Fanfic Koi Suru Bou Kun

Proyecto Challengers!

viernes, 15 de julio de 2011

Fanfic de Aru Hi Mori No Naka (doujinshi de KSB)



Hola! Este es una pequeña sorpresa, la verdad es que lo voy escribiendo hace mucho, por eso son como 11 páginas, y bueno, no lo había subido porque… je ES PURO SEXO XDDDD dios… ustedes saben que soy una fujoshi pervet hiper druper (para dudas, vuelvan a leer el cap 9 del fic de KSB, o el fic de RsuiaXlituania) y bueno en este fic expreso toda mi perversión y aunque esto es puro LEMON HARD aun así diré que el sexo es la mejor forma de expresar la locura de un amor, jojo, es mi escusa? xD en fin, yo amo este doujinshi, orejitas *////*! Bueno, espero que lo disfruten, para variar ADVIERTO QUE EL CONTENIDO ES MUUUUY FUERTE, pero sé que eso motiva a la mayoría, será xD.



ADVERTENCIA (una vez más): LEMON HARD, CONTENIDO NO APTO PARA GENTE NORMAL O EL FRIKI PROMEDIO, CUIDADO!



Fuera de eso, las que se aventuran, espero que lo disfruten:



ACORRALAMIENTO:



- Señor Lobo, déme de comer por favor.

- Ghh… pesas…



El oso lo tenía contra un árbol, un tranquilo paseo en la tarde se había transformado de pronto en un acorralamiento.



Entre los brazos del Oso, el Señor Lobo luchaba en vano para inclinarse hacia atrás mientras una gota nerviosa le caía por la frente. Oso la lamió.



- por favor… déme de comer… - decía con voz suave pero penetrante.

- … te di de comer hace dos días… - reprochó el Lobo, pero no podía sonar con la autoridad que deseaba pues su voz tiritaba.

- Pero necesito otra vez… - y empezó a oler descaradamente su cabello.

- …no puedo tan seguido… siquiera alcanzo a… sanar… - se removía lo que podía.

- Lo siento – y comenzó a lamer su cuello.

- Nnn…! – Lobo se contrajo.



Él se dejaba, desde que fue “comido” aquella vez, había sentido que de verdad ese oso había tomado su vida, por lo que después de aquello, no iba a luchar más… tomó esa decisión inconcientemente cuando le salvo la vida por segunda vez, aunque se lo dijo con otras palabras entre los barrotes de esa jaula.



Oso bajó por su pecho dejando pequeñas marcas de mordidas y chupones.



- nn!... no dejes marcas…

- …solo por estas partes… no se notará – susurró en respuesta mientras cada una de sus manos acariciaba cada tetilla del Sr. Lobo.

- Mpf….nn… - trataba de ahogar sus gemidos, mientras sus garras se enterraban en el tronco a sus costados, aguantando…



Miró al cielo, el viento movía las ramas de los árboles y pájaros a lo lejos se divisaban. Era como un sueño, cada vez que Oso lo “comía”, era como estar en inconciencia, como si no fuera real, y solo el dolor y las fuertes sensaciones lo despertaban de esa somnolencia.



- ay! – y e ahí, el dolor. Señor Lobo se contrajo inclinándose hacía delante, Oso había introducido su pene en su boca –ah! Espera! Duele! Tus dientes… - enredó sus manos entre sus cabellos, pero no lo detuvo, solo fue un reflejo ante el dolor.

- …. – Oso no cuidaba el rose de sus dientes contra el pene del Sr. Lobo, succionaba violentamente, ansioso por su comida, ansioso por hacerle más y más cosas. Sus manos habían llegado ya a sus nalgas, cuidando con esto que Sr. Lobo no se echara hacía atrás en lo más mínimo, aun si el tronco ya lo detenía.

- Nn!! Hnnhh!! – apretaba su mandíbula fuertemente, tratando de no hacer ruido, no era conveniente llamar la atención de algún animal, aunque, honestamente, ya sabía que estaban en peligro, ya sea por los ruidos o el olor de sus feromonas en ese acto, pero no podía detener a Oso, nunca, desde aquella vez en que le venció en fuerza a podido detenerlo… era como si... lo hubiera domado.

- Mmm… hueles tan bien Señor Lobo - murmuró Oso en uno de los pocos momentos en que dejaba liberado ese pene, inhalando con su nariz entre los vellos púbicos del lobo, que se sonrojó y contrajo por esta desvergonzura...

- ….! Qué haces?! No hagas eso! – honestamente trató de zafarse, pero Oso ya estaba aplicando toda su fuerza en él y no pudo, solo le quedo aguantar la vergüenza, y sentir la nariz de Oso aventurándose en su intimidad.

- No, déjame hacerlo… - aspiró un poco más, de forma descaradamente lenta, su boca se llenó de agua ante el exquisito aroma, y con saliva nueva volvió a succionar con fuerza el pene del Lobo, más ansioso de antes de obtener su alimento.

- Nnhh! Nnh!! – las manos del Sr. Lobo volvieron a posarse en el tronco con fuerza, enterrando más sus garras en el, al contrario que sus piernas, que estaban débiles y tiritaban – nnn!! Duele! Nnhh!

- Gime Sr. Lobo, por favor, necesito escucharlo… - y ante este deseo el Oso violentó con su lengua más el glande del Lobo, que no pudo evitar gemir ahora vivamente.

- Ahh! Ahhh! Auh! Ay! – ya no pudo mantenerse en pie, y con sus piernas tiritando y contra su voluntad, se deslizo por el tronco, como si la boca del Oso lo arrastrara, obligándolo a sentarse.



Ahora éste último cuidaba mantener las piernas abiertas de su “casi presa”, teniendo cada mano en cada uno de sus muslos suaves.



Lobo no podía evitar erectarse, pero a pesar de eso, era tan intensa la pasión del Oso y con ello el verdadero riesgo de peligro, que el orgasmo e incluso el rocoso camino hacía él, lo asustaba, porque sabía que era tan intenso que dolería… y también quedaría peligrosamente débil después de el.



- ahhh! Aahhh!! – los gemidos ahora eran vivos, el Lobo estiraba la cabeza hacía atrás y apretaba los ojos, mientras que tiritaba todo su cuerpo y se contraía a la vez.



Mientras, el Oso consumía el líquido preseminal del Lobo, succionándolo y tragándoselo del todo, chupando tras esto más fuerte aun, apurando el semen venidero.



Los gemidos del Lobo se intensificaron anunciando el destructor orgasmo, se contrajo, tuvo espasmos, echó ahora su cabeza hacía adelante y puso sus manos entre los cabellos del Oso, siquiera él sabía si hacía esto con ánimo de detenerlo o penetrar más fuerte su boca, lo cierto, es que apretó fuertemente sus cabello y sí presionó un tanto la cabeza del Oso contra su pene, pero no demasiado, en parte, ese placer que deseaba lo aniquilaba y quería evitarlo. Pero a pesar de su mente nublosa, el Lobo pudo oír casi desde lejos, las arcadas que le produjo al Oso, y sumiéndose en ellas y en sus propios gritos, se corrió al fin, dolorosamente, en la boca de su “amigo”, que cuido de inmediato tragarlo todo, a pesar del dolor de su garganta por las arcadas pasadas, tragando y tragando, cuidando no perder ni una gota, hasta que pequeños chorros se expulsaron y recién entonces pudo saborearlos del todo, sin peligro que se escurrieran de su boca por hacerlo.



Lobo tras correrse, y aun siendo victima de su orgasmo pasado, quedó prácticamente tirado, sentado en ese tronco, inclinado hacía un lado, su cuerpo tenía pequeños espasmos, y sus piernas estaban del todo abiertas por su propio peso. Respiraba agitado, con los ojos cerrados, sentía que incluso podría dormirse ahí a pesar del peligro y su apariencia: un Lobo semidesnudo y abierto de piernas.



Podía oír como el Oso tragaba su semen (solo las últimas tragadas, pues en las primeras estaba prácticamente sin nociones de nada), tan fuerte era ese ruido, o sus sentidos se habían agudizado solo para eso, ya que solo eso y las respiraciones de ambos las podía oír, hasta los pájaros habían callado para él, o en verdad lo estaban?



