Fanfic Koi Suru Bou Kun

Proyecto Challengers!

viernes, 5 de diciembre de 2014

Geisha de Liza Dalby


Lo más complicado del libro fue encontrarlo xD pero por suerte me dijeron que en un pueblo grande cercano estaba en su biblioteca municipal, así que lo pude pedir el tiempo suficiente para sacarle fotocopia y luego encuadernarlo (¡Gracias taller de encuadernación!) el resultado fue bastante decente, cómo para la lectura y además cuidar su conservación pirata, je!

            Este libro entra en la serie de lecturas que he tenido sobre geishas, libros que ya he comentado anteriormente, entre ellos está “Memorias de una Geisha” de Arthur Golden, “Vida de una geisha” de Mineko Iwasaki (la geisha entrevistada para Memorias…) y ahora “Geisha” de Liza Dalby. Hay que saber quién es ella para comprender su libro. (La señora) Liza es una antropóloga que hizo su tesis sobre las geishas, y por supuesto, para hacer una buena investigación fue a Japón mismo y se hizo geisha durante unos meses, participando así de la cultura y la vida de las geishas para hacer un mejor trabajo. “Observación participante” le llamó. Esta antropóloga ha sido la única occidental, si no extranjera, que ha sido geisha, una verdadera geisha; por ello su experiencia es sumamente importante porque como occidentales (ella es norteamericana) estamos lamentablemente limitados en nuestra comprensión sobre temas culturales orientales, estamos condenados, y no sólo hablo de prejuicios (muchos crees que las geishas son prostitutas cuando son en realidad artistas ¡Qué diferencia!) si no simplemente limitados en nuestra visión, nuestra forma de pensar, la diferencia cultural es demasiado grande. Pero Liza nos salva de eso, ella es el mejor filtro, está entre ambos mundos, para poder no sólo mostrarnos a las geishas tal como son, si no saber cómo hacerlo, desde su visión occidental compartida con nosotras.


            Pero este libro no es la tesis de la antropóloga, y bien lo explica en el prólogo del mismo: “Este libro es, ante todo, un libro sobre las geishas” no espera ni ser una investigación profunda y académica, ni una narrativa fantástica. No. A lo largo del libro, separando por temas muy bien delineados, se va desglosando la vida y cultura de las geishas, desde la importancia del kimono, hasta la pérdida de la virginidad o la muerte de una geisha. Con un lenguaje sencillo, una escritura fluída, y partes tanto de narrativa (en el sentido que se lo narra como un suceso que vivió con diálogos y todo) como otras expositivas-explicativas.

Liza Dalby fue geisha un par de meses, y no sólo de nombre, sino que trabajó verdaderamente como geisha ganando dinero como tal, y viviendo en la okiya (casa de geishas) con su oka-san (madre adoptiva de geishas, por así decirlo). En todo ese tiempo ella siguió haciendo entrevistas, viajes, encuestas para su investigación además de su propia experiencia como geisha.


Sé que no soy la única que fantasea con que no haya seguido como geisha xD
Y bueno, eso es suficiente para saber más o menos sobre el libro, para mayor especificación transcribiré el prólogo donde ella explica mejor la intención y el estilo del libro, y el índice, para que sepan todos los temas que recorre el texto, aunque algunos títulos sean algo “figurativos” como por ejemplo “La dama de la flor de cerezo” que trata de los ricksha (esas especies de carretillas tiradas por un solo hombre) ya que las geishas son las únicas que los usan hoy en día, y sobre una joven geisha llamada Sakurako (su nombre de geisha) a través de quién conocemos más o menos la postura de la nueva generación de geishas en el siglo XX. Oh, y también transcribiré un texto que escribió Liza Dalby 20 años después, en 1990 algo, ya que el libro como tal fue escrito en 1970 algo, qué bueno que pille esta edición renovada.

También se complacerán al notar que hay un útil glosario de términos japoneses al final del libro.

Además de eso subiré un fragmento que me gustó mucho, pronto!
Sobre futuras lecturas sobre geishas, buscaré otro libro sobre geishas escrito por una geisha, después de eso algo de literatura japonesa sobre el tema. Creo que es la mejor fuente, soy reacia a leer textos occidentales, ya tuve demasiado con Memorias… que me decepcionó mucho es el principal culpable de la mala imagen de las geishas en occidente (razón, les recuerdo, por la que la verdadera geisha escribió su libro Vida de una geisha), así que las demás obras occidentales sobre geisha, que de hecho la misma antropóloga advierte su poca representatividad del mundo de las geishas (las protagonistas no eran geishas, eran prostitutas, kuek), digo que me mantendré alejada, lo siento, primero terminar todo el buen material que tenga disponible antes de leer cualquier cosa, mm!


Por supuesto espero que si tienen la posibilidad de leer este libro lo hagan, es una buena forma de informarse de este mundo tan complejo y profundo que son las geishas, un símbolo de Japón que a pesar de su modernidad hoy en día, sigue presente, inamovible, eterno.

Próximamente: reseña de “Synco” de Jorge Baradit y “Caleidoscopio” de Pía Ahumada, autores chilenos.




Y espero no tener problemas legales para subir una traducción de la información sobre Liza Dalby que nos da Wikipedia, es que sólo está la información en inglés D;

jueves, 27 de noviembre de 2014

Relatos de las tierras oscuras, de Marcelo Rapia A.

Relatos de las tierras oscuras
Marcelo Tapia A.


*ACTUALIZADO*

Es que me encontré con el autor y en la conversa me enteré de nuevas cosas, je!

Reseña

El libro (narrativa), del autor Marcelo Tapia A., ilustrador serenence, trata del viaje épico que emprende Azereuhz, un joven guerrero Humaht, a través de un mundo oscuro lleno de peligros, espacios recónditos y misteriosos; con el fin de dar un mensaje a una tierra lejana, mensaje que dará inicio a una nueva batalla ¿la final? Tal parece que la guerra en realidad nunca terminó. El viaje es largo y tortuoso, y al final, nos daremos cuenta que el viaje de nuestro protagonista iba más allá de sí mismo.

Opinión-comentario

Hay dos caminos que se me ocurren para referir este libro, le primero es sobre la edición y el segundo sobre la historia en sí. La edición vale la pena mencionarla dado que el libro fue publicado por una editorial independiente y sin fines de lucro llamada SOLID ediciones, lo cual hay que agradecer y valorar; sin embargo, la publicación representa varios errores (a pesar de ser la 2° edición del mismo libro) el más obvio fue el no numerar las páginas por ejemplo, que según la nueva información que me dio el autor, esto fue hecho adrede (en tal caso le aconsejé humildemente que lo explicara en la próxima edición); o ya problemas con el texto mismo y sus guiones de diálogos irregulares o una mala diagramación; pero a pesar de eso se le puede disculpar dado que es una editorial independiente y sin fines de lucro como antes referí, a algunos esto no les parecerá y lo crucificaran pero yo prefiero apoyar estas iniciativas aunque vengan con errores amateur ¿quién soy yo de todas formas? Pero es cierto como muchos otros pensaran, que si se hará algo tiene que hacerse bien sin importar la naturaleza de lo que se haga.

También extrañé las sangrías.


Eso con respecto a la edición, ahora, referente a la historia lo cierto es que me gustó muchísimo - dejando de lado alguna que otra falla de comas (que de hecho es muy discutible porque la puntuación es una ciencia muy relativa) y alguna que otra ortografía más normativa que grave – la historia en sí me parece excelente, su estilo me encantó. En realidad es un muy buen ejemplo del típico viaje del héroe ¡pero viaje en verdad! El cómo te llevan por los espacios y las minuciosas descripciones del largo camino que recorre el protagonista en verdad nos sumergen en un verdadero viaje, tal vez demasiado físico para algunos pero perfecto para mí, que siento que iba muy bien con la naturaleza del relato: un discurso épico, casi mitológico, de leyenda. Al principio pensé que era al estilo de Lovecraft pero si bien se siente su influencia no es para nada como Lovecraft, el autor tiene su propio estilo, y puede que sea porque también es ilustrador, que visualmente la narrativa es muy rica.

¡Y qué manera de crear un mundo! Creo todo un universo con su mitología, su historia épica, sus espacios y el pasado de muchísimos personajes, en verdad uno se siente en otro mundo, en otra realidad, se siente lo rico de ese universo y hasta hay que tener mucho cuidado para no olvidar el nombre de cada criatura que te nombran, muchas veces tuve que volver en mi lectura por tantas especies que refería el relato, pero más allá de molestarme me gustó mucho esa complejidad, significa que el autor creo un nuevo mundo desde cero, y un mundo verdaderamente muy rico.

De hecho me gustó muchos varios detalles simples, como que no sabemos el nombre del protagonista de inmediato, y ni siquiera su objetivo del que incluso sospechamos al principio que ni él mismo lo sabe. Además el ser tan “físico” el relato y alejarnos de su psicología, hace que vayamos descubriendo la personalidad del protagonista por sus acciones, estimándolo y simplificándolo más allá del primer prejuicio que tendremos sobre él.


Más de dos tercios de la historia tratan del viaje del protagonista, un viaje delicioso (sí, usaré esa palabra) porque en verdad te lleva con él en su largo camino y en sus desventuras. Luego, ya nos alejamos un poco de él para vislumbrar a otros personajes que serán los nuevos protagonistas de la gran batalla final, para posteriormente volver a nuestro protagonista sólo para enterarnos de una calamidad…

Hay mucho discurso mitológico y épico, en especial lo referido a las luchas y las guerras, varias referidas a un pasado lejano pero que permanece, como la típica guerra que en realidad nunca acaba y que de hecho parece nunca acabará.


Otro toque que me gustó mucho fue lo matriarcal del final, las que finalmente llevan la última y gran batalla son dos mujeres de cada bando, si quiera el protagonista juega un papel decisivo, esos detalles que van en contra de lo típico que uno podría esperar hace que el lector valore más la calidad del escrito, el autor no espera complacer, es realista según su propio relato, escribe el mundo que imagina tal como es, como si fuera tan real que tampoco puede siquiera adornarlo más o menos de cómo es.

Y bueno, esa sería la reseña-opinión-comentario respecto a este libro. Por supuesto, esperando una continuación de parte del autor. Con respecto a esta simple lectora, en verdad me gustó mucho, esta narrativa hace tiempo que no la degustaba, esa que te lleva por los confines de un mundo completamente nuevo, es genial.


Pero ojalá espero que vaya mejorando cada vez más la edición, hay que mencionarlo.


