerta inesperadamente, Yamagushi y senpai visualizan al profesor Fukushima.



- hola, supe que Morinaga está enfermo, está bien? – con su preocupación casi paternal por su alumno, uno destacado en estudios y en amabilidad, el profesor se impresionó bastante al saber por los compañeros de Morinaga que éste se había desmayado, por lo que fue de inmediato al laboratorio a enterarse – Tatsumi-kun, qué pasó?

- Ah, profesor Fukushima, em… está bien, fue un resfriado… ya está mejor, ahora planeaba llevarlo a casa.

- Oh, ya veo – el profesor entra al laboratorio, y senpai siente un increíble rechazo hacia él, siendo que en realidad ese profesor siempre le a caído muy bien – oh, ya veo, sabes dónde vive? Puedo pedir la dirección, me la darían más fácil a mi si no la sabes.

- Ah. sí… vive con… - Yamagushi, que hasta ese momento había permanecido cortésmente callado, lo miró de reojo pero de forma penetrante – conmigo.

- Oh, de veras? No lo sabía, bueno, pero si necesitan un coche, podemos ir en el mío, ahora mismo estoy libre y así lo veo, quedé bastante preocupado…

- ….. – senpai mira el suelo, un escalofrío lo recorre – gr-gracias – qué más podía decir? No podía rechazarle a su maestro tan amable proposición, además, sería más que sospechoso el hacerlo.

- Entonces – dice Yamagushi, insistiendo y luchando por no perder oportunidad – yo lo ayudaré, de todas formas, hay que cargarlo.

- Oh, gracias – dice el profesor, sin notar el nerviosismo de ambos, pues la naturaleza de ese hombre mayor era demasiado ya serena para caer cuenta de eso.



Senpai va por sus cosas, Yamagushi guarda los cultivos, y el maestro revisas sus notas. En menos de un minuto se dirigen a la enfermería, senpai siente un sudor frío.



- oh, que bueno que llegaron, él ha despertado, pero aún no del todo. – la enfermera los recibió. – será mejor que lo lleven en camilla.

- está bien, los levaré en mi coche.

- Ah, profesor Fukushima, que bueno, eso me tranquiliza, estaba pensando ya en llamar mejor a una ambulancia.

- No hay problema yo… - blablabla, una conversación entre el profesor y la enfermera que senpai no terminó de oír, porque se cruzó con los ojos vidriosos y perdidos de Morinaga.

- Morinaga… - lo llamó sin pensar.



Y él lo miró, en su respiración agitada, ahora tenía 37,3 grados e iba en asenso, sentía su cuerpo pesado, su cabeza palpitaba, su boca estaba seca y amarga, y sus ojos ardían.



- senpai… - quiso alcanzarlo, pero su cuerpo no le respondía. Y senpai lo miró con ojos lastimeros y confundidos. Mientras, Yamagushi observaba todo sin perder detalle, sentía un extraño ambiente entre ellos dos, y cada vez se preocupaba más por su amigo.



Y llegaron al coche, en camilla Morinaga viajo ese largo pasillo, hasta el estacionamiento, y de forma lamentable entró al auto, a la parte trasera con Yamagushi que lo sostenía.



Senpai iba al lado del conductor, el profesor, y le iba dando las instrucciones de cómo llegar.



- Yama…gushi…? – Morinaga pudo reconocerlo, pero no pudo contestar las preguntas que le hacía, como tampoco supo quién era el conductor de aquel vehículo.



Senpai estaba nervioso, volvió toda la desesperación de golpe, y un sudor frío lo recorrió de forma asquerosa. Iban a entrar al departamento, iban a encontrar la suciedad de la cocina y el montón de loza en el fregadero, y peor, iban a pisar el suelo donde una vez Morinaga lo había atacado, donde habían hecho tantas locuras… y la habitación? “dios mio!” la habitación de Morinaga, aún estaba hecha un desastre, aún tenía sábanas sucias! Senpai tembló colérico, le costó respirar y debía cruelmente disimular ante el profesor, ante Yamagushi del cual ya sentía su mirada inquisidora; llevarlo a su cuarto, sí, eso sería lo mejor, no sospecharan nada entonces ¿y la puerta? “está cerrada verdad? Yo la cerré para no ver nada!”.



- es aquí?

- Ah! s-sí! Es aquí…



Bajaron, Morinaga tosía y entreabría sus ojos sin ver nada en realidad.

El profesor se estaba bajando del auto para ayudar a entrar a Morinaga, pero…



- e-está bien profesor, solo lo entraremos al cuarto… - dijo senpai, con expresión tensa, el profesor sí pudo notarlo esta vez y por cortesía natural no insistió.