Recuperando el aire, entreabriendo sus ojos, afinó sus orejas, levantándolas un tanto pues hasta entonces estuvieron caídas, pudo oír a los pájaros, aunque todavía no podía fijar su mirada en algo concreto, aun tenía su mirada perdida en la nada. Su cola, tiesa, se movió apenas su punta, como si así recuperara su tacto.



Siquiera pudo percibir cuando Oso se levantó de su inclinación, y acomodándose entre sus piernas abiertas, puso cada una de sus manos a cada lado de la cabeza inclinada y cansada de su Sr. Lobo, mientras relamía sus propios labios, terminando de degustar el alimento ya consumido… no, aun necesitaba más.



Una de sus manos se posó en la mejilla del Señor Lobo, lo que lo hizo salir de su somnolencia, pero no alarmarse, se sentía como gelatina, y ya hace mucho se había resignado al tacto altanero del Oso, después de todo, hace un tiempo lleva “alimentándolo”.



Oso se acercó, mientras el Lobo fijaba débilmente su mirada en la suya, aun respiraba agitado, y alguna que otra gota de sudor le corría el pecho. Oso entonces hizo un movimiento para besarlo, lo que hizo reaccionar al fin del todo al Lobo.



- no! – apartó el rostro – tienes… la boca sucia… - y lo miró de reojo, con nerviosismo y vergüenza renovada aunque sabía que iba a perder.

- Está bien – dijo con tranquilidad el Oso, mostraba la tranquilidad de una bestia que sabe que ganará ante su presa – me lo e tragado todo…

- ….!!

- Además… - Oso gustaba de avergonzarlo – es tuyo, así que debe estar bien...

- ¡Eso no-- - fue interrumpido por el beso apasionado del Oso, el cual al principio fue rechazado por el Lobo, pero que ante su debilidad no pudo rechazarlo por mucho tiempo, abriendo su boca ante la lengua intrusa del Oso, pudiendo saborear los restos de su propio semen en la saliva de él. - mmhhnnn!!! – sus manos estaba en cada hombro del Oso, como si lo pechara, pero en realidad no lo hacía, y sus piernas se habían contraído, bastaron un par de minutos para que sus orejas volvieran a inclinarse para atrás, así como sus cejas volverse suplicantes – ah… espera… - entre besos trataba de articular palabras – ya está bien… no puedo otra…



Oso lamió la saliva del mentón del Lobo, permitiéndole decir estas palabras, pero no tenía la más mínima intención de hacerles caso. Siguió lamiendo, para después bajar a su cuello otra vez, ahora lamiendo los restos de sudor del orgasmo pasado del cuerpo del Sr. Lobo.



- ah… qué haces…? – Lobo de pronto se sentía demasiado abrumado incluso para avergonzarse, y con el sonrojo solo habitual trató de razonar en vano – eso es… sucio…

- claro que no… yo quiero comer todo de ti – lo miró, levantando su torso del Lobo – sabes que te comería de verdad… pero te amo, así que solo puedo comer parte de ti.

- …… - agitado el Lobo lo miró a los ojos igualmente, con sus ojos entreabiertos por el cansancio, sabía bien de antemano esta declaración, no dijo nada, y bajó la mirada, esperando…

- …. – Oso sonrió, y siguió lamiendo desde el medio de su pecho, doblando horizontalmente para llegar a cada hombro y seguir saboreando esa piel, le daba besos que parecían mordidas, podía el Lobo sentir los dientes rozando su carne de forma peligrosa, y no le quedaba más que apretar el pasto entre sus dedos, y apretar igualmente sus dientes.

- …mmm… - era muy fácil dejarse violar por el Oso, él era tan grande y fuerte, y a la vez suave e intenso, y el ser abusado era una adicción tanto para éste último como para el propio Lobo.



Los besos del Oso continuaron por el brazo derecho del Lobo, humedeciendo a lo largo de su camino con sus besos, hasta llegar a su muñeca que la aspiro con especial intensidad. Levantó él mismo ese brazo cansado para este fin, que yacía completamente relajado en su agotamiento y entrega (como todo el cuerpo del Lobo), solo reaccionando cuando Oso comenzó a besar la palma de su mano y lamer entre sus dedos.



- nn!! – entonces la mano se sostuvo por sí misma con suavidad, siendo movida suavemente por ambos hasta estar entremedio de los rostros. Oso tenía los ojos cerrados, sumido en su propia actividad, mientras el Lobo lo miraba casi tranquilo (más bien, resignado) cómo saboreaba su mano, pasando incluso por sus garras, haciéndose un poco de daño en su lengua por su filo - te… arañarás… - susurró algo tímido.

- Está bien – suspiraba el otro – no me molesta, que me lastimes. Y lo miró.

- ….. – se preguntó si eso era una indirecta, tal vez le pedía que lo lastimara así como él se dejaba ser lastimado.



El Oso volvió a cerrar los ojos para seguir lamiendo extasiado, al contrario que el Lobo, que prefirió mirar a otra parte, nervioso, pero no pudo aguantar volver a mirar a Oso de reojo, con algo de vergüenza.



Oso sintió su mirada y abrió sus ojos otra vez, juntando sus miadas Oso sonrió aun con su lengua afuera posada en los dedos del Lobo. Éste se puso nervioso, sintió por instinto el peligro de los ánimos renovados de su amigo…



Y tenía razón, Oso se inclinó y besó al Lobo nuevamente, mientras que una de sus manos trenzaba sus dedos con la mano del señor Lobo recién saboreada… la otra mano del Oso se aventuraba en la espalda del Lobo.



- mmm… - Oso era muy feliz en esos momentos hundiendo su lengua en la boca del lobo, deseando su sabor y saliva.

- ….! – mientras el Lobo solo se tensaba nervioso apretando los ojos - “sangre…” – pudo saborear la sangre del oso en su boca, sí se había arañado la lengua después de todo.



Y el Sr. Lobo, como buen carnívoro no pudo evitar saborearla con su propia lengua sin pensar, y se le lleno la boca de agua al momento, que el Oso degustó feliz. Pero para el Sr. Lobo la sangre del Oso era diferentes que las otras, no por su sabor, por ser de un animal diferente, sino por… un sentimiento, había un sentimiento en esa sangre algo que lo hacía relajarse y a la vez encenderse, era diferente a todo… el siempre había sido quien consumía la sangre de sus presas, pero esta vez, el Oso se la entregaba, y él la recibía casi por casualidad. Nunca le había ocurrido algo así, él siempre conseguía sangre a la fuerza.



Pero todas estas sensaciones se esfumaron, apenas el Lobo sintió los dedos del Oso acariciar su entrada (N/A: en el mundo del yaoi esto es solo entrada xD)…



- nhm! - Lobo se apartó de su boca a pesar de la agradable sensación, un grueso hilo de saliva los mantuvo unidos un momento – qu-qué haces?!

- Por favor… solo un poco… - Oso lo miraba sonrojado y con ojos brillantes lamiendo su mentón tanto por deseo como para persuadir as u amigo, bien sabía que con su lengua por su cara éste se ablandaba.

- Nn… que no… no me gusta – y se removía, pero los dedos del Oso seguían acariciando esa zona causando ese extraño cosquilleo en el Lobo – mm!! No…

- Está bien, lo humedeceré… - susurraba despacio, lamiendo los ojos del Lobo que había cerrado fuertemente a causa de la sensación.

- Nn… ese… ese no es el problema… - sus orejas bajaron un poco, y su cola se tensó, fueron las señales para el Oso, su amigo estaba siendo arrastrado.



Entonces Oso retiró sus dedos de la entrada del Sr. Lobo, el cual entreabrió sus ojos al sentir el nuevo movimiento, exaltándose al ver cómo Oso humedecía esos mismos dedos.



- ah! n-no hagas eso idiota! Eso es sucio! – sus orejas volvieron a levantarse, y una de sus manos tomó la muñeca del Oso, sacando sus dedos de su boca.

- Jeje… está bien. – Oso sonreía, si no fuera por la gota de saliva que le escurría por la boca y el sonrojo de su rostro, se pensaría que era una tierna sonrisa casual, pero Lobo bien sabía que esa tenía malicia.