Como nueva información, el autor me dijo que está trabajando en un nuevo proyecto que no tiene relación con este universo creado por el (aunque hay un comic a modo de continuación), pero posteriormente escribirá un nuevo libro llamado “SODINAS” y será acerca del sabio Sodinas, autor del inmaculado presente en la historia del Ihjor y el Oscurum ¡Genial! :Q___________________ 


Oh sí, también me contó que están trabajando en un videojuego indie para android, estilo plataformas, de esta historia; aunque yo opino que un videojuego estilo novela visual sería más acertado para poder usar la narrativa del libro y las ilustraciones también del autor, quedaría hermoso.

Al pendiente de sus nuevas obras!

Juego de rol en vivo SteamPunk

Hace algún tiempo, vale, meses atrás sólo que no lo había escrito porque estoy sumida en algún tipo de letargo vital~~~ participé en un juego de rol en vivo, ojo, qué nunca había hecho juegos de rol antes… bueno al menos no fuera de la cama ja! Broma… cof cof, bueno, el caso es que cuando puberta yo junto con una amiga ideamos un juego de rol con dados, tarjetas, escenarios e historias, seguíamos las típicas y básicas reglas de tener personasjes, tener a un “Dios” que supervisaba (¿qué, en todo se necesita?) pero no era tan serio aunque sumamente divertido! :D bueno, el caso es que mi experiencia era nula, aunque vi mil veces “Sangre Eterna” película chilena que toma este tema ¿alguien la recuerda?

Iré contando paso a paso mi experiencia, el juego lo ideo un grupo de Steam Punk de mi región, ya había participado en encuentros antes, esperen, creo que sólo uno, bueno el caso es que es muy interesante ese estilo y subcultura, para quiénes no lo conozca básicamente toma la tecnología y mmmhhh historia de la época de la máquina a vapor para hacer el supuesto de qué hubiera pasado si el futuro se basara en ESA tecnología, resultado: una vestimenta hermosamente victoriana, corsett a por mayor, y una tecnología basada en la mecánica de relogería, con sus autómatas incluidos. Es un tema histórico y estéticamente muy interesante. Y este fue el grupo que organizó el juego de rol, por lo que evidentemente tenía que ser al estilo Steam Punk.



No fue con un guión premeditado, salvo para los organizadores, de la historia y lo que iba a suceder nadie más tenía idea, así que fue una velada muy expectante. Comenzamos con semanas de anticipación, primero escogiendo nuestros personajes, había de todo, una institutriz, una autómata, un comandante militar, un doctor un poco chiflado, aventureros jóvenes trotamundos, etc. Y lo que yo escogí fue una especia de bruja africana, en una época en que los negros aún eran tratados como esclavos ¿interesante, no?
Después de eso, por correo se nos recomendó investigar sobre nuestros personajes con respecto a esa época, y luego nos informaron que cada uno tenía un “secreto”, y que podíamos escoger el saberlo o no, si lo sabíamos podíamos interpretarlo mejor en nuestro papel ese día, si no, sería un desafío hacerle frente, yo preferí enterarme je! Para actuar mejor.

Mi secreto era nada menos que yo tenía una hermana gemela que realmente poseía los poderes mágicos y que yo la había matado cuando éramos niñas para tomar su identidad, y desde entonces engañaba de ser yo la poseedora de estos poderes mágicos D:!
Tras enterarme de mi secreto pasaron los días hasta que vino el día del evento, era en un local con cena que teníamos que pagar aparte, tuve que cuidar mi vestimenta para que pareciera que además de bruja africana, era bruja africana del estilo steam punk, no sé si lo logré pero me esmeré xD.


Llegados a lugar (fui yo y tres amigos más) apenas llegados al lugar que era un pab, de inmediato un chico que hacía de mesero extremadamente cortés (lo que ya nos hizo sospechar) nos condujo a un salón donde ya estaban comenzando a cenar, todos estaban disfrazados y nos trataron de inmediato en nuestros papeles y época, fue como viajar al pasado. Un hombre vestido elegantemente victoriano me saludó besando mi mano con un “buenas noches, madam, sea usted bienvenida” y una chica con un hermoso vestido me saludo de “querida, no sabes cuánto me complace tenerte aquí” de inmediato yo también tuve que modificar mi habla para unirme al juego.
Cenamos deliciosamente, y fue muy entretenida la conversación, porque todos jugábamos con nuestros personajes y además todos queríamos dar un dejo de misterio~~~ pero también me reí, en especial recuerdo a un doctor que se burlaba de cierto joven estudiante llamado Freud que tenía unas ideas alocadas, muchas bromas de esta índole histórica se esparcían en la mesa. Yo por mi parte no me quedé atrás, haciendo comentarios tétricos cada vez que podía.

Después de la cena se nos condujo a otro salón, donde fuimos espectadores de una danza al estilo árabe de una chica contactada para ese fin exclusivamente, fue genial, luego cantó una de las asistentes a la cena, yo no sé nada de ópera pero fue ese estilo y tanto yo como los demás asistentes quedamos fascinados, luego bailó la autómata, con un estilo algo mecánico, fue genial, también un estilo algo árabe, se veía estupenda porque su traje y maquillaje de verdad le daban ese aire de autómata con tecnología relojera.
Luego fuimos al salón donde se habían hecho los “shows” y nos pusimos en círculo, ahí nos indicaron que cerráramos los ojos mientras con voz penetrante el organizador, que por supuesto también era un personaje, nos decía que cada uno tenía un secreto y que el libro que estaba en a un lado de la mesa donde cenamos contenía los secretos de cada uno y éste, había sido robado. Cuando abrimos los ojos, el libro ya no estaba. Después de eso, volvimos a sentarnos en la mesa mirándonos con sospechas unos a otros, mientras nos pasaban unas tarjetas que contenían pistas sobre el secreto de otro, y desde ese momento comenzaron las acusaciones y pregustas de un personaje a otro con el fin de develar quién sería capaz de robarse el libro, o que es igual, quién poseía el secreto más macabro por el que deseaba no ser revelado jamás wowowowo.

Yo me esmeré lo que pude, pero poco a poco me pillaron, dado de que ya que podía comunicarme con los muertos comenzaron a animarme a que le preguntara al tío muerto del anfitrión dónde estaba el libro ya que él había sido el que lo había escrito y pasado a su sobrino para organizar la cena, y claro, yo no tenía poderes para hacerlo, real e imaginariamente xD pero finalmente nos hicieron votar en secreto, y no salí culpable, otro asistente que fue el menos convincente cayó.
Al final no es que hubiera un culpable como un libreto, si no que entre menos convincente fueras con tus argumentos, más sospechosos serías y por tanto más votado, siendo así nombrado el culpable.

Al “culpable” le regalaron el libro con los secretos, que tenía una encuadernación estilo steam punk, también hubo votación para el mejor traje y la mejor actuación, no, yo no gané nada pero me divertí xDDD
Y luego fue maratón de fotos para el recuerdo xD y por supuesto nos invitaron a los juegos de rol ya con dados y demás, espero ir pronto a esos encuentros, me parece interesante y además muy entretenido.

Bueno, esa fue la experiencia de un juego de rol en vivo al estilo steam punk, fue muy entretenido y con una exigencia que me gustó en realidad, tener que actuar y más aún argumentar con tono a una subcultura tan alejada de esta época me encantó. Espero repetir esta experiencia una vez más y rolear~~~~~
Por supuesto los animo a buscar estos grupos por sus tierras, uno para conocer y divertirse tiene que moverse! Yo por mi parte no tenía idea de nada y fui igual, hay que puro atreverse pa hacer cosas! xD

martes, 16 de septiembre de 2014

Fafic Koi suru Bou kun One shot I


Holo, qué tal? Tanto tiempo! Yo acá disfrutando de la vida, lo cierto es que últimamente me he concentrado en hacer más grabaciones para mi canal de youtube que igual se llama caetedeltecho por si alguien quiere echarle una mirada, básicamente se trata de puras frikadas xD pero hace unos días me dio por escribir otra vez de esta querida pareja, lamentablemente me salió un fic demasiado oscuro, pero we… espero que les guste.

Está ambientado después de mi fic, y creo que haré algunos one shots más, o más de alguno se alargará, siempre como continuación del tomo uno de mi fic anterior.

Qué lo disfruten!

One shot I

Desde Morinaga

Las cosas han mejorado, al fin creo que puedo relajarme, aunque… esto de sentir que soy feliz me asusta, ¿puede ser esto demasiado bueno? ¿Algo malo pasará?

No sé cómo, pero he logrado dormir con senpai cada noche, sea en su cama o en la mía, ya es costumbre dormir con él, no hay sexo cada noche como me gustaría, claro, pero puedo dormir con él, abrasado a él.

- mnn hace frio - murmulla medio dormido, el invierno ha sido más crudo de lo que pensaba, pero no es malo, eso hace que senpai se acerque…

- pon tus manos aquí - cojo sus manos y las pongo debajo de mi piyama, en mi pecho - están frías…

- mmhh…

- tu nariz también - me acerco y lo beso, ya no tengo miedo, no tengo que forzarlo, no tanto…

- mm… idiota, déjame…

Lo abraso, siento sus dedos apretando suavemente mi piel, sus manos se deslizan a mi espalda, senpai ahora me acaricia, esto es una caricia, verdad?

- senpai… podemos? - lo miró con temor, pero él con sus ojos entre abiertos y el ceño algo fruncido hace un pequeño puchero inconsciente.

- otra vez? Qué bestia eres… - susurra con un tono algo ronco por el sueño.

- lo siento - y lo beso otra vez, poniéndome encima, él es tan lindo, y es mío, y lo tengo aquí.

- ah, no, me duele…

- te duele?

- sí, eres un animal…

- … senpai… - vuelvo a besarlo, lo acaricio, siempre continúo, está bien, seré cuidadoso, no se lo haré tan fuerte, ya lo hicimos ayer, y creo que antes de ayer también pero, no puedo soportarlo, es tan hermoso, y lo tengo gusto aquí.

- nn… - beso su cuello, y una de sus manos acaricia mi cabello, es la caricia más intensa que últimamente puede darme, creo que le gusta mi cabello, antes, sólo en el momento de su orgasmo se aventuraba a tocarme, pero era casi sin darse cuenta, ahora, me acaricia el cabello apenas lo abraso. - ah! - abre las piernas y me pongo entre ellas, lo escucho bostezar, y un extraño escalofrío lo recorre. - Mori… tienes eso?

Lo miro, está sonrojado, me mira casi enojado, tan tímido aún ahora.