- Ah, está bien, los esperaré.



Yamagushi lo mira de reojo, no sabe qué pensar de la actitud extraña de su senpai, “definitivamente hay algo raro aquí…”.



A tambaleos cargan a Morinaga, el cual pesa muchísimo con su cuerpo cansado, pero Yamagushi bien puede con él, senpai abre la puerta y entran, Yamagushi recorre el sitio con su mirada rápidamente, y senpai puede sentir esa horrible incomodidad, dios, como quisiera estar solo ahora mismo, siquiera con Morinaga…



- Por aquí. – senpai indica a la vez que ayuda a cargarlo, lo llevará a su cuarto, y en el camino ve la puerta cerrada de la habitación de Morinaga y suspira aliviado; Yamagushi, por mientras, sigue recorriendo el lugar, parece bastante normal a sus ojos, pero de alguna forma hay un extraño ambiente en él.



Entran a la habitación, no había forma de que Yamagushi pudiera saber que era la habitación de senpai y no la de Morinaga, al menos no en un vistazo rápido. Lo acuestan en la cama, Morinaga suspira, esa caída le produjo un gran mareo y ahora mismo tiene ganas de vomitar.



- gracias, ahora yo me encargo. – no miró a Yamagushi al hablarle.

- Está seguro? – pregunta él preocupado.

- Sí. – y volvió su convicción, miró a los ojos a Yamagushi y lo dijo con rostro severo, tal vez por estar ahora en su habitación se sentía más seguro.

- Ah, o-ok…



Senpai tiembla, no quiere siquiera acompañarlo a la puerta, solo quiere que ese tipo desaparezca. Yamagushi pareció notar esa vibración de odio.



- e-entonces me voy… - mira una última vez a su compañero y voltea para irse, lo que le permite ver más claramente el escritorio de la habitación y sobre él un estuche para gafas. “Esta no es la habitación de Morinaga.” se asusta de su propio descubrimiento, bien quisiera que todo fuera más simple, que nada tuviera este aire de crimen.



Pero camina seguro, sale de la habitación, y va por el pasillo, traga saliva nervioso “entonces, la habitación de Morinaga…” mira a la derecha, sí, debe ser esa puerta.

La abre, y senpai no oye ese ruido pues está sumergido en el asco que siente ahora mismo por la situación vivida.



Y Yamagushi observa, con el corazón en la garganta, y siente cómo se le detiene, porque tiene miedo de ese tirano, porque sabe que está haciendo algo malo y muy inapropiado… pero más se agita al ver esa cama desarmada, sin una sábana y toda revuelta con “una mancha negra…”. Yamagushi abre más los ojos, entra un paso, luego otro, y no sabe cuantos hasta ver claramente la mancha de sangre. Es sangre. “Sangre!” se aterra, se va corriendo, no piensa siquiera que pudo haber sido oído como fue, y cuando senpai cae en la conciencia de ese ruido extraño ya acelerado, sale de la habitación (aunque no sabría qué hacer al ver a Yamagushi haciendo lo que fuera que hacía) pero solo ve la puerta cerrarse.



- qué…? - no se atreve a ir tras él, conciente de no tener idea de qué hacer al enfrentarlo.



Afuera, el profesor espera con tranquilidad, preguntándose si Morinaga estará exigiéndose demasiado. Pero da un brinco en su pasividad al notar que su alumno entra frenético adentro.



- ah, qué pasó? – pregunta ingenuamente el maestro.

- …… - Yamagushi tiene los ojos muy abiertos, respira agitado y suda de nerviosismo, no puede pensar con claridad, pero sabe que debe contarlo todo, todo lo que vio, ¡esa sangre! Pero… – n-nada… está mejor…

- Oh… ya veo… - el profesor al fin siente un aire raro en todo esto, y planea mañana definitivamente entrevistarse con senpai, y ojala pronto, con un Morinaga recuperado, aunque no sospecha para nada, la locura que hay detrás de todo esto.



CONTINUARÁ.






Ya saben, comentarios y cartas de muerte a: shicakane@hotmail.com



Muchas gracias por todos los correos que me mandan! n.n/



Nota: algo nada que ver con esto xD tiene que ver en realidad con FACEBOOK, estoy corriendo la voz que para sacar ese maldito fondo negro de las imágenes (eso que no nos deja leer manga) se debe apretar F5 cuando la imagen ya esté con ese fondo negro. Esop, nos vemos!