- Que no! joder! Estás loco…! – una gota de sudor nervioso cayó por su frente.



Oso volvió a sonreír pero ahora cerró sus ojos un momento, pero de inmediato, al abrirlos, Lobo pudo notar el nuevo brillo en sus ojos, y otra vez sintió ese escalofrió instintivo de peligro; pero reaccionó muy tarde, Oso con una brusquedad sorpresiva de pronto ya lo tenia nuevamente acorralado contra el árbol, ahora más arriba de él, lo tenía sujeto desde un hombro y su otra mano, ahora con dedos húmedos, había vuelto a explorar su entrada.



- ah! qu-! Te dije que- ah! – y las garras penetraron en su trasero, y Lobo con miedo de lastimarse con ellas se quedó quieto, temblando y mirando con ira nerviosa al Oso, que seguía con su sonrisa suave, entre tierna y perversa.

- Está bien… te prepararé – susurró otra vez despacio, acercando su boca a la de Sr. Lobo – entre más te prepare sabes que será más fácil, así que déjate…

- ….! Cl-claro que no! – Lobo trató de echarse hacía atrás, pero ya estaba completamente poyado al tronco y no pudo, solo le quedó forzar en vano el pecho del Oso con sus manos en sus hombros, Oso ante su debilidad sonrió más.

- Lo amo Señor Lobo, por favor deje que lo viole… - el sonrojo del mismo Oso aumentó, mientras miraba directamente a los ojos del Lobo al decir estas palabras.

- ….! – ante tal honestidad desvergonzada, Lobo se sonrojo lo que le faltaba, pero no alcanzó a hacer nada más, pues los dedos del Oso se hundieron más en su interior – ah! ay! Ah! e-espera! Uhm!



Los dedos se comenzaron mover por dentro, rápidamente, buscando ese punto especial, Oso debía encontrarlo rápido, antes que Lobo se le fuera de sus manos.



- Ahhh!! – Lobo de pronto dio un brinco y se tensó, apretando sus ojos mas no su mandíbula, pues gimió.



He ahí, el punto. Oso sonrió, y lamiendo otra vez los ojos del lobo a modo de tranquilizarlo, y comenzó a estimular ese lugar.



- nnnn!!! – Lobo por su parte estaba temblando, sus piernas habían comenzado a contraerse “debo escapar… o no podré pararlo” pero ya era demasiado tarde, la otra mano del Oso tomó su pene medio erecto y comenzó a masajearlo lentamente – ah! ahh!



Sintió como la lengua del Oso dejo su boca para comenzar a lamer otra vez su cuello, dando pequeños mordiscos en su camino. Lobo abrió los ojos, se sentía marido y aturdido, no quería seguir, porque el recuerdo de esa primera vez lo aterraba, aún si habían pasado varios encuentros más de ese tipo, siempre, siempre dolían, al principio de la forma en que dolió esa primera vez, y después… un dolor extraño, quemante, lo recorría por completo, haciendo que se corriera incluso al no quererlo, era desesperante.



- no… no quiero esto… – susurró ya agotado en el hombro del Oso, apoyando su mentón en su hombro.



Oso se echó hacia atrás y lo miró a los ojos, sin parar de mover sus dedos dentro de él.



- me tienes miedo?

- ….. – Lobo pudo echar a un lado un momento la sensación de esos dedos en su trasero al oír esas palabras mientras sus orejas subieron un momento, y después volvieron a estar bajas – no, no te tengo miedo… - sabía que para el Oso eso era una preocupación aunque paradójicamente sus acciones eran bruscas y a cualquiera aterrarían.



Oso sonrió, e introdujo un tercer dedo en el Lobo.



- ahh!! Nnn!! – El Sr. Lobo se contrajo, tiritó, y pataleó un tanto, antes de paralizarse nuevamente.



Oso por su parte seguía con esa extraña sonrisa en su rostro, y comenzó a lamer el sudor de la frente del Sr. Lobo mientras movía con más fuerza sus dedos dentro de él, moviéndolos por dentro, masajeando su punto especial, así como sacándolos y metiéndolos en un ritmo acelerado. Pronto notó que el Lobo ya no lucharía más pues solo gemía y además, había notado que ya estaba erecto del todo.



- Señor Lobo, ya está así otra vez… - susurro en su mejilla el Oso.

- Nn!! Callate!! Ah…!! - los gemidos no lo dejaban sonar autoritario como quería – nn… esto… no me gusta… - Oso casi sentía que Lobo había vuelto a su estado de cachorrito, pues de pronto lo sentía pequeño y altanero – ah! nnn!! – la cola del Lobo comenzó a moverse de forma frente rica mientras llegaba su pene a su máxima erección. Oso relamió sus propios labios al notarlo.



Sus dedos entonces salieron del interior del Lobo, el cual fijó su mirada perdida en los ojos del Oso, tratando de adivinar en ellos su próximo movimiento, aunque este era obvio, lo penetraría.



Las manos del Oso tomaron los muslos del Lobo por debajo, con ánimos de levantar sus caderas y poder penetrarlo ahí mismo. Lobo dio un brinco al notar el enorme pene del Oso en su entrada.



- ah! no! espera! – sus manos se aferraron al tronco, levantando sus caderas, tratando de escapar de ese pene por arriba pues era la única dirección accesible para él en ese momento.

- Está bien, te preparé, e iré lento, te lo prometo – su voz era delicada y suave, pero se sentía su ansiedad nerviosa a su vez, mientras sus manos ahora estaban en la espalda del Lobo, entre su trasero y su espalda sosteniéndolo fuertemente para que no huyera.

- Ahhh!! – se contrajo, ya había penetrado la entrada, lo que más dolía – nnn!!! Ay! Ay!

- Está bien… iré lento – Oso lamia los ojos del Lobo otra vez, deseando poder calmarlo, pero este tiritaba con su cuerpo tenso.



Lobo se paralizó, no podía escapar quisiera o no, y aún si saliera de su paralización y lo intentara, sería peor, Oso lo perseguiría y lo violaría bruscamente, peor que en ese momento.



- sh sh sh – susurraba Oso en la mejilla del Lobo, lamiéndola de vez en cuando mientras entraba lentamente en él – relájate…

- nnn!!! – Lobo sin darse cuenta había puesto sus manos en los hombros del Oso, pero no empujaba, se sostenía, apretaba sus ropas entre sus garras tratando de resistir esa sensación que le daba escalofríos desagradables.

- Me quedaré aquí, hasta que estés listo para que me mueva – susurraba con voz forzosa el Oso, estaba haciendo un gran esfuerzo por no aniquilar con sus caderas al Lobo, en ser paciente y lento con él. Solo esperaba ser recomenzado.

- Nnn….nnnn – Lobo seguía temblando, pero pudo abrir sus ojos, vio el bosque a espaldas del Oso, y se acordó al fin donde estaban – no… aquí… aquí no… - susurró débil, sin saber que en esas palabras aceptaban lo que hacían mas no el lugar donde lo llevaban a cabo.

- Está bien, solo una… - Oso se echó hacia atrás para estar cara a cara con el Lobo, y juntando sus narices siguió hablando con voz entrecortada – solo una… después te llevaré a mi casa…



Lobo pudo ver su rostro sonrojado y agitado, y como a la vez tiritaba un poco por las ansias de moverse, lo había abrazado, y lo sotenía con su gran fuerza para que la gravedad no lo penetrara más de lo que podía en ese momento.



- ….nn… - Lobo con sonrojo y casi resignación bajó la mirada mientras sentía la lengua de Oso por sus labios – y-ya… acaba de una vez…

- puedo moverme? – preguntó aún en su boca, pero mirándolo a los ojos.

- Nn… - por su parte el Lobo seguía sin mirarlo a los ojos, y con orejas más bajas aún susurró bajo – apúrate, o nos verán…

- Hai – Oso sonrió dulcemente otra vez, mientras una gota de sudor caía por su frente, otra vez al momento de abrir sus ojos de esa sonrisa, puso otra extraña mientras sus ojos se volvían más profundos.