- ah, sí - se refiere al lubricante, ahora que lo hacemos “más seguido” compré un tubo para no lastimarlo, senpai lo ha agradecido a su manera. Pero ahora desvía la vista, por supuesto que aún lo avergüenza.

Estamos tapados por las frazadas, así que sacarnos la parte baja del piyama es un poco difícil, pero bastan unos movimientos con nuestras piernas y ya, ahora puedo usar el lubricante…

- ahh! Nn!! Au… - senpai se retuerce un tanto.

- duele? - no sé por qué me pongo yo mismo tan tímido ahora, es tan raro, porque quiero destrozarlo…

- claro que duele, idiota! No has parado en una semana.

¡De verdad? No puedo creerlo, siquiera puedo darme cuenta de cuánto deseo a senpai, de verdad… si fuera por mí creo que lo haríamos todo el tiempo, todo el tiempo.

- perdóname, es que yo te amo tanto - lo sigo besando, lo sigo acariciando, ya quiero estar dentro.

- ahg, lo sé… - senpai acaricia mi cabeza con tanta brusquedad, pero me gusta, creo que de verdad me gusta todo lo que viene de él, su dulzura, su vergüenza, su dolor.

Me mira extraño, como indagándome, ¿qué está pensando? A pesar que lo amo tanto nunca he estado seguro de lo que piensa, ahora mismo me ve enojado, sonrojado, excitado y avergonzado ¿qué significa?

- se-senpai… ya puedo?

- en verdad eres un pervertido, siempre teniéndola dura - wow, senpai es tan brusco que a veces habla algo sucio, pero que lo haga me gusta, que me trate mal me gusta…

- sí, lo siento… - y entro lentamente, mientras aprieto sus tetillas - ah… senpai…

- nn!! - se contrae - i-diota, mañana… cómo me levantaré?

- es sábado, puedes faltar… - comienzo a moverme lentamente, se siente tan bien, es como si toda mi existencia se hubiera resumido a esto, a este vaivén, a esta sensación, sí, yo de verdad nací para esto, para hacerlo con él.

- tonto… no es tan… fácil ¡ah! - no aguanté más y aceleré, maldición, dije que no se lo haría tan fuerte.

- senpai, bésame - lo beso como loco y él me responde, con una mano en mi cabello, la otra arañando mi espalda, siento cómo sus piernas se aferran a las mías, su cadera también se levanta, el sudor de su pecho se junta con el mío.

- ah, no… hace calor - tan pronto comenzamos a sofocarnos, lo hacemos demasiado fuerte.

- no senpai, es bueno, es bueno - ya no sé ni lo que digo, sólo quiero correrme con él, siento su pene erecto humedecer mi vientre, comienzo a masturbarlo.

- au! No, ah! M-me correré! - se retuerce más, habla en mi boca sin parar de besarme, tiene los ojos cerrados sumido en su propia sensación, puedo saborear el sudor de su cara, sentir lo caliente que está en mis labios.

- está bien, senpai. Dámelo… - quiero que se corra, quiero que se corra en mi mano, en mi vientre, en mi boca y en mi cara, pero qué puedo hacer? No puedo llevarlo a dónde quiero llevarlo, no puedo hacerle las cosas que quiero hacerle, no, sería demasiado, se asustaría, podría odiarme.

- nn… - tiembla aguantándose, de pronto me mira, con ojos llorosos, timidez y nerviosismo - y tú?... - nunca antes le había importado, esta dosis de sexo diario ha dado resultado.

Sonrío.

- ….senpai, puedo… probar algo? - es la excitación la que me aventura a preguntar.

- q-qué? - dejo de masturbarlo, senpai me mira extrañado.

- quiero que te corras diferente hoy… - qué estoy haciendo, me matará.

- ah?

Pero no lo dejo contestar, levanto mi cuerpo sin salirme de su interior, las frazadas caen y en un rápido movimiento me pongo en su espalda, detrás de él.

- ah! Qué haces idiota! No te muevas así! - tal parece que le dolió un poco, pero no importa, el dolor no es malo.

Y vuelvo a masturbarlo mientras mordisqueo su espalda, en esta postura es más fácil hacerlo, más efectivo.

- ah! Ahh! No! Mierda! - ya viene, tan rápido.

- te vas a correr senpai? - le pregunto oliendo su cabello, mordiendo su cuello más fuerte de lo que debería.

- au! Ah! Ya! Mori! - no para de gemir y retorcerse, a estirado sus manos como si quisiera huir pero no huye, frecciona una de sus piernas, animándome a completar mi fantasía.

- quiero que te corras, senpai, como un perro. - mi voz toma un todo que ni yo conocía.

- nnn!!! - tal vez me oiga, tal vez no, pero dejo su pene para tomar su pierna y levantarla del todo por debajo de la rodilla mientras lo golpeo por dentro lo más fuerte que pueda.

- ah! No! Qué?! Ahhhggg

- así, senpai, déjalo salir así… - casi no puedo hablar, es demasiado fuerte todo, demasiado intenso, demasiado bestial.

- no! No, Morinaga! Así no! Ah! Suéltame! Déjame! - senpai comienza a arañar el colchón como si quisiera escaparse, su espalda se yergue pero lo mantengo pegado a mi pecho con mi brazo libre, no puede huir, por más que pataleen tus piernas, por más que intentes contener tu semen. - no! De verdad! No quiero! No así! Por favor! Morinaga!!!!!

Lo hizo, lo botó todo así, como un perro, escucho su sollozo mientras yo mismo pierdo mi semen dentro de él, me apretó demasiado por su propio dolor, por su propia vergüenza. ¿Me odias, senpai? ¿Quieres lastimarme?

- senpai… - suelto su pierna levantada, ya está relajada, casi colgada sostenida por mí, lo volteo, me pongo sobre él y lo miro.

Una de sus manos tapan su rostro, la otra desfallecida está a su costado, siquiera trata de alejarme.

- senpai… yo te amo. - y lo beso. Es hermoso así, porque sé que no puede odiarme, o más que eso, que puede amarme a pesar de odiarme.

Siento su hipo en mis labios, sigue sollozando, pero su mano, la que tapaba su rostro se desliza a mi cabello, la otra toma mi cintura.

Nos miramos. Pero él desvía la mirada al momento.

Vuelvo a cubrirnos con las frazadas, como un secreto. Apago la luz de la lámpara y lo abraso, seguimos desnudos. Y apenas estamos a oscuras lo escucho.

- pero… debo limpiarme - senpai, en realidad nunca dejará de ser senpai.

- no, así estás bien.

- eres asqueroso.

- sí. - y lo beso, en la oscuridad senpai es más honesto, aprieta sus dedos en mis costillas, he notado que le gusta hacerlo. No me reprocha lo que hice y eso es peligroso, porque me anima a ir más y más lejos, más y más lejos, ¿hasta dónde? Tengo miedo de seguir jugando a esto, jugar a ver cuán lejos puedo llegar antes que empiece a odiarme. - ¿me odias, senpai?

Un momento de silencio, no sé cuánto tiempo.

- un poco. - y me besa, senpai me besa, sus besos son tan tiernos, tan tímidos, como un niño. Y su mano revuelve mi cabello, y yo destrozo ese dulce beso con mi boca asesina, devoradora.

- sí, senpai, rómpeme.

fin

Ya saben, comentarios, cartas de muerte, etc. Aquí abajo, o en el cuadro de chat o a mi correo: shicakane@hotmail.com

Siempre es un disfrute leer sus opiniones n,n/

lunes, 21 de julio de 2014

"Canción beoda desde la tumba" de H. P. Lovecraft



Poema :D sí, también escribió poesía.

Hace poco un amigo me prestó un libro de Locecraft que interesantemente nunca había leído, siempre había preferido a Allan Poe, aunque no sé de dónde saqué que siempre se comparan a estos dos, lo cierto es que hubo una época hace muchos años en que estuve interesada en los “libros oscuros”, leí varias cosas interesantes en esos años, hasta la biblia satánica de Lavey xD el caso es que simplemente tenía más libros de Poe que de Lovecraft, y así terminé leyendo siempre más cosas de él :B

Pero antes de intentar compararlos y comentar más, aquí el poema que quiero compartirles, para los borrachos empedernidos del carpe diem xD al final del poema sigo con la cháchara si a alguien le interesa.

Un poco de vocabulario para entender mejor el poema:

Beoda: emborrachado o ebrio (RAE).

Anacreonte: fue un poeta griego nacido en la ciudad jónica de Teos, situada en la costa de Asia Menor (actualmente Sigack, en Turquía), más o menos en la época de la muerte de Safo de Lesbos. (WIKIPEDIA). Ojo que Safo es una poeta que escribió los primeros poemas con temática lésbica, de hecho, de la isla de donde provenía (Lesbos) viene el término Lesbiana oOo (YO).


CANCION BEODA DESDE LA TUMBA
H.P. Lovecraft


Acercaos, camaradas, acercaos con vuestras jarras de cerveza
y brindad por el presente antes de que se vaya;
Rebosad vuestros platos con montañas de carne
pues el comer y el beber nos traen alegría;
Así que llenad vuestros vasos
pues la vida pronto pasa;

¡Quién si no brindará por vuestro rey o vuestra mujer cuando estéis muertos!

Anacreonte tenia roja la nariz, según dice;
Pero ¿qué importa la nariz si se es feliz y se está alegre?
¡Qué dios me maldiga! ¡Prefiero estar rojo pero estar aquí,
que blanco como un lirio, muerto y enterrado!
Así que ven conmigo, Betty, mi niña,
Ven y dame un beso
¡No hay en el infierno hija de posadero como esta!
El Joven Harry se mantiene todo lo recto que puede,
pero pronto perderá su peluca y se caera bajo la mesa;
Pero llenad, llenad vuestros vasos y que corra la bebida.
¡Es mejor estar bajo la mesa que bajo la tierra!
Así que gozad y que siga la juerga,
Apurad vuestros vasos y cantad;
¡Es mucho mas difícil divertirse bajo seis pies de tierra!

¡Este vino me deja sin sentido! Apenas puedo andar,
¡Y maldito sea si consigo ponerme en pie o hablar!
Eh, Posadero, dile a Betty que me traiga una silla;
¡Tu casa será la mía ya que mi mujer no está aquí!
Así que echadme una mano
pues ya no me tengo en pie.
¡Pero qué más da mientras pueda seguir sobre la tierra!


Sigo con la cháchara:

Ahora, años después de haber leído varios cuentos de Poe, recién puedo hacer una comparación en primera persona de sus obras, aunque claro, no he leído todas para ser justa, pero vaya, será sólo una opinión de una pulgita como yo.