Entonces Oso comenzó una lenta penetración, un lento movimiento sucesivo, mientras Lobo no pudo evitar dar pataleos, mientras se encogía en el cuello del Oso, apretando los dientes, trataba de aguantar ese dolor extraño, ese ardor, ese movimiento adictivo que lo perdía.



- ah… Señor Lobo… - susurraba Oso, tratando de controlar el ritmo de su penetración, pues moría por acelerar, hundirse más y destrozar al Lobo – lo amo tanto, Señor Lobo – el decírselo lo ayudaba a no perderse a sí mismo en esa exquisita sensación, a que su mente no se hundiera en su estado bestial como solía ocurrirle cuando estaba así con el Lobo, lo sabía bien, y quería evitarlo, sabe que quiere lastimarlo, pasarse con él, pero no debe hacerlo, honestamente, no quiere lo que desea…

- nn!! Nnn!!! Nn!!! Ah!! ah… - Lobo no hacía más que gemir, pero ahora sus gemidos parecían más placenteros, o al menos como si estuviera más sumido en su sensación, lo que ya podía ser una señal para el Oso para que pudiera hundirse un poco más.

- Ahí voy, Señor Lobo… - suspiró Oso, tratando de no dárselo del todo, sino solo hundirse un poco más en su movimiento.

- Ahhh!! Ahhh!! – Lobo gimió al fin del todo, echando su cabeza hacia atrás, pero al momento otra vez volvió a esconderla en el hombro de su amigo – ah!! ahhh!! – pataleaba y pataleaba, sentía como Oso brincaba dentro de su vientre, como lo abría del todo, haciéndose camino dentro de él, presionando todo a su paso.

- Un poco… más, puedo? – preguntó con voz tiritona el Oso, lamiendo la mejilla húmeda por sudor del Lobo.

- …N-no… - respondió a su vez entre gemidos éste, el pene del Oso era demasiado enorme, y el mismo Oso demasiado ansioso, lo que hacía una mala combinación.

- Ah… por favor… - comenzó a besar de forma húmeda la boca del lobo otra vez, hundiendo su lengua, rosándola con en sus dientes, y enredándola con la propia lengua de Lobo, el cual gemía en su boca, tosía por esa lengua intrusa, y cuidaba de no morderlo en su temblor.

- Ahh!! Ahh!! – no lo negó, ya estaba listo para ser penetrado un poco más y lo sabía, mas no iba a aceptarlo.

- Señor Lobo… - y lo penetró más.

- NNNN!!! – Lobo se contrajo del todo, pataleó otra vez, gritó como loco y se corrió una vez más, casi sin darse cuenta de lo cerca que había estado del orgasmo.

- Ah… - Oso notó la viscosidad en su pecho y le gustó tanto esa lubricidad que no recogió el semen expulsado como solía hacerlo para comerlo, sino que abrazó más al lobo para que esa lubricidad los siguiera estimulando en el rose de sus vientres, y aceleró sus embestidas.

- Ah! ah! ah! – Lobo no podía ya pensar en nada, siquiera podía abrir los ojos, incluso, si el Oso hubiera detenido sus embestidas de seguro Lobo caería dormido ahí mismo, sí, solo se mantenía despierto por las fuertes embestidas que el Oso le daba.



Estaba más de la mitad del pene del Oso dentro del Lobo, y le faltaba poco para correrse al fin, pero Oso sentía miedo, miedo de perder su mente y hundirse del todo en su amigo, y aniquilarlo, volverlo a dañar, a herir.



- señor Lobo… lo amo! – susurró, tratando de mantenerse cuerdo, sentía los brazos del Lobo colgando desde sus brazos que lo sostenían, y su cuerpo casi del todo inerte sobre él (siquiera ya contra el árbol) excepto por sus temblores y contracciones. No, debía mantenerse en sus casillas, no podía aniquilarlo, no debía matarlo - lo amo… juro que lo amo!!! – dijo mientras perdía su mente, mientras sentía como su pene tiritaba antes de llegar del todo al clímax.

- …Oso… - un susurro, un pequeño susurro bastó y Oso se salvó, tal vez Lobo en su inconciencia lo hizo por supervivencia, o tal vez lo hizo por las palabras de su amigo, lo que fuera lo salvó de que Oso no se hundiera en él del todo, y solo un poco más, para soltar su semen dentro de él, el que sintió en su vientre, cómo se acumulaba anchándolo por dentro; y mientras lo expulsaba Oso se acurrucó en su hombro, casi en su pecho, contrayéndose de una forma que parecería imposible para la biología pero posible para el sexo, y paradójicamente, así acurrucado como estaba, temblando, abrazando ese cuerpo que tiritaba recibiendo su líquido, Oso ahora casi parecía él el cachorrito, tal vez por ser animales ellos podían volver a esa naturaleza en esos momentos.



Oso entreabrió sus ojos que había cerrado ante la pérdida peligrosa de conciencia, y de inmediato se inclinó hacia atrás para ver si no se había hundido en el señor Lobo, y se alivió de ver que no lo había hecho, y entonces miró al Lobo de inmediato, éste estaba completamente dormido contra el árbol, solo sostenido de no caerse a los lados por las manos del Oso que lo sostenían en su abrazo, pero Oso no se preocupó, estaba acostumbrado de hacer perder la conciencia al Lobo cada vez que lo comía, así que acercándose nuevamente, volvió a besarlo a pesar de que Lobo no podía contestar su beso. Y así, con sus cuerpos manchados y viscosos, Oso se llevó cargando a su Señor Lobo a su casa.



CONTINUARÁ.



No olviden dejar algún comentario en el blog o cuadro de chat (creo que no se llama así pero bueno xD), también pueden escribirme a:






Así puedo notificarles cada vez que suba un nuevo cap del fanfic que les interesó además de saber sus opiniones (y amenazas de muerte xD).



Espero no haber traumado a tanta gente con esto… mm la verdad, eso no me dolería tanto jojojo. Nos vemos! y por supuesto, gracias por sus comentarios y correos n//n me animan mucho x3

lunes, 11 de julio de 2011

Fanfic Code Geass de SuzakuXLelouch

N/A: a ver si adivinan en qué parte de la trama están xD.

Lelouch está en su cuarto, ordenando unos cuadernos después de hacer un pequeño repaso, lo suficiente para que le vaya bien en los exámenes a pesar de casi nunca ir a clases por la orden de los caballeros negros, y detrás de él, a sus espaldas y sin que se note, una sombra se inmiscuye a la habitación y lo mira con nerviosismo, es otro chico al que le va tan bien como a él a pesar de no ir tanto a clase, aunque para eso debe estudiar más que Lelouch (xD).

- L-Leouch... - una voz tímida lo despierta de sus pensamientos, de nuevas tácticas para la revolución; voltea, reconoce la voz de inmediato, y su mirada fría y calculadora cambia rápidamente a una acogedora y cálida, este cambio es solo honesto para ese otro que ahora está frente a él, en todos los demás, es sínica.

- ah, Suzaku, una visita tan tarde... - le comenta con una sonrisa, y Suzaku se la devuelve con nerviosismo, casi con una tonta timidez, tiene un extraños sonrojo en las mejillas, y sus dedos juegan nerviosos con su chaqueta.

- sí... lo siento... es solo… - baja la vista, Lelouch sonríe con más dulzura al adivinar lo qué contestará - que no te he visto... en un buen tiempo... - Suzaku pasea su mirada por la habitación sin ver nada en particular, solo buscando no ver los ojos de Lelouch, que lo atraviesan, ya que lo conoce más que a nadie, a pesar de no haberse visto hace tanto años, sigue siendo él la persona que más puede conmoverlo ¿él tal vez, también a Lelouch?

- lo sé, perdona... - se acerca a Suzaku, sabía que vendría uno de estos días como suele ocurrir cada vez que Lelouch no se presenta a clases o simplemente si pasa mucho tiempo en que no se ven, entonces Suzaku, como un imán a la distancia siempre va tras Lelouch, casi con desesperación, y Lelouch espera que venga y entonces recibirlo, ha pasado así desde que eran pequeños.

Y para Lelouch ese joven alto y fuerte sigue pareciendo el mismo pequeño que iba tras él, el que le tomaba la mano con tanto recelo y lo miraba con una vergüenza infundada, y apegándose a él, besándolo en besos infantiles pero no puros, porque sabían qué hacían, como ahora.

Ya están frente a frente, y Suzaku aún no lo mira a los ojos, su cuerpo pareciera que está a punto de reventar por los temblores que lo recorren como si lo contuvieran, tan diferente al cuerpo relajado y suelto de Lelouch justo frente a él, con su sonrisa cálida, una sonrisa que solo se la muestra a él y a su hermana, aunque ella no puede verlo, y tal vez por eso Suzaku la siente tan suya, que solo esa sonrisa y esa mirada caigan en sus ojos ya que no pueden caer en Nunnally.

- Suzaku... - susurra bajo - está bien, puedes quedarte a dormir esta noche - Lelouch toma con sus manos cada mejilla de Suzaku que continua demasiado sonrojado, y levanta su cara para que lo mire, y Suzaku lo hace, y se siente débil, ya nervioso solo por ser mirado, y sus brazos inertes explotan al fin, abrazando a Lelouch en un beso potente, casi agresivo, completamente diferente al beso de infancia.

Caen a la cama, Lelouch se deja besar como cuando niños, se deja abrazar aunque se asfixie, y se deja besar aunque sus labios duelan, porque sabe que entre más se deje, más de él será Suzaku.

- mmm... - Suzaku suspira entre sus labios, con desesperación, con ansiedad, y se atreve al fin a mirar a Lelouch por sí mismo, porque estando arriba de él no se siente tan débil ante su mirada - Lelouch... abrázame... - le suplica, y un Lelouch algo sonrojado e igualmente agitado, vuelve a sonreír, y lo abraza como tanto él lo necesitó esos largos años de ausencia.

- vaya... sigues siendo un niño... - y Lelouch suspira a su vez, entregándose del todo, cerrando los ojos y dejándose devorar por esa ansiedad adolecente del que es presa su amigo, y en parte él también; las ropas se van rápidamente de sus cuerpos, incluso con brusquedad y Lelouch disfruta revolver los cabellos de Suzaku como siempre desea hacerlo y solo puede hacerlo entonces, y le recorre el cuerpo con sus manos, le esparce su sudor nervioso, y siente el aroma de su cuello como si ahí se concentrara toda su esencia, y el calor lo aprisiona y aplasta, lo sumerge y lo aprieta hasta el punto del dolor, de la agonía placentera.

Suzaku no para, nunca se detiene hasta que queda totalmente agotado, porque siente la distancia de Lelouch todo el tiempo aunque estén juntos, porque siente la horrible sombra de la duda, de que él no es honesto, de que él puede ser... no el niño que recordaba, y solo en esos momentos puede sentirlo a él de verdad, debajo de él siente que Lelouch no se alejará nunca más, que no lo dejará; y lo obliga a abrazarlo, a pesar de que los brazos de su amigo ya no puedan sostenerse por el mismo placer agotador, aun así lo obliga.

- abrázame, abrázame... - le suplica como orden, hundiéndose en él más que lo que su cuerpo puede tolerar, obligándose a amarlo hasta que Lelouch reviente las veces suficientes hasta que su mirada sea más cálida que nunca... - bésame, bésame - y Lelouch obedece siempre, envolviéndolo a su vez, son como una masa inseparable en ese momento, y no se podrían alejar aunque quisieran.

- nnn! aaahhhh! - Lelouch revienta con Suzaku como una sola unidad, y cae éste último sobre él, pesadamente, sin poderse su propio cuerpo porque en realidad son los dos juntos.

- Lelouch... - y otra vez vuelve a ser el pequeño niño que se acurruca en sus brazos, que busca su afecto y sus besos.

- je... que mimado... - dice con extraña sonrisa sonrojada Lelouch, volviendo a enredar sus dedos en los cabellos de su amigo, todo lo que quiera, él sabe que es libre de tocarlo como nadie tiene ese derecho - ven - levanta su cara y lo besa una vez más, porque nunca son suficientes los besos.

Y en la penumbra de esa habitación iluminada delicadamente por la luz de una lámpara a la que hace un rato le habían bajado la luminosidad, ambos descansan en el otro, esperando... Suzaku espera recobrar fuerzas para volver a tomarlo, y Lelouch solo espera eso como lo inevitable, sabe que Suzaku lo tomará hasta que quede literalmente inconsciente, y no espera ser el último de los dos en no hacerlo. Así que Suzaku dormita en su pecho, acurrucado como el niño que internamente es, besando de vez en cuando la piel aun sudorosa de Lelouch, que con ojos casi cerrados disfruta el oír la respiración agitada de ambos, la sensibilidad de su cuerpo, y los cabellos de Suzaku en sus manos, lo siente suyo del todo.

Suzaku estira una de sus manos para acariciar también el cabello de Lelouch, y lo mira cansado, desde su pecho, y su amigo le parece más grande de lo que es a pesar de haberlo tenido abajo y gimiendo hace apenas unos minutos, pero Lelouch siempre le pareció grande, imponente con su inteligencia, y Suzaku siempre ha sabido cómo puede ser manipulado por él, cómo seguramente ha sido manipulado desde pequeño, y seguro que incluso ahora.

La hora de sexo continuo le está pesando en el cuerpo y antes de dormirse decide volver a tomarlo, volver a sostenerlo y apretarlo con sus brazos para no sentirse tan pequeño como se siente ahora mismo, pero sabe que aunque esté él arriba, aunque es él el que entra en Lelouch, éste último sigue teniéndolo en la palma de su mano, por eso fue a su casa en mitad de la noche, entrando como una rata a su habitación, por eso necesita sus abrazos y sus besos.

- otra vez... Lelouch... - y comienza a besarle su delicioso cuello pálido como es su color, hundiendo su nariz en los cabellos detrás de su oreja, lamiéndola.

- nnn... - y Lelouch cierra los ojos, abraza a Suzaku recibiéndolo del todo, enterrándole un poco las uñas en la espalda sin saber por qué.

RRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNNNNNN

*suena el celular de Lelouch*.

CONTINUARÁ.

No olviden escribir sus comentarios a: shicakane@hotmail.com n.n/ gracias por leer!

Cap 13: fanfic de The Tyrant Who Fall in Love / Koi Suru Boukun.


Hola, perdonen la espera, no me maten pero la verdad este cap lo tenía listo hace mucho pero hasta el día de hoy aun no me convence x_x, tendré que centrarme más para el próximo o.ó. Aun así no me arrepiento del dramatismo loco y criminal que está teniendo el fic, no tengo problemas en llamar al amor locura jojojojo.



Y aparte: UN SALUDO PARA PIÑERA QUE NOS ESTÁ LEYENDO n.n/ viva la libertad de expresión!!! Si me da por decir que no creo en el gobierno lo diré no má ¬¬





Cap 13:



Senpai está de pie a metros de la puerta, pasan segundos que parecen mucho más lagos de lo que son, y siente cómo se le escurre una gota de sudor por la frente; de pronto su cuerpo tenso se había relajado, soltándose, como si toda la histeria de ese día hubiera llegado a su tope y no le quedara más que bajar; aunque aún su corazón estuviera agitado y su cuerpo sudara nervioso, solo podía tragar saliva tiritando un tanto. Y sin pensar en nada logra bajar la vista estática hacia la puerta para dejarla caer al suelo, se había paralizado.



- cof, cof.



Oye a lo lejos una tos débil y suave “Morinaga…” y logra despertar, siquiera se da tiempo a sí mismo para digerir lo que significaba lo que antes había ocurrido, como si su mente queriéndose salvar a sí misma de horribles ideas, hubiera preferido concentrarse con todas sus fuerzas en “hay que bajar la fiebre de Morinaga, y llamar a un doctor…”. Pero la realidad era más pesada, y Yamagushi volvió realistamente a su mente y la idea que senpai quería evitar: ¿podría ser… que Yamagushi ahora lo supiera todo?” el shock de senpai por todo lo vivido había vuelto su mente extremista, y no pudo evitar pensar lo peor, que Yamagushi hubiera descubierto lo que “tenía” con Morinaga, lo que le había hecho él antesdeayer! Y siquiera pasó por su mente que Yamagushi en realidad considerara que senpai había sido el atacante de Morinaga, por el simple hecho de que la sangre estuviera en la habitación de éste último y no de él.