En primer lugar, sé que son más o menos contemporáneos, pero aunque investigué no llegué a saber si realmente interactuaron entre sí, algún día me enteraré, es la misma sensación de no saber si interactuaron Nietzsche con Freud :I

Pero puedo decir que la noción que tuve/tengo aún es que Poe tiene un terror inclinado más a situaciones reales, aunque por supuesto fantásticas al menos posibles, no todas claro, pero no es tan sobrenatural como Lovecraft que tiene más ciencia ficción, como viajes a través del tiempo, magia, monstros, etc. Allan Poe puede relatar situaciones extremas, pero posibles, es un terror que entra más en uno quizás por ello, como asesinatos macabros, sistemas de tortura, locuras por enfermedades, aunque siempre con un dejo de misterios sobrenatural, que siempre, claro, queda en misterios.

¿Cuál es mejor?

Sonará amarillista pero ambos me cautivan xD ahora leeré más a Lovecraft simplemente porque no he leído tanto de él y me gustó, tiene ese aire de ciencia ficción que me gusta mucho últimamente por Isaac Asimov y Ray Bradbury, así que a disfrutarlo!

Por supuesto, ambos son recomendados, siempre se trata de gustos claro, simplemente hay que saber cuál te va más o disfrutar a ambos, porque en realidad, los dos son geniales y ya!

Nota: tambipen quisiera comparar a Allan Poe con Arthur Conan Doyle, después de todo, se supone que Poe empezó con lo detectivesco, al menos en los cuentos, ¿y Conan Doyle con la novela? creador del genial Sherlock Holmes que tanto nos recuerda al detective de Poe: Dupin.

Vida de una geisha de Mineko Iwasaki


Bueno, antes que nada este ha sido mi primer libro encuadernado por mí misma, primero porque simplemente es muy difícil de encontrar, al menos para mí; y segundo porque soy pobre xD así que preferí imprimirlo y encuadernarlo, quedó bastante bien según mi propia humilde opinión, lo más importante es que se puede leer y podrá conservarse y prestarse a mis amigos por mucho tiempo :D

Comenzar por hacer la típica comparación entre “Memorias de una geisha” y “Vida de una geisha” sería muy trillado, sólo diré que no sé qué fuentes ocupó Golden porque las historias no se parecen en nada xD tal parece que se basó en varios testimonios para su novela además de la de Mineko, o simplemente inventó todo morbosamente (espero que no sea tan directamente mezquino) porque la biografía que cuenta la geisha japonesa no tiene anda que ver con la novela del norteamericano, pero nada! Desde el principio cuando en memorias nos cuentan que cruelmente había sido vendida prácticamente como esclava y tratada como tal bajo un abuso de poder muy cruel, la misma Mineko cuenta todo lo contrario, dejando en claro que la decisión de ir a la okiya era absolutamente suya por estar fascinada por el baile (uno de los atributos artísticos de las geishas junto con muchos otros) y que el cambio de morada siempre fue paulatino viendo a sus padres a menudo, quienes siempre le dejaron claro que podía volver cuando quisiera, hasta que la adopción fuera legal. Además Mineko vivía como una princesa, pues fue adoptada con la intención directa de ser la atotori de la okiya, es decir la sucesora, comiendo la mejor comida, durmiendo en los mejores aposentos, teniendo hermosas ropas a la medida, y siquiera las “asistentas” podían mirarla ni dirigirle la palabra si ella no lo hacía primero. Sólo con darles ese ejemplo que se evidencia apenas el principio de ambas novelas-biografía-histórica (xD) se puede deducir una notoria diferencia, es decir, memorias tal parece que simplemente fue un libro escrito con intenciones macabras de sensacionalismo, morbosidad, y salseo xD una pena (?), bueno, depende el público que quiera leer/comprar esa obra :B


Ahora, pasando a la obra “Vida de una geisha” en sí, tengo que valorar su peso cultural e idiomático que contiene, la biografía está llena de conceptos japoneses que irradian la idiosincrasia que envuelve el mundo de las geishas. Hay tantos conceptos, más que shamisen, okiya, geisha, maiko, geiko, oshaya, etc. Aunque también es cierto que no sentí tanto el peso histórico como en el libro de memorias, pero puede ser, porque en realidad la vida de geisha de Mineko fue un poco después de las guerras mundiales, es decir, no chocaron tanto en su vida como se fantaseó en memorias.

Y por supuesto, y lo más importante, hay que destacar que nos presentan la vida de las geishas como tal, nos muestran su realidad, rompen con ideas equivocadamente estereotipadas y prejuiciosas, y te muestra como es todo en realidad, esa armonía entre tradición o modernidad, como choques, como por ejemplo el arte y la libertad. Lo que más queda claro al leer esta obra es que las geishas son artistas, así de simple, y cuando hace unas semanas una tía mía me preguntó:

- pero, ¿cómo lo compararías con una situación de aquí, de ahora, de Chile, 2014?

- pues, es como cuando la gente con mucho dinero (sí, así lo dije xD) invitan a artistas a una de sus cenas, pueden invitar a pintores, poetas, bailarines, y los tienen ahí casi luciéndolos porque ellos son muy interesantes y pueden animar teniendo una conversación muy interesante y culta, dejando muy bien parado al anfitrión.

- …. Es decir, de verdad no son prostitutas?

- no, de verdad no lo son xD

(Nota sobre eso: lo que pasa es que las cortesanas, es decir las verdaderas prostitutas - con todo respeto lo digo xD - del vario rojo de Japón por allá como en el 1800 algo cuando se prohibieron, en occidente se hizo esa confusión con las geishas por lol se vestían según los occidentales iguales, ains somos idiotas los occidentales, aunque yo me creo más andina xD)



Y sobre esto último, hasta la misma Mineko cuenta con total soltura cómo tenía un novio, y cuando se fue a vivir unos años independientemente a un departamento, él pasaba ahí un par de días, como una chica de 20 y tantos normal, que vivía sola, salía con amigos, tenía un novio, etc.

Así que si verdaderamente se interesan por la cultura japonesa, leer sobre las geishas que se consideran el mayor ícono de tradición nipona, les será extremadamente ilustrativo y por supuesto grato, como con esta novela, espero que puedan conseguirla, no como yo xD pero si no, siempre podrán encontrarla (gracias a Alá!) en el santo internet.
Próximamente, leeré el libro “Geishas” de Liza Dalby, única occidental que ha sido geisha, geisha de verdad, como son, artistas,  bailarinas, verdaderas flores para la contemplación y el disfrute, la mejor compañía.

Aquí Liza Dalby:

viernes, 18 de julio de 2014

Robbie de Isaac Asimov


Isaac Asimov, uno de los mayores representantes de la literatura de ciencia ficción (y más prolífero con más de 400 obras tras él) nos deleita con este adorable cuento de una niña pequeña simplemente encariñada humanamente a su robot niñera ¿y él? Animense a aventurarse en su historia cuenta su madre, asustada de los roboths, decida separarlos ¿qué pasará? ¿la inocencia de una niña triunfará ante los prejuicios de los adultos? ¿qué es el sentimiento después de todo…?