Senpai tiritó otra vez “Morinaga…” tragó saliva una vez más, esa idea lo desquiciaba, y el horrible asco volvió. Trató de caminar, dar unos pasos a su habitación, cumplir con lo que se había autoimpuesto para no pensar en “eso”, ir a cuidar a Morinaga, cuidarlo como si nada hubiera pasado, ¡como quería hacer eso, autoengañarse! Pero ya no podía, no podía escapar de la horrible situación en la que se hallaba, de esa horrible incomodidad, de todo! Un sentimiento así, de rechazar algo con tal fuerza solo lo había vivido la primera vez que Morinaga lo “había tomado”, no, incluso ahora, ese sentimiento era más fuerte.



Logró caminar lentamente, tiritando, mecanizado, queriendo borrarse él mismo del mundo. Pero entonces, sin poder evitarlo, vio la puerta de la habitación de Morinaga entreabierta.



“….! Él… lo vio!” y lo digirió al fin. Abrió la puerta aún si no quería ver su interior, y vio la misma mancha negra que vio Yamagushi minutos antes, no la había visto anteriormente pues había bloqueado toda visión de esa habitación durante esos dos días “Mi sangre…” al pensarlo al fin fue completamente conciente de lo vivido, de la violación, del dolor, de la locura, de su abusador, el que ahora dormía en su cama, su único (¿y por ello mejor?) amigo.



Cerró la puerta lentamente, huyendo de esa visión, de pronto y tenía ganas de llorar con una rabia acumulada como de toda su vida, como si esos últimos 3 días le bastaran para haberla completado. Pero trató de calmarse, la fiebre de Morinaga era peligrosa, y él no quería hacerle daño, aunque tal vez por dentro un dejo de venganza estaba creciendo de a poco en el pecho de senpai.



Y así, aforrándose a su ya débil autoengaño, caminó ahora algo más histérico un par de pasos más y abrió su propia puerta con algo de extraño miedo. Ahí estaba Morinaga, respirando agitado, sobre la cama de senpai, sudando frío; se veía tan débil, tan exhausto, tan diferente a como se vio hace dos días cuando lo forzó así.



- ¿Mori…naga? – lo llamó con extraña timidez, de pronto el haberlo visto así hizo que toda su rabia y odio se fuera, y solo quedó una extraña timidez, y una gran preocupación.



Se acercó, había olvidado él mismo lo ilógico que era al preocuparse de su propio atacante, al querer cuidar al tipo que hizo esa mancha negra con su propia sangre, y ¿por qué no? al culpable de que Yamagushi tal vez lo supiera todo.



Casi sin pensar pone una mano en su frente, el miedo se había intercambiado del todo por la preocupación, Morinaga estaba ardiendo. Y al fin pudo volver un poco a su naturaleza “normal”, ya sabía qué debía hacer, y eso para su mente significaba centrarse en una meta, y así su cuerpo también dejó de temblar y su templanza volvió a él, el tener claro lo qué debía hacer, era suficiente para serenarlo, concentrarse, y trabajar como siempre.



“debo bajarle la fiebre” y eso bastó.



Senpai volvió a su seriedad habitual (aún sin embargo, algo floja) y fue hacía el baño, Kanako le había dado un bolso con algunas medicinas y cosas por el estilo si es que alguno de ellos se enfermaban, sí, ahí estaba, y entre parches y otras cosas había un termómetro, no había problema, siempre había cuidado de Kanako y Tomoe cuando ambos se enfermaban de pequeños, no era difícil.



Caminó ahora seguro y rápido por la casa, mientras movía velozmente el termómetro para dejarlo en 0°, pero al llegar a su habitación, su paso seguro se debilitó un tanto, y su expresión de seriedad se endureció, como queriéndose sostener en su rostro, sabiendo el miedo interno que sentía senpai.



Tragó saliva una vez más, entró y de inmediato y con una frialdad forzada comenzó a correr la camiseta de Morinaga para poner el termómetro en su axila y terminar con esa mierda de una vez por todas, pero al sentir su piel debajo de sus dedos, tiritó, y se sorprendió a sí mismo de tiritar, de esa agitación que de pronto lo embargó, y sus dedos se rozaron más contra esa piel húmeda de sudor enfermo, y la cara de senpai cambió del todo, ahora era una seriedad confusa, y un sonrojó lo coloreo del todo, no pensó, sus dedos acariciaban sumidos en la textura ajena de esa piel extensa; y senpai solo fue conciente de lo que hacia al sentir la tetilla de Morinaga debajo de sus dos dedos, había sido tal el cosquilleo de estos ante esa tetilla endurecida por los escalofríos que no pudo evitar notarlo.



- nn… - Morinaga había gemido por lo bajo también, al sentir ese tacto en su cuerpo, después de todo, siempre en sus delirios de enfermo había aparecido un senpai tocándolo, lastima que nunca sabría que eso habría ocurrido una vez en la realidad.

- ….!! Senpai se aparta, el termómetro rueda peligrosamente por la cama. Y senpai está a punto de salir corrieron, rojo entero, confundido del todo y un tanto excitado, y lo hubiera hecho seguro si no hubiera sido por una tos ahora más fuerte que expulsó Morinaga con gran pesar, y en el momento justo.



Entonces senpai se calmó, y quiso olvidar lo que acababa de suceder, y se esforzó como nunca en hacerlo, rápidamente puso el termómetro en la axila de Morinaga, aun sonrojado e ignorando como pudo el cosquilleo de sus dedos al querer acariciar más esa piel ajena. Y tras hacerlo, senpai fue volando al baño, a mojarse la cara, a decirse “no! no! qué me pasa? Qué mierda fue eso?!” y ahí estaba ese condenado espejo otra vez, que mostraba su confusión, su extraño sonrojo, y su agitación debajo de esa cara mojada “esto debe parar…” se dijo con odio a sí mismo más que para Morinaga, de alguna forma, sentía que era “todo esto” más su culpa que la de él.



Volvió a la habitación, la respiración de Morinaga y su sonrojo habían aumentado, senpai consideró que lo mejor sería sacarle su chaqueta, pero no se atrevió a tocarlo otra vez, aún faltaba para que el termómetro diera su respuesta, y tal parece que senpai solo había ido a su habitación para mirar a Moringa, verlo así, tan débil, de alguna manera lo calmaba, lo gratificaba, su cara se relajó otra vez, y suspiró. Decidió ir por un paño frío para bajar su fiebre.



Fue a la cocina, y tomó un pote cualquiera al cual le echó agua y un solo cubo de hielo del congelador, y tras coger un paño limpio otra vez caminó a su habitación, sin pensar en nada, como si otra vez del extremo de la histeria hubiera pasado al extremo de la pasividad, o tal vez porque el hacer una tarea, un fin, ya lo serenaba al centrarse en algo.



Al llegar a su habitación movió su silla de escritorio al lado de la cama, se sentó en ella poniendo el pote con el paño dentro sobre su velador, se preparaba para la tarea de bajar la fiebre de Morinaga, y tras un nuevo suspiró la comenzó.



Primero pasó el paño frío por su cara, todo su rostro y después por el cuello, y así estuvo un largo rato, viendo el rostro de Morinaga, sintiendo cómo era acariciado por él indirectamente a través de ese paño frío. A mitad de ese trabajo, había visto el termómetro al fin (tras evitar de forma muy efectiva el no tocar su piel) Morinaga tenía 38,5 grados “mierda” había pensado, y continuó con su trabajo de forma eficiente (como es él en todo en lo que se esmera) hasta que la respiración de Morinaga dejó de ser agitada. Volvió a ponerle el termómetro de la forma más mecanizada posible y pensó “ahora debería llamar al médico” no lo había hecho antes porque aún él y Morinaga estaban demasiado agitados cada cual a su manera; pero “la habitación!” es cierto, debía al menos ordenar la habitación de Morinaga si no quería que pasara lo mismo que con Yamagushi, y la idea de que pudiera pasar algo así otra vez, le hizo sentir ese asco de hace una hora, ese asco que carcomía el alma, que hacia repulsiva de una forma intolerable la situación.