Robbie de Isaac Asimov

—Noventa y ocho... noventa y nueve... cien.
Gloria apartó el pequeño antebrazo que tenía delante de los ojos y permaneció quieta un momento, arrugando la nariz y parpadeando ante la luz del sol. A continuación, intentando mirar en todas las direcciones a la vez, se apartó unos pasos cautelosos del árbol contra el cual había estado apoyada.
Estiró el cuello para investigar las posibilidades de un grupo de arbustos a la derecha y seguidamente se alejó más a fin de obtener un ángulo mejor para observar su oscuro interior. El silencio era profundo salvo por el incesante zumbido de los insectos y el poco frecuente gorjeo de algún pájaro robusto, que desafiaba el sol de mediodía.
Gloria hizo pucheros.
—Apuesto a que se ha metido dentro de la casa y le he dicho un millón de veces que esto no es justo.
Con los finos labios apretados fuertemente y un severo ceño arrugando su frente, se encaminó decidida hacia el edificio de dos plantas situado después de la avenida.
Demasiado tarde oyó el sonido de un crujido detrás de ella, seguido por las claras y rítmicas pisadas fuertes de los pies metálicos de Robbie. Se dio la vuelta para ver cómo su triunfante compañero surgía de su escondite y se dirigía al árbol cabaña a toda velocidad.
Gloria gritó consternada:
—¡Espera, Robbie! ¡Esto no es justo, Robbie! Me habías prometido que no correrías hasta que te encontrase.
Sus pequeños pies no podían en absoluto tomar la delantera a las zancadas gigantes de Robbie. Luego, a tres metros de la meta, el paso de Robbie aminoró de repente hasta simplemente arrastrarse, y Gloria, con un impulso final de salvaje velocidad, lo adelantó sin aliento para tocar primero la bienvenida corteza del árbol.
Se volvió con júbilo hacia el fiel Robbie y, con la más baja de las ingratitudes, recompensó su sacrificio echándole cruelmente en cara su falta de habilidad corriendo.
—¡Robbie no sabe correr! —gritó con el tono más alto de su voz de ocho años—. Le puedo ganar cuando quiera. Le puedo ganar cuando quiera. —Y cantaba las palabras con un ritmo estridente.
Robbie no contestó, por supuesto... no con palabras. Por el contrario, se puso a hacer ver que corría avanzando palmo a palmo hasta que Gloria empezó a correr detrás de él; éste la esquivaba por poco, obligándola a girar en inútiles círculos, con los bracitos extendidos y abanicando el aire.
—¡Robbie, estate quieto! —chilló, mientras se reía con sacudidas jadeantes.
Hasta que él se volvió de pronto y la cogió en volandas, haciéndola girar de forma que durante un momento ella vio cómo el mundo descendía debajo de un vacío azul y los árboles verdes se estiraban ávidamente boca abajo hacia el infinito. Luego, otra vez sobre la hierba, apoyada contra la pierna de Robbie y todavía agarrando un duro y metálico dedo.
Al cabo de poco rato, recobró el aliento. Se retocó en vano el pelo despeinado en una vaga imitación de uno de los gestos de su madre y se volvió para ver si el vestido se había roto.
Golpeó con la mano el torso de Robbie.
—¡Eres un chico malo! ¡Te voy a pegar!
Y Robbie se encogió y se cubrió el rostro con las manos, así que ella tuvo que añadir:
—No. No lo haré, Robbie. No quiero pegarte. Pero en cualquier caso, ahora me toca a mí esconderme porque tú tienes las piernas más largas y habías prometido no correr hasta que te encontrase.
Robbie hizo un gesto de asentimiento con la cabeza -un pequeño paralelepípedo con los ángulos redondos y los extremos inferiores sujetos por medio de un tubo flexible y corto a un paralelepípedo similar pero mucho mayor que servía de torso- y se puso obedientemente de cara al árbol. Sobre sus ojos brillantes descendió una película fina y metálica y desde el interior del cuerpo salió un constante y resonante tic-tac.
—Ahora no mires de reojo... y no te saltes ningún número —advirtió Gloria, que corrió a esconderse.
Los segundos fueron marcados con una regularidad invariable y, al centésimo, se levantaron los párpados y el rojo brillante de los ojos de Robbie rastrearon el entorno. Descansaron por un momento en una guinga abigarrada que sobresalía detrás de una roca. Avanzó unos pasos y se convenció de que Gloria estaba escondida detrás.
Lentamente, permaneciendo siempre entre Gloria y el árbol, avanzó hacia el escondite y, cuando Gloria estuvo completamente a la vista no pudiendo ya siquiera decirse que no había sido vista, él extendió un brazo hacia ella, dando con la otra una palmada a su pierna de forma que sonase. Gloria salió mohína.
—¡Has mirado! —exclamó, con gran injusticia—. Además, estoy cansada de jugar al escondite. Quiero cabalgar.
Pero Robbie estaba dolido por la injusta acusación, se sentó con cuidado y movió pesadamente la cabeza de un lado al otro.
Gloria cambió inmediatamente de tono, por uno más amable y mimoso.
—Vamos, Robbie. No quería decir eso de que habías mirado. Dame un paseo.
Sin embargo, Robbie no era tan fácil de conquistar. Se puso a mirar fijamente el cielo con porfía y sacudió la cabeza de forma todavía más enfática.
—Por favor, Robbie, por favor, dame una vuelta —dijo ella, mientras rodeaba su cuello con rosados brazos y lo abrazaba fuertemente. Luego, cambiando de pronto de humor, se apartó—. Si no quieres, me pondré a llorar. —Y su rostro se preparó distorsionándose terriblemente.
Insensible, Robbie prestó escasa atención a esta terrible eventualidad, y sacudió la cabeza por tercera vez. Gloria consideró necesario jugar su triunfo.
—Si no quieres —exclamó calurosamente—, no volveré a contarte cuentos, así de simple. Ni uno solo...
Ante este ultimátum, Robbie cedió inmediata e incondicionalmente, asintiendo de forma vigorosa con la cabeza hasta que el metal de su cuello zumbó. Con sumo cuidado, levantó a la niña y la colocó sobre sus anchos y planos hombros.
Las amenazadoras lágrimas de Gloria cesaron de inmediato y canturreó feliz. La piel metálica de Robbie, mantenida a la constante temperatura de veintiún grados por medio de unas bobinas interiores de alta resistencia, era agradable y acogedora, y el sonido maravillosamente fuerte que producían los talones de ella al chocar contra su pecho mientras saltaban de forma rítmica, era encantador.
—Eres una aeronave patrullera, Robbie, eres una grande y plateada aeronave patrullera. Extiende los brazos rectos... Si vas a ser una aeronave patrullera, debes hacerlo, Robbie.
La lógica era irrefutable. Los brazos de Robbie eran alas que cazaban las corrientes aéreas y él era una plateada aeronave patrullera.
Gloria giró la cabeza del robot y la dirigió hacia la derecha. Él se inclinó de lado bruscamente. Gloria equipó la aeronave con un motor que hacia «B-r-r-r» y a continuación con unas armas que decían «Pow-pow» y «Sh-sh-sh-sh-sh». Daban caza a los piratas y entraron en juego los estallidos de la nave. Los piratas caían como moscas.
—Dale a otro... Otros dos —gritó ella.
Luego:
—Más de prisa, chicos —dijo Gloria pomposamente—, nos estamos quedando sin municiones.
Apuntó sobre su propio hombro con valor indomable y Robbie era una nave espacial de nariz contundente que se empinaba en el vacío a la máxima aceleración.
Corrió a gran velocidad a través del campo despejado hasta el sendero de hierba alta del otro lado, donde se detuvo con una brusquedad que provocó un chillido de su sofocado jinete, y seguidamente la dejó caer sobre la suave y verde alfombra.
Gloria respiraba con dificultad, jadeaba y emitía intermitentes susurros exclamativos de:
—¡Oh, qué bonito ha sido!
Robbie esperó hasta que ella hubiese recobrado el aliento y entonces le estiró suavemente de un rizo.
—¿Quieres algo? —dijo Gloria, con los ojos abiertos de par en par con una complejidad aparentemente ingenua que no engañó a su «niñera» en absoluto. Le estiró más fuerte del mechón.
—Ah, ya lo sé, quieres un cuento. —Robbie asintió rápidamente—. ¿Cuál?
Robbie hizo un semicírculo en el aire con un dedo.
La pequeña protestó.
—¿Otra vez? Te he contado «Cenicienta» un millón de veces. ¿No estás cansado de oírla...? Es para niños.
Otro semicírculo.
—Oh, bien —Gloria se preparó, repasó el cuento en su mente (junto con sus propias elaboraciones que eran varias) y empezó—: ¿Estás preparado? Bien... Érase una vez una hermosa niña que se llamaba Ella. Y tenía una madrastra terriblemente cruel y dos hermanastras muy feas y muy crueles y...
Gloria estaba llegando al punto álgido del cuento -estaba sonando la medianoche y todo estaba volviendo al original y pobre escenario, mientras Robbie escuchaba tensamente con ojos ardientes- cuando llegó la interrupción.
—¡Gloria!
Era el tono alto de la voz de una mujer que había estado llamando no una, sino varias veces; y tenía el tono nervioso de alguien cuya ansiedad estaba empezando a transformarse en impaciencia.
—Mamá me está llamando —dijo Gloria, no del todo feliz—. Será mejor que me lleves a casa, Robbie.
Robbie obedeció con presteza pues en cierto modo había algo dentro de él que consideraba que lo mejor era obedecer a la señora Weston, sin siquiera una pizca de vacilación. El padre de Gloria rara vez estaba en casa durante el día salvo los domingos -hoy, por ejemplo- y, cuando estaba, la madre de Gloria era una fuente de desasosiegos para Robbie y siempre estaba presente el impulso de escabullirse de su vista.
La señora Weston los vio cuando aparecieron por encima de la mata de hierba alta que los tapaba y entró en la casa a esperarlos.
—Me he quedado ronca de gritar, Gloria —dijo, severamente—. ¿Dónde estabas?
—Estaba con Robbie —dijo Gloria, con voz temblorosa—. Le estaba contando Cenicienta y me he olvidado de que era la hora de comer.
—Bien, es una lástima que Robbie también lo haya olvidado. —Luego, como si esto le hubiera recordado la presencia del robot, se volvió hacia él—. Puedes marcharte, Robbie. Ahora no te necesita. —Y, brutalmente—: Y no vuelvas hasta que te llame.
Robbie dio media vuelta para marcharse, pero titubeó cuando Gloria gritó en su defensa:
—Espera, mamá, deja que se quede. No he terminado de contarle Cenicienta. Le he dicho que se lo contaría y no he terminado.
—¡Gloria!
—De verdad, mamá, se quedará tranquilo, ni siquiera te darás cuenta de que está. Puede sentarse en la silla del rincón y no dirá ni una palabra, quiero decir no hará nada. ¿Verdad, Robbie?
Robbie, así interpelado, movió una vez en señal afirmativa su maciza cabeza arriba y abajo.
—Gloria, si no paras con esto inmediatamente, no verás a Robbie durante una semana entera.
La niña bajó los ojos.
—¡Está bien! Pero Cenicienta es su cuento favorito y no lo he terminado... Y le gusta mucho.
El robot se alejó con paso desconsolado y Gloria contuvo un sollozo.

George Weston estaba a gusto. Solía estar a gusto los domingos por la tarde. Una buena y abundante comida a la sombra; un bonito y blando sofá en estado ruinoso para tumbarse; un ejemplar del Times; zapatillas en los pies y el pecho desnudo... ¿cómo podría alguien evitar estar a gusto?
Por consiguiente, no apreció nada que entrase su mujer. Después de diez años de vida matrimonial, era todavía tan indeciblemente estúpido como para quererla y no había duda de que siempre estaba contento de verla; sin embargo las tardes de los domingos eran sagradas para él y su idea de la sólida relajación era que lo dejasen en completa soledad por espacio de dos o tres horas. Por lo tanto, posó firmemente su mirada en los últimos informes sobre la expedición Lefebre-Yoshida a Marte (ésta iba a salir de la Base Lunar y podía finalmente ser un éxito) e hizo como si ella no estuviese.
La señora Weston esperó con paciencia dos minutos, luego con impaciencia otros dos, y finalmente rompió el silencio.
—¡George!
—¿Mmmmm?
—¡He dicho George! ¿Quieres dejar ese periódico y mirarme?
El periódico crujió al caer al suelo y Weston volvió hacia su mujer una cara hastiada.
—¿Qué pasa, querida?
—Ya sabes lo que pasa, George. Se trata de Gloria y esa horrible máquina.
—¿Qué horrible máquina?
—Ahora no pretendas que no sabes de lo que estoy hablando. Es ese robot que Gloria llama Robbie. No la deja ni un momento.
—Bien, ¿por qué debería hacerlo? Se supone que está para esto. Y de cierto no es una máquina horrible. Es el mejor condenado robot que pueda comprar el dinero y sin duda me ha costado los ingresos de medio año. Sin embargo, lo vale... El condenado es más listo que la mitad del equipo de mi oficina.
Hizo un movimiento para volver a coger el periódico, pero su mujer fue más rápida y lo agarró ella.
—Escúchame, George. No quiero que mi hija esté confiada a una máquina... y no me importa lo lista que sea. No tiene alma y nadie sabe lo que puede estar pensando. Sencillamente un niño no está hecho para que lo cuide una cosa de metal.
Weston frunció el ceño.
—¿Cuándo has decidido esto? Hace dos años que está con Gloria y no te había visto preocupada hasta ahora.
—Al principio era diferente. Era una novedad; me sacó una carga de encima... y estaba de moda hacerlo. Pero ahora no sé. Los vecinos...
—Bien, ¿qué pintan los vecinos con esto? Ahora, escucha. Se puede confiar infinitamente más en un robot que en una niñera humana. En realidad, Robbie fue construido con un único objetivo: ser el compañero de un niño pequeño. Toda su «mentalidad» ha sido creada para este propósito. Sencillamente no puede evitar ser leal, encantador y amable. Es una máquina... hecha así. Es más de lo que se puede decir con respecto a los humanos.
—Pero algo puede ir mal. Algún... algún... —la señora Weston estaba un poco confusa en lo tocante al interior de un robot—, algún chismecito se soltará, la cosa horrible perderá los estribos y... y... —no pudo cobrar el valor para completar el bastante obvio pensamiento.
—No tiene sentido —negó Weston, con un involuntario escalofrío nervioso—. Esto es completamente ridículo. Cuando compramos a Robbie hablamos mucho sobre la Primera Ley de la Robótica. Tú sabes que es imposible que un robot haga daño a un ser humano; que mucho antes de que pueda funcionar mal hasta el punto de alterar la Primera Ley, un robot se volvería completamente inoperable. Es matemáticamente imposible. Además, dos veces al año acude un ingeniero de U.S. Robots para hacerle al pobre aparato una revisión completa. Es más fácil que tú y yo nos volvamos locos de repente a que algo vaya mal con Robbie, de hecho mucho más. Por otra parte, ¿cómo vas a separarlo de Gloria?
Hizo otra tentativa inútil hacia el periódico y su mujer lo arrojó con furia a la otra habitación.
—¡Se trata precisamente de esto, George! No quiere jugar con nadie más. Hay docenas de niños y niñas con los que debería hacer amistad, pero no quiere. No se acerca a ellos si yo no la obligo. Una niña pequeña no debe crecer así. Tú quieres que sea normal, ¿verdad? Tú quieres que sea capaz de formar parte de la sociedad.
—Estás sacando las cosas de quicio, Grace. Imagínate que Robbie es un perro. He visto cientos de niños que antes se quedarían con su perro que con su padre.
—Un perro es diferente, George. Debemos deshacernos de esta horrible cosa. Puedes volver a venderlo a la compañía. Lo he preguntado y puedes hacerlo.
—¿Lo has preguntado? Ahora escucha, Grace, no te subas por las paredes. Nos quedaremos con el robot hasta que Gloria sea mayor y no quiero volver a hablar de esta cuestión. —Y con esto salió ofendido de la habitación.
Dos días después, la señora Weston esperaba por la tarde a su marido en la puerta.
—Tienes que escuchar esto, George. En el pueblo hay mal ambiente.
—¿Por qué? —preguntó Weston. Se metió en el cuarto de baño y ahogó toda posible contestación con el chapoteo del agua.
La señora Weston esperó. Dijo:
—Por Robbie.
Weston salió, con la toalla en la mano y el rostro rojo y airado.
—¿De qué estás hablando?
—Oh, ha ido creciendo y creciendo. Había intentado ignorarlo, pero no voy a seguir haciéndolo. La mayoría de la gente del pueblo considera que Robbie es peligroso. No permiten que los niños se acerquen por aquí al atardecer.
—Nosotros confiamos nuestra hija a este aparato.
—Bien, la gente no es tolerante con estas cosas.
—Entonces al demonio con ellos.
—Decir esto no resuelve el problema. Yo tengo que hacer las compras allí. Yo tengo que verlos cada día. Y con respecto a los robots actualmente es peor en la ciudad. Nueva York acaba de ordenar que ningún robot debe permanecer en la calle entre la puesta y la salida del sol.
—De acuerdo, pero no pueden evitar que nosotros tengamos un robot en nuestra casa. Grace, ésta es una de tus campanas. Lo sé. Pero es inútil. ¡La respuesta sigue siendo, no! ¡Nos quedamos con Robbie!
Pero él quería a su mujer -y lo que era peor, su mujer lo sabía. George Weston, al fin de cuentas, no era más que un hombre, pobrecito, y su esposa hizo pleno uso de todos los mecanismos que el sexo más torpe y más escrupuloso ha aprendido a temer, con razón e inútilmente.
Diez veces durante la misma semana, él gritó:
—Robbie se queda.. ¡y no hay más que hablar! —Y cada vez la frase resultaba más débil e iba acompañada de un gemido más alto y agonizante.
Llegó por fin el día en que Weston se acercó a su hija con sentimiento de culpa y le sugirió un espectáculo «maravilloso de visivox» en el pueblo.
Gloria aplaudió feliz.
—¿Robbie puede ir?
—No, querida —dijo, y se estremeció ante el sonido de su voz—, no dejan entrar robots en el visivox; pero se lo puedes contar todo cuando vuelvas a casa —pronunció torpemente las últimas palabras y desvió la vista.
Gloria regresó del pueblo rebosante de entusiasmo, pues el visivox había sido en efecto un espectáculo maravilloso.
Esperó a que su padre aparcase el coche a reacción en el garaje subterráneo.
—Ya verás cuando se lo cuente a Robbie, papá. Le habría gustado más que cualquier cosa... Especialmente cuando Francis Fran estaba retrocediendo mu-y-y despacito, fue a dar con el Hombre Leopardo y tuvo que echar a correr —Se rió de nuevo—. Papá, ¿realmente hay Hombres Leopardo en la Luna?
—Probablemente no —dijo Weston, ausente—. Simplemente es divertido hacerlo creer.
Ya no podía entretenerse más con el coche. Tenía que afrontarlo.
Gloria cruzó el césped corriendo.
—Robbie... ¡Robbie!
Entonces se detuvo de repente al ver un precioso pastor escocés que la miraba con unos ojos marrones y serios mientras movía la cola en el porche.
—¡Oh, qué perro tan bonito! —Gloria subió los escalones a saltos, se acercó cautelosamente a él y le pasó la mano por encima—. ¿Es para mí, papá?
Su madre se había reunido con ellos.
—Así es, Gloria. Es precioso... suave y peludo. Es muy simpático. Le gustan las niñas pequeñas.
—¿Conoce juegos?
—Claro. Puede hacer cualquier tipo de trucos. ¿Quieres ver alguno?
—Un momento. Quiero que Robbie también lo vea... ¡Robbie! —Se detuvo, insegura, y frunció el ceño—. Apuesto a que se ha quedado en su habitación porque está enfadado conmigo por no habérmelo llevado al visivox. Papá, tendrás que explicárselo. Es posible que a mí no me crea, pero lo creerá si se lo dices tú, es así.
Los labios de Weston se apretaron. Miró hacia su mujer pero no pudo encontrar su mirada.
Gloria se volvió precipitadamente y bajó corriendo la escalera del sótano, gritando mientras se alejaba:
—Robbie... Ven a ver lo que me han traído papá y mamá. Me han traído un perro, Robbie.
Al cabo de un minuto estaba de vuelta, pequeña niña asustada.
—Mamá, Robbie no está en su habitación. ¿Dónde está? —No hubo respuesta, George Weston tosió y de repente le interesó en extremo una nube deslizándose sin rumbo. La voz de Gloria temblaba y estaba al borde de las lágrimas—. ¿Dónde está Robbie, mamá?
La señora Weston se sentó y acercó cariñosamente a su hija hacia ella.
—No llores, Gloria. Creo que Robbie se ha ido.
—¿Se ha ido? ¿A dónde? ¿Dónde se ha ido, mamá?
—Lo hemos buscado, buscado y buscado, pero no lo hemos encontrado. Nadie lo sabe, querida. Simplemente se ha ido.
—¿Quieres decir que no volverá nunca más? —Sus ojos se habían vuelto redondos por el horror.
—Quizá lo encontremos pronto. Seguiremos buscándolo. Y mientras tanto puedes jugar con tu bonito perro nuevo. ¡Miralo! Se llama Lightning y puede...
Pero los párpados de Gloria estaban empapados.
—Yo no quiero a este perro repugnante... quiero a Robbie. Quiero que me encuentres a Robbie.
Su sentimiento se volvió demasiado profundo para hablar y balbuceaba en un lamento estridente.
La señora Weston miró a su marido en busca de ayuda, pero él se limitó a arrastrar los pies malhumorado y no dejó de mirar fijamente el cielo, así que ella se inclinó para la tarea de consolar a la niña.
—¿Por qué lloras, Gloria? Robbie era sólo una máquina, únicamente una asquerosa máquina vieja. No tenía vida alguna.
—¡No era no una máquina! —gritó Gloria, fiera e incorrectamente—. Era una persona como tú y como yo y era mi amigo. Quiero que vuelva. Oh, mamá, quiero que vuelva.
Su madre gimió derrotada y dejó a Gloria con su pena.
—Deja que llore —le dijo a su marido—. Las penas infantiles nunca duran mucho. Dentro de pocos días, habrá olvidado que ese horrible robot ha existido jamás.
Pero el tiempo mostró que la señora Weston había sido un poco demasiado optimista. Es más, Gloria dejó de llorar, pero dejó también de reír y los días que transcurrían la hallaron cada vez más silenciosa y sombría. Gradualmente, su actitud de infelicidad pasiva hizo que la señora Weston se rindiese y todo lo que le impedía ceder era la imposibilidad de admitir su derrota al marido.
Luego, una noche, se precipitó a la sala de estar, se sentó y cruzó los brazos, parecía enloquecida.
Su marido alargó el cuello para verla sobre el periódico.
—¿Qué pasa ahora, Grace?