“sí, debo… limpiar eso…” no bastaba con cerrar la puerta, ya no.



Senpai deja el paño frío en la frente de Morinaga que ya había bajado su sonrojo, en un rato vendría a buscar el termómetro y ver cómo va, era extraño el poder preocuparse de Morinaga y a la vez sentir ese asco horrible de una situación de la cual era culpable el mismo Morinaga. Pero el corazón de senpai, ya desde siempre extrañamente contradictorio y algo confundido, podía sentirse así, más aún por prácticamente el trauma del que era victima, y tal vez, aún no conciente del todo, ya que una cosa era ser conciente de lo que había ocurrido y la violencia/locura que había envuelto esa situación, y otra era ser conciente de que por lo vivido senpai podría estar afectado, traumado, desquiciado a su vez.



“limpiarlo, borrar todo de ahí!” pensó casi enloquecido, caminando rápido a esa habitación, tiritando a su vez, lleno de una extraña convicción, sí, el sentimiento de querer borrarlo todo le daba una fuerza que no había tenido en todo ese día, debía eliminar de raíz todo lo vivido, quería hacerlo.



Pero al llegar a la puerta se detuvo en seco, duró apenas un segundo pero se detuvo con miedo, le tenía más miedo a esa habitación que al mismo violador que dormía en su cama, pero endureció su rostro, debía “borrarlo todo” y abrió la puerta, caminó dentro unos pasos, y vio la cama revuelta, caminó otros tantos y la mancha negra se volvió roja, no era demasiado grande, pero aún así era notable y adivinó que seguro era visible desde el pasillo.



La quedó mirando unos momentos, sin darse cuenta de su propia mirada melancólica y mucho menos conciente de que su mano la estaba tocando, lentamente, sintiendo la textura de su propia sangre seca; sus ojos no reflejaban miedo sino extraña tristeza como si esa mancha significara algo preciado, perdido en el recuerdo, más que lo que en verdad significaba. Pero esto apenas duró unos segundos, rápidamente senpai apartó su mano bruscamente, histérico.



“…..” ahora tenía miedo, pero miedo de él mismo.



No pudo pensar, aunque ahora lo intentó (antes lo evitaba) aun así no pudo pensar, quedó completamente desconcertado, tiritando, mirando alrededor de la habitación buscando qué pensar, qué hacer, y su mirada pudo centrarse en los cojines por el suelo, las frazadas corridas, y al fin en la sábana revuelta… “la sábana”, es cierto, él vino a rehacer la cama, y solo debía procurar rehacer la cama, y con estos penosos pensamientos senpai senpai pudo bloquear la conciencia de lo que estaba haciendo, pero no porque hubiera recuperado la habilidad de autoengañarse, la verdad, era que lo que acababa de hacer era tan impactante en sí que era como si bloqueara por sí mismo, era suficiente… “rehacer la cama, y nadie sabrá nada……… nadie sabrá nada?” y senpai fue



Pero contrario a cómo senpai pudo alejar su conciencia de su acción anterior, no pudo así hacerlo contra ese aire criminal del cual se dio cuenta con demasiada crudeza, y por el cual pudo así ser consiente del mismo extraño ambiente que sintió Yamagushi, y del que el mismo senpai había caído con lo que antes había dicho, con lo que él planeaba, de la complicidad extraña que consigo mismo estaba creando; ocultarlo de Yamagushi, de la enfermera, del profesor, casi del mismo Morinaga… y sí, eso quería, que incluso Morinaga no supiera lo que él mismo había hecho, ¡oh, si eso fuera a ser posible! Que Morinaga hubiera olvidado todo, que fuera solo un horrible secreto y a la vez casi un recuerdo preciado sólo para senpai, nadie más lo debía saber, nadie más podía ver nada, nadie más podía enterarse de la locura vivida ahí por ambos.



Estos pensamientos enfermizos y fantásticos extrañamente lograron calmarlo, y casi con conciencia volvió a acariciar su propia sangre en esa sábana, como si se despidiera de ella, como si estuviera sellando lo antes pensado y así transformándolo en realidad; y a continuación (y tal vez por lo pensado) su fuerza volvió y arrancó la sábana fríamente (pero con su delicado sonrojo ya característico), y vio que en el colchón había quedado una pequeña marca, como si su sangre se hubiera esparcido en la sábana más que concentrarse en el colchón, y al verlo se embargó otra vez en extraños pensamientos, casi como emociones, como si esa mancha pequeña significara que seguiría el recuerdo eterno de esa violación en aquella cama, en la cama de Morinaga, siguiéndolo por siempre, no era una mala idea, no era algo que lo disgustara, y le fue extraño, apretó más las sábanas en las manos sin darse cuenta, y continuó sin comprenderse a sí mismo, sin entender su propio sentir, sin creerse a él mismo de que esa mancha no lo asustara ni le hiciera sentir odio, más bien, le hacía sentir esa pasividad que lo había seguido hace días atrás, la misma que sintió al ver a Morinaga en la mañana entrar al laboratorio, la misma que dejó que él lo besara, y que lo hizo apretar su mano en la suya, y “sí…” la misma que lo hizo dejarse violar por él.



Senpai, ya no histérico pero sí perturbado, arrojó la sábana en medio de la habitación, como si en realidad alejara sus pensamientos/emociones, y comenzó a buscar un nuevo juego de sábanas de Morinaga, que seguro estaría en algún lado de la habitación, y registrando sin ningún sentido de culpa (como siempre), el destino tal vez le jugó paradójicamente una pasada pues senpai en su sacar y buscar en los cajones, se cruzó con la misma camiseta amarilla que borracho había sermoneado el día del “primer abuso” pero que ahora siquiera recordaba y le pasó desapercibida.



- ah, aquí… - dijo con contradictoria tranquilidad tras encontrar el nuevo juego de sábanas, y comenzó a hacer la cama con destreza, pues era una de las pocas tareas caseras que manejaba, y mientras la hacía su mente divagaba en la emoción de los pensamientos antes fantaseados, en que al acabar de hacer esa cama nadie sabría nada, todo estaría borrado, siquiera Morinaga lo sabría.



Tras terminar, miró con cierta conformidad su trabajo, y se alegró (sin darse cuenta de lo raro que era hacerlo) de que todo hubiera sido “borrado” tan bien, quién creería que ahí, detrás de frazadas, y sábanas limpias, hubiera una pequeña manchita como único testigo de lo vivido.



Y senpai tuvo una extraña sonrisa en el rostro, como si ya estuviera loco de todo lo vivido, en ese momento nada importaba, todo estaba borrado, él nunca más lo recordaría.



Y tomando la sábana sucia, el último testigo, se la llevó al baño, y la tiró con desprecio a la ropa sucia, sin mirarse en el espejo, sin importarle nada.



Fue después a la habitación de Morinaga, se sentía ahora extrañamente superior a él, como si hubieran intercambiado papeles, es verdad, él estaba debajo de él ahora, débil, enfermo, necesitando su ayuda en su propia habitación; senpai sacó el termómetro de su cuerpo ya sin temblar, y vio: 37,5. Era hora de llamar al doctor; y cuando Morinaga se curase, cuando él despertara, senpai no sentiría miedo, porque sentía ilógicamente que todo volvería a ser como antes, sí, senpai había caído en una extraña locura, casi igual que como la de Morinaga, que no se arrepentía de la violación que senpai tan fuertemente quería olvidar.



Éste volvió a humedecer la frente de Morinaga, sintiendo y pensando que en verdad eso sucedería, todo se olvidaría; Morinaga suspiró y tosió con suavidad, como un susurro, y entonces senpai sintió una clavada en el pecho, se dio cuenta que era dolor, dolor de ver a Morinaga así, sufriendo, el mismo dolor que sintió cuando le vio dormir llorando por él hace unos días, lo que había hecho que él lo invitara a hacerlo, algo que nunca creyó que iba a ser capaz de hacer, menos de querer hacerlo.