—Es la niña, George. Hoy he tenido que devolver el perro. Gloria decía de forma contundente que no podía soportar verlo. Me está llevando a una crisis nerviosa.
Weston dejó el periódico y un esperanzador resplandor tomó posesión de su mirada.
—Tal vez... Tal vez deberíamos traer de nuevo a Robbie. Se puede hacer, ¿sabes? Puedo ponerme en contacto con...
—¡No! —contestó ella, inexorablemente—. No quiero oír hablar de ello. No vamos a ceder tan fácilmente. Mi hija no será cuidada por un robot si hacen falta años para consolarse de su pérdida.
Weston volvió a coger el periódico con un aire de disgusto.
—Un año así me volvería el cabello prematuramente blanco.
—Eres de una gran ayuda, George —fue la gélida respuesta—. Lo que Gloria necesita es un cambio de aires. Es natural que no pueda olvidar a Robbie aquí. Cómo podría si cada árbol y cada piedra le recuerda a él. Realmente es la situación más tonta que jamás he conocido. Una niña languideciendo a causa de un robot.
—Bien, basta con esto. ¿Cuál es el cambio que tienes en mente?
—Vamos a llevarla a Nueva York.
—¡A la ciudad! ¡En agosto! Dime, ¿tú sabes lo que es Nueva York en agosto? Insoportable.
—Millones de personas no piensan así.
—No tienen un lugar como éste donde ir. Si no tuviesen que quedarse en Nueva York, no lo harían.
—Bien, no importa. He dicho que nos marchamos ahora, o tan pronto como podamos disponerlo todo. En la ciudad, Gloria encontrará suficientes cosas interesantes y suficientes amigos para reanimarse y olvidar a aquella máquina.
—Oh, Señor —se quejó la mitad más débil—, esas calzadas ardientes.
—Tenemos que hacerlo —fue la impertérrita respuesta—. Gloria ha adelgazado dos kilos en el último mes y la salud de mi niñita es más importante que tu comodidad.
—Es una lástima que no pensases en la salud de tu niñita antes de privarla de su robot de compañía —murmuró él... para sus adentros.
Gloria dio inmediatos signos de mejora cuando se enteró del inminente viaje a la ciudad. Hablaba poco de ello, pero cuando lo hacía era siempre con viva ilusión. Empezó a sonreír de nuevo y a comer casi con su apetito anterior.
La señora Weston se felicitó por esta alegría y no perdió oportunidad de mostrarse triunfal con su todavía escéptico marido.
—Ya lo ves, George, ayuda a hacer el equipaje como un angelito y parlotea como si no tuviese una sola inquietud en el mundo. Es exactamente lo que yo te había dicho... todo lo que necesitamos es sustituir el interés.
—Mmmm —fue la escéptica respuesta—. Eso espero.
Los preliminares tuvieron lugar rápidamente. Se hicieron los arreglos oportunos para la preparación del piso de la ciudad y fue contratada una pareja para ocuparse de la casa de campo. Cuando por fin llegó el día del viaje, Gloria era completamente la de antes y por sus labios no pasó mención alguna sobre Robbie.
La familia, de muy buen humor, cogió un girotaxi para dirigirse al aeropuerto (Weston habría preferido utilizar su giro privado, pero era de dos plazas sin sitio para el equipaje) y se subieron al avión que estaba esperando.
—Ven, Gloria —llamó la señora Weston—. Te he guardado un asiento junto a la ventanilla para que puedas contemplar el paisaje.
Gloria recorrió el pasillo alegremente, aplastó la nariz contra un óvalo blanco junto al grueso cristal transparente y se puso a observar con una atención creciente mientras la repentina tos del motor empezaba a zumbar detrás en el interior. Era demasiado pequeña para asustarse cuando el suelo desapareció como si hubiese pasado por una escotilla y ella de repente dobló su peso habitual, pero no demasiado pequeña para estar muy interesada. No fue hasta que la tierra se convirtió en un diminuto mosaico acolchado que apartó la nariz y se volvió de nuevo hacia su madre.
—¿Llegaremos pronto a la ciudad, mamá? —preguntó, mientras se frotaba la helada nariz y miraba con interés cómo la mancha de humedad que había dejado su respiración en el vidrio se reducía lentamente y desaparecía.
—Dentro de aproximadamente media hora, querida —y añadió sin el mínimo rastro de ansiedad—: ¿Estás contenta de que vayamos? ¿Verdad que estarás encantada en la ciudad con todos los edificios, la gente y cosas para ver? Iremos al visivox cada día, a espectáculos, al circo, a la playa y...
—Sí, mamá —fue la contestación poco entusiasta de Gloria.
El avión pasaba por un banco de nubes en aquel momento y la atención de Gloria fue absorbida por el espectáculo insólito de las nubes por debajo de ella. Luego volvieron al cielo claro y ella se dirigió a su madre con un repentino aire misterioso de secreto conocimiento.
—Yo sé por qué vamos a la ciudad, mamá.
—¿Lo sabes? —la señora Weston estaba perpleja—. ¿Por qué, querida?
—No me lo habéis dicho porque queríais darme una sorpresa, pero yo lo sé. —Por un momento, se perdió en la admiración de su aguda penetración y luego se rió alegremente—. Vamos a Nueva York para poder encontrar a Robbie, ¿verdad? Con detectives.
Esta declaración cogió a George mientras estaba bebiendo un vaso de agua, con resultados desastrosos. Se produjo una especie de grito ahogado, un géiser de agua y a continuación un exceso de tos asfixiante. Cuando todo hubo pasado, era una persona empapada de agua, con la cara roja y muy, muy contrariada.
La señora Weston guardó la compostura, pero cuando Gloria repitió la pregunta con un tono de voz más ansioso, su estado de ánimo se deterioró bastante.
—Tal vez —contestó, secamente—. Y ahora siéntate y estate tranquila, por amor de Dios.
Nueva York City del 1988 d. de C., era un paraíso para el visitante, más que nunca en su historia. Los padres de Gloria se percataron de ello y le sacaron el mejor partido.
Por órdenes directas de su mujer, George Weston se había organizado para que su negocio prescindiese de él por espacio de aproximadamente un mes, a fin de estar libre para dedicar el tiempo a lo que él llamó «alejar a Gloria del borde de la ruina». Como todo lo que hacía Weston, esto se desarrolló de forma eficiente, concienzuda y práctica. Antes de que hubiese transcurrido el mes, nada de lo que se podía hacer había sido omitido.
La llevaron a la cima del Roosevelt Building, de media milla de altura, para observar con temor reverencial el panorama mellado de los tejados que se mezclaban a lo lejos en los campos de Long Island y la tierra plana de Nueva Jersey. Visitaron los zoos donde Gloria contempló con regocijado temor el «león vivo» (bastante decepcionada por el hecho de que los guardianes los alimentasen con carne cruda, en lugar de con seres humanos, como ella había esperado), y pidió de forma insistente y perentoria ver a «la ballena».
Los distintos museos fueron blanco de la atención por todos compartida, junto con los parques, las playas y el acuario.
La llevaron a una excursión que ascendía medio curso del Hudson con un vapor equipado en la forma arcaica de los locos años veinte. Viajó a la estratosfera en un viaje de exhibición, donde el cielo se volvía de un púrpura intenso, surgían las estrellas y la nebulosa tierra bajo ella parecía un enorme recipiente cóncavo. La llevaron en un barco submarino de paredes de cristal bajo las aguas del canal de Long Island, donde en un mundo verde y oscilante, unas cosas acuáticas pintorescas y curiosas se la comían con los ojos y se alejaban contoneándose.
En un nivel más prosaico, la señora Weston la llevó a los grandes almacenes donde pudo deleitarse en otro estilo de país de ensueño.
De hecho, cuando el mes había casi transcurrido, los Weston estaban convencidos de que se había hecho todo lo concebible para apartar al ausente Robbie de una vez por todas de la mente de Gloria, pero no estaban completamente seguros de haberlo conseguido.
Quedaba el hecho de que allí donde fuese Gloría, mostraba el más absorto y concentrado interés por los robots que pudiesen estar presentes. Por muy excitante que fuese el espectáculo que se desarrollaba delante de ella, o por muy nuevo que fuese para sus ojos infantiles, se volvía instantáneamente si por el rabillo del ojo vislumbraba un movimiento metálico.
La señora Weston se desviaba de su camino para mantener a Gloria alejada de todos los robots.
Y el asunto alcanzó su cima de intensidad con el episodio del Museo de Ciencia e Industria. El museo había anunciado un «programa especial para niños» donde tenía lugar una exhibición de magia científica a escala de la mentalidad infantil. Los Weston, por supuesto, lo clasificaron en su lista como «rotundamente sí».
Estaban los Weston completamente absortos en las hazañas de un potente electroimán cuando la señora Weston de pronto se dio cuenta de que Gloria ya no estaba con ella. El pánico inicial se transformó en decisión tranquila y, después de haberse procurado la ayuda de tres empleados, se inició una búsqueda concienzuda.
Sin embargo, no era propio de Gloria vagar a la buena de Dios. Para su edad, era una niña insólitamente resuelta y decidida, en esto tenía todos los genes maternos. Había visto un enorme rótulo en la tercera planta, que decía: «Por aquí al Robot Hablador». Después de haberlo leído para sus adentros y haber advertido que sus padres no parecían tomar la dirección adecuada, hizo lo obvio. Esperó un momento oportuno de distracción de los padres, se apartó sin ruido y siguió el rótulo.
El Robot Hablador era un tour de force, un aparato carente de todo sentido práctico, que tenía sólo un valor publicitario. Una vez cada hora, un grupo escoltado se colocaba delante y, con prudentes susurros, hacia preguntas al ingeniero al cargo del robot. Aquellas que el ingeniero decidía eran adecuadas para los circuitos del robot, eran transmitidas al Robot Hablador.
Era bastante aburrido. Podía ser bonito saber que el cuadrado de catorce es ciento noventa y seis, que la temperatura en este momento es de 72 grados Fahrenheit y la presión atmosférica de 30,02 pulgadas de mercurio, que el peso atómico del sodio es 23, pero realmente uno no necesita un robot para esto. En particular, uno no necesita una masa pesada y totalmente inmóvil de alambres y bobinas que ocupan más de veinte metros cuadrados.
Poca gente tenía interés en volver para una segunda sesión, pero había una niña de unos dieciséis años sentada muy tranquila en un banco esperando una tercera. Era la única persona en la estancia cuando entró Gloria.
Gloria no la miró. En aquel momento, para ella, otro ser humano no era más que una cosa insignificante. Reservó su atención para aquella enorme cosa con ruedas. Titubeó un instante consternada. No se parecía a ningún robot que hubiese visto jamás.
Cautelosa e insegura, alzó su trémula voz.
—Por favor, señor Robot, señor, ¿es usted el Robot Hablador, señor?
No estaba segura, pero le parecía que un robot que efectivamente hablase merecía mucha cortesía.(Una mirada de intensa concentración cruzó el fino y sencillo rostro de la adolescente. Sacó un bloc de notas y empezó a escribir con rápidas manos). Se produjo un bien engrasado zumbido de mecanismos, y una voz con timbre metálico resonó en unas palabras carentes de acento y entonación.
—Yo... soy... el... robot... que... habla... —Gloría se lo quedó mirando tristemente. Podía hablar, pero el sonido parecía provenir del interior de cualquier parte. No existía un rostro al que hablarle.
Ella dijo:
—Necesito ayuda.
El Robot parlante estaba diseñado para responder preguntas, pero sólo para aquellas preguntas que pudiera responder. Estaba muy confiado de su habilidad, y por lo tanto dijo:
—Puedo... ayudarle...
—Gracias, señor Robot, señor. ¿Ha visto a Robbie?
—¿Quién... es... Robbie?
—Es un robot, señor Robot, señor.
Se puso de puntillas.
—Es muy alto, señor Robot, señor, muy alto, y muy agradable. Verá, tiene una cabeza. Me refiero a que usted no la tiene, pero él sí, señor Robot, señor.
El Robot parlante había quedado desconcertado.
—¿Un... robot?
—Sí, señor Robot, señor. Un robot como usted, excepto que no puede hablar, naturalmente y... se parece a una persona auténtica.
—¿Un... robot... como... yo?
—Sí, señor Robot, señor.
La única respuesta a esto, por parte del Robot parlante, fue un errático balbuceo y algún sonido incoherente ocasional. La generalización radical ofrecida, respecto de su existencia, no como un objeto particular, sino como miembro de un grupo general, resultó demasiado para él. Lealmente, trató de abarcar el concepto y se quemaron media docena de bobinas. Empezaron a sonar pequeñas señales de alarma.(En aquel momento, la chica, que aún no había pasado la adolescencia, se marchó. Tenía ya bastante para su primer articulo de Física-1, sobre el tema de «Aspectos prácticos de la Robótica». Este articulo era uno de los primeros que escribiría Susan Calvin referentes a aquel tema). Gloria había aguardado, con una impaciencia cuidadosamente reprimida, la respuesta de la máquina, cuando escuchó el grito detrás de ella de «Allí está», y reconoció aquel grito como perteneciente a su madre.
—¿Qué estás haciendo aquí, niña mala? —le gritó la señora Weston, cuya ansiedad se estaba disolviendo al instante en cólera—. ¿No sabes que has asustado casi a muerte a tu mamá y a tu papá? ¿Por qué te escapaste?
El ingeniero en robótica también había entrado allí atropelladamente, mesándose los cabellos y preguntando quién de todas aquellas personas congregadas había estado estropeando la máquina.
—¿No han visto los letreros? —aulló—. No se les permite estar aquí sin ir acompañados.
Gloria alzó la voz por encima del jaleo:
—Yo sólo he venido a ver al Robot parlante, mamá. Creía que podría saber dónde estaba Robbie, porque los dos son Robots.
Y luego, ante el pensamiento de que, de repente, Robbie estuviese junto a ella, estalló en un repentino acceso de llanto.
—Y tengo que encontrar a Robbie, mamá. Tengo que encontrarle.
La señora Weston reprimió un grito y dijo:
—Oh, Dios mío. Vamos a casa, George. Esto es más de lo que puedo soportar.
Aquella tarde, George Weston estuvo fuera durante varias horas y, a la mañana siguiente, se acercó a su mujer con algo que se parecía mucho a una pagada complacencia.
—He tenido una idea, Grace.
—¿Acerca de qué? —fue la lúgubre pregunta carente de todo interés.
—Acerca de Gloria.
—¿No estarás sugiriendo devolverle el robot?
—No, naturalmente que no.
—Entonces, adelante. Estoy dispuesta a escucharte. Nada de lo que he hecho parece haber servido para nada.
—Muy bien. Esto es lo que he pensado. Debí haberte escuchado. Todo el problema con Gloria es que cree que Robbie es una persona y no una máquina. Naturalmente, no puede olvidarlo. Pero si conseguimos convencerla de que Robbie no era más que una amasijo de acero y de cobre en forma de láminas y cables provistos de electricidad como su jugo vital, ¿cuánto tiempo crees que aún lo añorará? Se trata de una especie de ataque psicológico, si comprendes mi punto de vista.
—¿Y cómo planeas hacerlo?
—Muy fácilmente. ¿Dónde crees que estuve anoche? Persuadí a Robertson, de «U.S. Robots and Mechanical Men Corporation», para que prepare una visita completa a sus instalaciones para mañana por la mañana. Iremos los tres, y cuando hayamos acabado, Gloria estará por completo convencida de que un robot no es una cosa viva.
Los ojos de la señora Weston se fueron abriendo de par en par y algo que se parecía mucho a una repentina admiración, brilló en sus ojos.
—Sí, George, es una buena idea.
Y los botones del chaleco de George Weston se tensaron.
—No tiene importancia —dijo.
El señor Struthers era un concienzudo director general y tenía una inclinación natural a la locuacidad. De esta combinación, resultó por consiguiente todo ampliamente explicado, quizás incluso explicado en sobremanera, en cada uno de los diferentes pasos. Sin embargo, la señora Weston no se aburría. De hecho, lo interrumpió varias veces y le rogó que repitiese sus explicaciones en un lenguaje más simple a fin de que Gloria pudiese comprenderlas. Bajo la influencia de esta apreciación de sus poderes narrativos, el señor Struthers se extendió de forma genial y, si ello era posible, se volvió todavía más comunicativo.
George Weston, por su parte, tuvo un rapto de impaciencia.
—Discúlpame, Struthers —dijo, interrumpiendo en medio de un discurso sobre la célula fotoeléctrica—. ¿No tenéis en la fábrica una sección donde sólo se utilizan robots como mano de obra?
—¿Eh? ¡Oh, si! ¡Sí, claro! —dijo el director general, y sonrió a la señora Weston—. En cierto sentido un circulo vicioso, robots que crean otros robots. Por supuesto, no hacemos de ello una práctica general. Por un motivo, los sindicatos nunca nos lo permitirían. Pero podemos fabricar unos pocos robots utilizando exclusivamente robots como mano de obra, sólo como una especie de experimento científico. ¿Sabéis? —y golpeó contra una palma de la mano sus quevedos como para dar más énfasis a su discurso—. Lo que los sindicatos obreros no comprenden, y debo decir que yo soy un hombre que siempre ha simpatizado mucho con el movimiento obrero en general, es que la implantación de los robots, aunque implique cierta confusión al inicio, será inevitable...
—Sí, Struthers —interrumpió Weston—, pero con respecto a esta sección de la fábrica de la que hablas, ¿podemos verla? Estoy seguro de que sería muy interesante.
—¡Sí! ¡Sí, por supuesto! —El señor Struthers volvió a ponerse los quevedos con un movimiento convulsivo y dejó escapar una ligera tos de desconcierto—. Seguidme, por favor.
Estuvo relativamente callado mientras los precedía a través de un largo pasillo y un tramo de escalera. A continuación, cuando hubieron entrado en una gran sala bien iluminada que zumbaba de actividad metálica, se abrieron las compuertas y el flujo de explicación brotó de nuevo.
—¡Ya estáis aquí! —dijo con orgullo en la voz—. ¡Solo robots! Hay cinco supervisores que ni siquiera están en esta habitación. En cinco años, esto es desde que empezó este proyecto, no se ha producido ni un solo accidente. Claro que los robots aquí reunidos son relativamente simples, pero...
En los oídos de Gloria la voz del director general se había desvanecido hacía rato para convertirse en un murmullo adormecedor. Toda la excursión le parecía bastante aburrida y sin sentido, aunque había muchos robots a la vista. Pero ninguno era remotamente como Robbie, y los examinaba con abierto desprecio.
Se percató de que en aquella habitación no había ninguna persona. Luego su mirada se fijó en seis o siete robots que trabajaban acoplados a una mesa redonda situada en el centro de la sala. Era una habitación grande. No podía estar segura, pero uno de los robots se parecía... se parecía... ¡Lo era!
—¡Robbie!
Su grito atravesó el aire y uno de los robots de la mesa titubeó y dejó caer la herramienta que tenía sujeta. Gloria casi enloqueció por la alegría. Abriéndose paso a lo largo de la barandilla antes de que ninguno de los padres pudiese detenerla, saltó ágilmente al suelo unos metros mas abajo, y corrió hacia su Robbie, con los brazos al aire y el pelo ondeando.
Y los tres horrorizados adultos, mientras permanecían petrificados en el pasillo, vieron lo que la excitada niña no vio: un enorme y pesado tractor avanzando ciega y majestuosamente en su marcada trayectoria.
Weston necesitó un segundo para reaccionar y el paso de los segundos lo significaba todo porque Gloria no podía ser alcanzada a tiempo. Si bien Weston saltó sobre la barandilla en un salvaje intento, era obviamente inútil. El señor Struthers indicó violentamente a los supervisores que parasen el tractor, pero estos eran sólo humanos e hizo falta tiempo para actuar.
Sólo Robbie actuó inmediatamente y con precisión.
Con las piernas de metal se tragó el espacio entre él y su pequeña ama sobre la que se precipitó desde la dirección contraria. A partir de ahí todo sucedió de golpe. De una brazada Robbie asió a Gloria, sin aflojar su velocidad ni un ápice y, por consiguiente, dejándola sin respiración. Weston, sin comprender todo aquello que estaba pasando, presintió, más que vio, cómo Robbie lo pasaba rozando y se paraba de forma súbita. El tractor cruzó la trayectoria de Gloria medio segundo después de haberlo hecho Robbie, rodó todavía tres metros y llevó a cabo una parada rechinante y larga.
Gloria recobró el aliento, soportó una serie de apasionados abrazos por parte de sus padres y se volvió ilusionada hacia Robbie. Por lo que a ella respectaba, no había ocurrido nada, salvo que había encontrado a su amigo.
Pero la expresión de alivio de la señora Weston se había transformado en oscura sospecha. Se volvió a su marido, y a pesar de su despeinado e indecoroso aspecto, consiguió una actitud bastante imponente.
—Tú has tramado esto, ¿lo has hecho, verdad?
George Weston se enjugó la acalorada frente con el pañuelo. Su mano era poco firme y sus labios apenas podían curvarse en una sonrisa trémula y sumamente débil.
La señora Weston siguió con sus elucubraciones:
—Robbie no fue proyectado para ingeniería o trabajo de construcción. A ellos no les servía. Lo has puesto aquí deliberadamente para que Gloria pudiese encontrarlo. Sabes que lo has hecho.
—Bien, lo he hecho —dijo Weston—. Pero, Grace, ¿cómo iba yo a saber que el encuentro sería tan violento? Y Robbie le ha salvado la vida; tendrás que admitirlo. No puedes alejarlo de nuevo.
Grace Weston lo consideró. Se volvió hacia Gloria y Robbie y por un momento los vio de forma abstracta. Gloria se había aferrado al cuello del robot de un modo que habría asfixiado a cualquier criatura que no fuese de metal, y lo palmeaba desatinadamente con un frenesí medio histérico. Los brazos de acerocromo de Robbie (capaces de doblar una barra de acero de dos pulgadas de diámetro hasta convertirla en una galleta) rodeaban a la niña cariñosa y amorosamente, y sus ojos brillaban con un rojo intenso, intenso.
—Bien —dijo la señora Weston, por último—. Supongo que puede quedarse con nosotros hasta que se oxide.
FIN