Y al darse cuenta de hasta qué punto podía estar preocupado por él, también se dio cuenta de que no podía dejarlo, ni dejar que él lo dejara, por supuesto, de lo contrario ¿por qué no se había largado hace tanto tiempo de ahí, incluso ahora, cuando tenía la excusa/razón perfecta (la violación) y la oportunidad perfecta (Morinaga enfermo sin poder moverse)?



Pero tal vez por eso mismo senpai no lo dejaba, por la violación misma y porque ahora Morinaga estaba dependiendo de él de forma tan devastada. Y entre emociones y pensamientos por primera vez en sincronía, senpai rectificó su decisión de no dejar a Morinaga ni dejar que él lo dejara, bastó solo recordar cómo días antes había seguido a Morinaga a su habitación obligándole a gritos que abriera la puerta, haciéndolo llorar, robándole besos que Morinaga luchaba en vano por rechazar, sí, él lo había seguido, y no solo esa vez, desde mucho antes senpai había sido el que en realidad iba tras él, el que golpeó su puerta furioso cuando desapareció, el que no lo dejó ir, el que era capaz incluso de acostarse con él con tal de obligarlo a quedarse, a pesar de ser conciente de cómo sufría Morinaga por ello… senpai lo había destruido mucho antes de que Morinaga lo hiciera con él. Habían cosas imborrables. Y senpai ahora lo entendía y aceptaba.



- je… qué vamos a hacer? – y sin darse cuenta le acarició el cabello con resignación nerviosa – no sé… ahora siquiera cómo hacer… como si nada hubiera pasado…



Pero Morinaga no contestó, sumido en su sueño profundo, y por ello senpai, tras ponerle el paño ahora otra vez frío en su frente, volvió a sus casillas, y se levantó para llamar al doctor, después de todo, todo ya estaba “oculto”, podía llamarlo en paz, al menos sabía que Morinaga no iba a poder decir nada, no porque estaba dormido y seguro seguiría así, sino porque en su mente Mori no podría hacerlo, no diría nada.



Él prácticamente era suyo, lo había decidido en silencio.



CONTINUARÁ.




No olviden comentar! Cartas de muerte también son aceptables x3 ya sea en blog mismo o en mi correo:


Gracias por leer n.n/

sábado, 28 de mayo de 2011

"Las manos de mi madre" de Roque Esteban Scarpa.



Hola queridos lectores, aquí pongo un poema que me dio mi profesor, para que no se pierda en la nada del olvido (xD); por favor léanlo, al final explicaré algo que les conmoverá.



LAS MANOS DE MI MADRE

(Roque Esteban Scarpa – 1914-).



Miro tus manos. Pienso cuánto trabajo y caricia

entremezclados tienen sus tactos. Cuánto poder de amor,

hasta ayer ejercicio, movió almas y cosas. No me engaña

quietud con que las posas, con abandono, en el regazo.

Manos para ser mimadas por lo que consolaron,

manos para ser servidas por tanto que se dieron,

manos para la triste enfermedad y la alegría abierta,

manos de los diarios dolorosos adioses expresivos

y modestas en los gozos de los reencuentros.

Contienen esas manos tanta vida que los demás perdieron

al entregarse en vivir sin guardar memoria.

Miro tus manos, calidas, candidas palomas,

y de ellas, como lino leve, a mi piel se transfunde

aquella caricia con que me recibió la vida.



Bueno, en una clase mi profesor ocupó los versos:



“manos de los diarios dolorosos adioses expresivos

y modestas en los gozos de los reencuentros.”



El caso es que él nos relató que el autor de este poema (serenense y amigo del profe) tenía una madre que en esa época ya cumplía 100 años de edad, no veía ni casi oía por ello, y por eso cada vez (diariamente) que el poeta, ya mayor también, se despedía de su madre ella sólo podía apretar sus manos, pero no como un simple “adiós” sino más bien era por si no la encontraba con vida una vez que él volviera. Y por eso también “gozos de los reencuentros” pues ella también le daba la bienvenida apretándole las manos.



Espero que esto nos haga decirle todos los días a nuestra madre que la queremos, pues aunque somos conciente que ellas lo sabe, aun así nunca está de más decírselo, ya que nunca sabemos si nos verá o la veremos cuando regresemos.

viernes, 27 de mayo de 2011

"La Quintrala" (fragmento perturbante xD)




Hola otra vez, aquí un FRAGMENTO del libro La Quintrala de Magdalena Petit, lo leí de una pasada porque me gustó mucho, y para tentar la lectura e aquí una parte del libro perturbadora xD seamos honestos, por eso lo leí jajaja. Bueno, besos, no olviden que hay muchos buenos libros que leer! Ahora a por la Araucana y Malincha! jojojo





“La pequeña Catrala se agita en su lecho sin poder dormir. Su imaginación está llena de las visiones de la procesión de sangre; recuerda lo que les ha contado la Josefa, a ella y a su hermanita mayor, sobre cada anda, sobre los penitentes y sobre el infierno. Tiene presente a un hombre que llevaba los brazos atados a una cruz y que de pronto se desmoronó sobre sus piernas, cayendo al suelo: la Aguedita se había arrimado a la Josefa mientras sacaban a un lado al muerto y seguían pasando y pasando los disciplinantes en el vocerío.



- ¿Y por qué algunos se azotan ellos mismos? – había preguntado la pequeña Catrala.

- Para castigarse por sus pecados y obtener perdón de Dios – había respondido la Josefa.

- ¿No será porque les gusta?

- ¡Cómo les va a gustar! Si duele muchísimo, tienen que ser muy valientes para soportarlo.



En balde se da vuelta en la camita la niña; el sueño no viene: una idea fija lo espanta. La necesidad de realizarla va creciendo e imponiéndose, vehemente. La niña, al fin, salta de la cama. Cuidando de no hacer ruido, avanza, como gatita cautelosa, hacia la puerta que da al corredor. Allí tropieza, empujándolo, con un taburete. Le parece tan fuerte el sonido del roce contra el suelo, que permanece un momento anhelante: cree haber desertado a todos los de la casa…, pero nada; sigue, tranquilizador, el silencio nocturno. Se pone entonces de pie y se desliza por el patio, donde una débil luna, en medio de los esfuerzos de sus rayos por desencapotar el cielo, alcanza a clarear. Se detiene la chica frente a un cuarto, cerca del comedor; abre despacio la puerta, tantea contra la pared izquierda, buscando algo. Como no lo alcanza, empuja completamente la puerta, haciendo penetrar un poco de luz, y arrima una silla para elevarse a la altura de una tira de cuero con la que castigan a los esclavos del servicio cuando así lo ordena el dueño de casa.



La niña ha manifestado curiosidad por asistir a estos castigos, pero sin conseguir satisfacerla. Sabe, solamente, dónde se guarda el azote, y que es Pedro el encargado de manejarlo.



Su manito, ligeramente trémula, logra al fin descolgar el látigo, mientras el corazón le palpita con ese goce mezclado de temor que experimenta siempre que comete algún acto prohibido.



***



El oratorio está sumido en una atmósfera plomiza en la que flotan todavía emanaciones de incienso y de humo de cirio. El aceite de la lamparilla se va extinguiendo y la llamita aletea, moribunda. Sobre el altar, vagamente, se adivina la imagen de una “Inmaculada Concepción”.



La avanzada hora nocturna matiza de misterio la quietud del recinto sagrado: llama a la oración sobrecogida de un alma en inefable comunión con Dios. De pronto se abre una puerta y la ráfaga de aire frío que agita la atmósfera tibia arrastra en su corriente una forma humana frágil. El ambiente de paz cristiana se va perturbando. No es ésta un alma mística que viene en busca de oración: ante el altar, desnuda, se está disciplinando una diminuta sacerdotisa pagana.



Va y viene el látigo, torpemente primero. La mano inexperta y débil se hace más diestra, poco a poco, y va y viene el látigo. Va y viene, va y viene. Presa de frenesí, como un exótica danzante, la Catralita se disciplina….”.



Fragmento de La Quintrala de Magdalena Petit.

Ed. Zigzag. Cap. 2, pás. 15 a 17).



Nota: Maldito impuesto al libro! Todo es tan caro en Chile! Les conviene que la gente no lea para que puedan pasar de ella, verdad? ¬¬